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OPINIÓN

El acto humano es valor

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Guadalupe Barradas Guevara

Doctora en Educación y  Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla, y Especialista en la Enseñanza de Educación Moral y Ética por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, docente de licenciatura y postgrado. Ha sido investigadora, en concordancia, de la UIA y la REDUVAL.  Autora y coautora de artículos indexados: “El maestro es un agente moral”; “Calidad educativa: Mito o Realidad”; “Valores Profesionales en la Formación Universitaria”, entre otros.

Miércoles, Octubre 7, 2015

Este artículo no pretende ser un tratado de política, así como tampoco un formulario que resuelva los problemas de la convivencia humana, y mucho menos una llamada para combatir la violencia visible. Es sólo una reflexión sobre la vida humana, entendida como valor y como derecho fundamental que todas las personas tenemos de existir con dignidad en esta tierra y bajo este cielo común.

Entonces, ¿por qué cada vez que vemos las noticias vemos más acciones de crueldad, de corrupción, de desaparecidos, muertos y de abuso?, ¿por qué la educación en México fracasa en muchas ocasiones siendo un país con tantas escuelas o con una gran población de personas religiosas que supuestamente tienen valores?, y, nuestras autoridades ante la observación constante de los hechos y de sus actos, ¿qué explicación nos pueden dar?, ¿acaso carecemos o confundimos la definición del concepto valor?, ¿qué entendemos por valor?

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Si nosotros nos rigiéramos por nuestro sentido común y sólo con el significado que nos da un simple diccionario, sin realizar una introspección más allá de lo evidente,  estaríamos de acuerdo que: “los valores son algo que valen, algo que es importante para una persona”.  De esta forma podríamos inferir que el dinero o el placer son valores, sin embargo, sería una conclusión errónea. Ante esto Latapí (2001), nos dice:

El valor no es un término unívoco que se pueda definir fácilmente; sus significados deben puntualizarse desde diversas disciplinas como la filosofía, la antropología cultural, la psicología, la sociología y la pedagogía. (...) Por valor se entiende un juicio apreciativo que acompaña o prepara los comportamientos (...), es el sentido de “motivo” de la acción, subrayando en este caso la carga emocional que acompaña al juicio y por la cual éste pasa a ser una “convicción”: es una predisposición afectiva favorable a un determinado bien, y en esta acepción se incluyen también las “actitudes” favorables hacia ese bien. (...) Es una aspiración o deseo de obtener o de realizar un bien determinado. (...) Es un ideal de vida.

Después de haber leído lo anterior, la interrogante metodológica sería la siguiente: ¿el acto humano impregnado de valor en que mundo debe existir? ¿Los valores sólo le pertenecen a los hombres virtuosos? ¿Los valores deben ser considerados como sólo una noción trascendental? O por el contrario, ¿debemos hablar de valores porque están de moda?

Al hacerme estos cuestionamientos recuerdo a Aristóteles, y aunque él no habló de valores, si hizo una exposición acerca de la virtud, presuponiendo la existencia de hombres virtuosos, cuando dice:

(…) Las acciones, pues, se llaman justas y temperadas cuando son tales que las haría un hombre justo y temperado: pero no es el hombre que hace estas acciones el que es justo y temperado, sino el hombre que las hace también cómo las hacen los hombres justos y temperados.

De donde la virtud puede ser vista como un hábito, una cualidad que en gran medida depende de nuestra voluntad y consiste en un medio que permite la relación de nosotros mismos con un principio racional en la forma en que lo determinaría un hombre verdaderamente virtuoso, es decir consciente y responsable para con los demás.

En cuanto a la pregunta de que si los valores son sólo nociones trascendentales, podríamos decir que si, ya que de acuerdo a Lonergan (2001), las nociones transcendentales no solamente conducen al sujeto a la plena conciencia, y lo dirigen hacia sus propios objetivos, sino que lo proveen de criterios que le permiten conocer si está alcanzando dichos objetivos. El deseo de comprender se satisface cuando se llega a la comprensión, pero queda insatisfecho con cualquier comprensión incompleta, y así es fuente de cuestiones ulteriores. El deseo de la verdad impulsa a la racionalidad a dar su asentimiento cuando la evidencia es suficiente, pero rehúsa dicho asentimiento y presenta dudas cuando la evidencia es insuficiente. El deseo de valor recompensa con una consciencia feliz a quien logra auto-trascender, y entristece con una consciencia infeliz a quien no lo hace.

Y, tratando de responder el último cuestionamiento, la respuesta es ¡No!, como dice Adela Cortina (2000):

Hablar de valores no es un tema de moda, es de actualidad. (...) los valores son componentes tan inevitables del mundo humano que resulta imposible imaginar una vida sin ellos. (...). Los valores valen realmente, por eso nos atraen y nos complacen, no son pura creación subjetiva (...). Los valores son cualidades que nos permiten acondicionar al mundo, hacerlo habitable (...) Un valor no es un objeto, no es una cosa, no es una persona, sino que está en la cosa (un hermosos paisaje), en la persona (una persona solidaria), en una sociedad (una sociedad respetuosa), en un sistema (un sistema económico justo), en las acciones (una acción buena)”.

Querido lector, después de las anotaciones realizadas podríamos inferir que si los actos humanos son valores, entonces el hombre construye su mundo desde su ideal de vida. Pero si ese ideal está desarrollado a través de una educación insipiente, proclamada por un sistema corrupto, injusto y en muchas ocasiones violento e inseguro, difícilmente el desarrollo de hombre virtuoso podrá llevarse a cabo.

Quiero recordarles que aunque en nuestras vidas tengamos hechos valiosos, los valores no son hechos. Como dice Rugarcía:  

Los valores siempre acompañan o preparan los comportamientos y juicios de las personas que enuncian por lo que es verdaderamente bueno y mejor, como en la bondad, en la honestidad, en la solidaridad, en la fortaleza, en la alegría, en el amor, en la confianza, en la humildad, en la justicia y en el amor por la vida.

En conclusión, los valores deben estar dentro de nuestro ideal de vida, porque la vida de cada persona indican proyectos y caminos que deberían ser practicables en nuestras vidas, tratándonos de hacernos virtuosos, entendidos éstos como la plenificación de la bondad potencial que hay en todos nosotros, convirtiéndonos en hombres o mujeres prudentes, discretos, sagaces, o como diría Díaz (2003): cuerdos y sabios, valerosos, moderados, íntegros, felices, dignos de aplauso, verdaderos…, es una sola frase: En un gran hombre en todo.

REFERENCIAS

Aristóteles. (2015). Ética a Nicómaco, II, III, 4; 1105b, 5-8. Recuperado de: http://www.filosofia.org/cla/ari/azc01040.htm

Barrio, M. J..Ma. (1977). Educación en valores: Una utopía realista. Algunas precisiones desde la Filosofía de la Educación. Revista española en Pedagogía. Universidad Complutense de Madrid. España.

Cortina, A. (2000). La educación y los Valores. Fundación Argentina, Biblioteca Nueva. España.

Díaz, C. (2003). Diez virtudes para vivir con humanidad. Sinergia. Madrid.

Latapi, S. P. (2001). La Moral regresa a la escuela. Una reflexión sobre la ética laica en la educación mexicana. Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de Estudios sobre la Universidad  y Plaza y Valdés y Editores. México.

Lonergan, B. (2001). Método en Teología. Verdad e Imagen. Ediciones Sígueme. Salamanca.

Rugarcia, T. A. (2001). Los Valores y las valoraciones en la educación. Editorial Trillas. México.

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