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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

A falta de pan, circo es bueno…

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Miércoles, Septiembre 16, 2015

Hace 10 años, como resultado de la ofuscación y sectarismo de los legisladores democráticos, le fue negado el acceso a la Cámara de Diputados al Presidente de la República para evitar que rindiera su informe anual de labores en el recinto que para ese fin señala el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Como todavía continúa vigente esa absurda e ilegal disposición, de repudio y rechazo a la figura presidencial, desde entonces ningún mandatario se ha atrevido a poner pie en la sede del poder Legislativo.

Esa democrática y revolucionaria ordenanza ha servido para que los presidentes Fox, Calderón y Peña, que no han demostrado tener vocación por la rendición de cuentas,  se ahorren la molestia de informar a la Nación, del tenaz trabajo por ellos realizado anualmente, y de evitar molestos empujones y ridículas tomas de tribuna, así como de escuchar improperios y rechiflas, ante la mirada impávida de los diplomáticos y de las mal nombradas primeras damas en turno, que solían ser los invitados especiales de cada jefe de Estado. 

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Cuando los astros del sistema planetario brillaban a favor de la figura del presidente Peña Nieto y éste se perfilaba vigorosamente como el segundo reformador de México (el primero fue su antecesor Benito Juárez con las leyes de Reforma) después de meter en el corral del PRI, a los líderes del PAN y PRD para lograr que firmaran el Pacto por México, el atlacomulquense perdió la oportunidad de pasar a la Historia Política de México como el Presidente de la República  que restableció la vieja costumbre de obligar al H. Cuerpo Legislativo de los Estados Unidos Mexicanos a escuchar, en masa y de viva voz de los titulares del poder Ejecutivo Federal, los mensajes que sintetizaban los impresentables, aburridos e incrédulos informes presidenciales.

Lo único que debió hacer Peña para que los presidentes mexicanos volvieran a entrar al recinto legislativo, era meter en el paquete de las llamadas reformas estructurales que presentó al poder Legislativo, fue presentar otra reforma que introdujera, en el artículo 69 constitucional, de manera precisa, específica y clara la obligación del Presidente de la República de asistir personalmente –y en persona, diría vehementemente el celebérrimo y rupestre Vicente Fox– al primer período de sesiones del Congreso de la Unión para dar lectura inexcusablemente a su informe anual de labores y la obligación correlativa de los legisladores de escuchar íntegramente la perorata presidencial.

No lo hizo y dejó pasar la oportunidad histórica de trascender.

En cambio, el 2 de septiembre, en pleno Palacio Nacional, que fue habitado hasta su fallecimiento por el rey azteca Moctezuma Xocoyotzin, hace la friolera de cinco centurias y ahora es sede oficial del poder Ejecutivo Federal, el presidente Enrique Peña Nieto implementó un espectacular show –al clásico estilo de los Big Brother de Televisa– donde indiscutiblemente él fue el principal y único actor. Show que de haberse visto en Las Vegas, debió provocar, sin duda alguna, la envidia de los mánagers del espectáculo de esa turística ciudad estadounidense.

Con el propósito de difundir su tradicional mensaje, el presidente Peña armó un fastuoso espectáculo que sirvió de marco a su largo monólogo de 2 horas de duración. Hizo esto, seguramente por encontrarse aún bajos los influjos de la impresión que le causó el majestuoso recibimiento que la Reina Isabel II de Inglaterra le hizo a él y su numerosa prole (la propia y la postiza), en el Palacio Real de Buckingham, en ocasión de su visita de Estado al Reino Unido de Gran Bretaña. Éste trató de replicar, ese, para él, inolvidable e irrepetible acontecimiento, en el mexicano Palacio Nacional, aunque, desde luego, sin reyes, ni los lujosos carruajes donde se traslada la realeza inglesa en las ceremonias especiales.

Las cámaras de televisión captaron a Peña Nieto en el momento que salió del despacho presidencial y caminó, estudiada y pausadamente, entre una valla de apuestos y gallardos cadetes del Colegio Militar, que, vistiendo sus elegantes uniformes de gala, lo vieron pasar ante ellos como si estuvieran participando en una ceremonia oficial.

