“¡Sólo porque te está llevando la chingada, si no, te ibas al carajo! --le espetó enchilada la señora a su marido que se encontraba grave en la cama de un hospital, que mensajeaba por el celular que escondía bajo las sábanas.
Él tiene trabajo pero no gana lo suficiente para mantener a la familia. Ella se dedica a labores del hogar, se ayuda al vender lo que puede en abonos y tiene su dinero guardado para las emergencias. De hecho, gracias a ella se pudo solventar la urgencia de su marido a quien le encontraron agua en los pulmones. Y ella, ahí, sentada en su silla aguantando cansancio y desvelos, y cuando salía al baño, el otro, grave, ‘juatsapeaba’.
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Médicos y enfermeras entraban y salían. En cualquier momento, si no respondía al tratamiento aplicado, lo tendrían que intervenir de emergencia.
La mujer entre angustiada y enojada estaba atenta a todo lo que sucedía en ese cuarto: desde médicos, enfermeras y marido. No se le iba detalle alguno, y el marido se hacía el dormido cuando se quedaban solos. Pero en una de esas, en verdad se quedó dormido por los medicamentos que le aplicaron, y la otra, más lista, le sacó el celular de entre las sábanas. Abrió la aplicación del ‘whatsapp’, y leyó:
--¡Te voy a cuidar! Puedo y quiero estar contigo.
El otro contestó:
--Si ‘mija pero no puedes venir. Mi mamá me está cuidando y no es el momento.
La esposa se requete-emputó, y balbuceó: “¡Ahora soy la mamá de este cabrón!”
No le dijo nada delante de los médicos que entraron por enésima vez. Ella ya no sabía si estaba grave de veras grave o se hacía. Los resultados de los análisis señalaban agua en ambos pulmones. Cuando salieron los médicos, fue cuando le dijo eso de que sólo porque se lo estaba llevando la chingada no lo mandaba al carajo. Y el otro se hizo que no oyó.
¿De qué estaba hecho su marido que hasta en su gravedad y al filo de la muerte, tenía ganas de chacotear? A ella la había enamorado su cinismo. Y genio y figura…
El hombre salió adelante con el tratamiento, no hubo necesidad de cirugía. Después de ese evento, se fue con una mujer ‘de la mala vida’ ¡por un año!, para después regresar con su esposa. En el colmo del cinismo, un día en la plática, dijo: “¿¡Si o no!? A uno lo tienen que salvar de esas cosas”.
Genio y figura…
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