En este momento, es importante preguntar hasta qué punto hay una incidencia real de las reformas legislativas en las complejas realidades escolares.
Tal vez solo comprobaríamos lo que en algún momento escribiera Elsie Rockwell “es improbable que una ley por si sola le de orientación y calidad al desempeño docente”
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El debate legislativo obligado, y que no se realizó, era aquel en el que se tuviera la posibilidad de garantizar las mejores condiciones institucionales equitativas para que quienes están encargados de realizar la tarea formal en la educación (principalmente directores y profesores) y permitirles hacer mejor su trabajo.
Todas las implementaciones de las reformas, en especial de las educativas, han requerido tiempo, de tal manera que los cambios, no todos exitosos, han sido a corto, mediano y a largo plazo. Por desgracia, parece que esa experiencia recabada no ha sido tomada en cuenta.
No podemos reinventar la escuela, la docencia y la educación sin tomar en cuenta las lecciones de la Historia, hay tiempos y condiciones reales necesarias para mejorar la calidad educativa
El caso de la evaluación del desempeño docente, tiene muchas aristas en las que hay que reflexionar.
La investigación nos dice que en general, la profesión docente está reñida con la evaluación. Es paradójico que un profesor que es quien más realiza el ejercicio real de la evaluación, pueda rechazar de principio, ser evaluado (Tenti, 2011).Si esto se sabe desde hace tiempo ¿por qué no se fomentó antes un periodo de construcción y desarrollo de la cultura de la evaluación entre los docentes?
Existe consenso en la actualidad que el trabajo de los maestros es crucial para la calidad de los aprendizajes que alcancen los estudiantes, pero identificar a los maestros eficaces, distinguiéndolos de manera confiable de los que no lo son, sigue siendo una tarea compleja y no resuelta. (Martínez, 2013)
Aunque hay diferencias en puntos menores, el consenso actual de los especialistas es en el sentido de que en la práctica, dentro del contexto real de los sistemas educativos actuales, no es factible implementar un sistema confiable de evaluación de docentes basado en modelos de valor agregado ( como los que se han utilizado) porque presenta :
• Dificultad práctica para contar con bases de datos completas, en especial para seguir individualmente a los alumnos que cambian de escuela.
• Dificultad de principio para atribuir el avance de los alumnos en un grado a un solo maestro, dado que alumnos y/o maestros pueden cambiar, puede haber más de un maestro y que en los resultados de un grado cuenta la influencia de los maestros anteriores (Martínez,2013).
Hay caminos diferentes para evaluar a los maestros, lo que aporta reflexiones muy importantes en este tema.
En vez de contar con un sistema de inspectores (supervisores en México), se ha partido de la investigación sobre los maestros con el desarrollo de instrumentos estandarizados de obtención de información sobre la práctica docente.
Son tres los componentes básicos del sistema aplicado en general en Latinomérica: pruebas aplicadas a los maestros, protocolos de observación y análisis de evidencias del trabajo de los evaluados.
Todos ellos presentan una debilidad común: la dificultad de captar los aspectos más finos de la práctica docente, en particular cuando se trata de desarrollar competencias complejas y no solo de asegurar que los alumnos memoricen información o apliquen procedimientos de manera mecánica.
Por ello, la búsqueda de mejores formas de identificar al buen docente se establece en proyectos de investigación que atienden cuestiones cada vez más finas y diseños más complejos
El perfil del buen docente incluye, por una parte, ciertos rasgos personales Según trabajos de Rowan y Correnti (2009) y para tener información suficiente sobre las prácticas de un maestro, son necesarios reportes de unos 20 días al año.
¿Cómo lograrlo? Las TIC actuales pueden facilitar considerablemente el trabajo de los maestros para completar en línea diarios o bitácoras. Con una plataforma adecuada, esta forma de recabar la información permite enviarla con rapidez y hace innecesario que los investigadores deban luego capturarla, inclusive puede servir con fines de retroalimentación.
Se requiere además de la vinculación de expertos con los maestros después de analizar sus prácticas educativas, de una formación docente basada en trabajo colaborativo dentro de comunidades docentes para elevar el aprendizajes de los alumnos.
Tener un buen sistema de evaluación de los maestros puede contribuir a mejorar los resultados de los alumnos, pero no hay que olvidar que la evaluación por sí misma no produce mejora alguna, aunque sí puede aportar información sobre la situación prevaleciente y, en el mejor de los casos, sobre los obstáculos que se oponen a la calidad y los factores que pueden favorecerla.
También debería de promover capital social generando redes de identidad y confiabilidad así como tomar en cuenta la parte emocional y afectiva de la docencia
Tarea compleja, pero necesaria.
Referencia:
Martínez, F. (2013). Evaluación de los docentes, mejora profesional y de la evaluación. En OEI (2013). Miradas sobre la educación en Iberoamérica. Desarrollo profesional docente y mejora de la educación. pp. (225-274). Disponible en: http://www.oei.es/publicaciones/InformeMiradas2013.pdf