Antes de abandonar el salón de recepciones, Peña saludó a la bandera nacional y descendió, también en medio de la valla de cadetes, hasta el patio principal del Palacio Nacional. Sitio donde fue recibido con aplausos que le prodigaron mil 500 invitados afines a él, entre los que se encontraban Juan Armando Hinojosa Cantú, dueño del Grupo Higa  y José Andrés de Oteyza de la empresa OHL.

Ambas empresas involucradas en casos de corrupción. La primera, es decir el Grupo Higa, tuvo que ver en el escándalo de las casas de la esposa del presidente Peña Nieto y de su secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Al invitar a Hinojosa Cantú a su show, Peña Nieto está demostrando que en los casos de corrupción que han ocurrido al interior de su gobierno, todavía no entiende que continúa sin entender el daño que eso le ha causado a la imagen presidencial.

Situado frente a los micrófonos conectados en cadena nacional y asumiendo una pose actoral bien estudiada (como si fuera galán de telenovela), con fingida solemnidad, se dirigió a sus huéspedes, entre los que se encontraban diplomáticos extranjeros, dirigentes empresariales, militares, rectores de universidades, representantes religiosos, deportistas, actores de teatro y televisión y los presidentes de las cámaras de Diputados y Senadores y como si estuviera ante el Congreso de la Unión y no en un patio, les dijo que:

“El último año, ha sido difícil para México. Nuestro país (advirtió) se vio profundamente lastimado por una serie de casos y sucesos lamentables. Los hechos ocurridos en Iguala o la fuga de un penal de alta seguridad, nos recuerdan situaciones de violencia, crimen o debilidad del Estado de Derecho.”

Admitió que los “Señalamientos de conflictos de interés –que incluso involucraron al Titular del Ejecutivo–; así como denuncias de corrupción en los órdenes municipal, estatal y federal –y en algunos casos en el ámbito privado–, han generado molestia e indignación en la sociedad mexicana.”

El Presidente de la República manifestó que “Estas situaciones, son muy distintas entre sí, pero todas lastiman el ánimo de los mexicanos y la confianza en las instituciones.”

Sin embargo, no entró en mayores detalles. Eludió examinar con amplitud la causa y efecto de cada uno de esos temas y las medidas que su gobierno debe aplicar para evitar que se repitan en el futuro. También faltó establecer su compromiso de señalar, sancionar, perentoria y jurídicamente, a cada uno de quienes cometieron las irregularidades señaladas. A las que habría que agregar los casos de Tlatlaya y Tanhuato, entre otros.

Los temas de la fallida licitación del Tren de Alta Velocidad México-Querétaro y de OHL que tienen que ver con actos de corrupción gubernamental, fueron evadidos por Peña Nieto.

En el capítulo de los 5 ejes de su gobierno que el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, dio a conocer: México en paz, México incluyente, México con educación de calidad, México próspero y México con responsabilidad global. Faltaron dos de importancia superlativa: México sin corrupción y México sin impunidad.  

Al referirse a los temas de la economía, el turismo, los programas sociales, la pobreza, el desarrollo de la mujer, la salud, la vivienda y la educación Peña dio a conocer  cuantiosas y numerosas cifras de cuya credibilidad se duda porque no existen elementos para contrastarlas y saber si son verdaderas o ficticias.

La autocomplacencia, las generalizaciones y la falta de autocrítica, fueron elementos imprescindibles en el discurso presidencial.

Nada dijo de la necesidad de restablecer el averiado estado de Derecho en todos los ámbitos de la vida nacional. En cambio resaltó las supuestas bondades de las reformas estructurales.

El Presidente de la República, Peña Nieto, se dio tiempo para censurar enfáticamente al principal adversario que tendrá el PRI en las elecciones presidenciales de 2018, al advertir que el populismo es un enemigo que ronda en el mundo y amenaza destruir en un día lo que muchos países lograron construir en muchos años.

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