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OPINIÓN

SEP: Las lógicas diversas y la necesidad de cooperación

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 7, 2015

La semana pasada tratamos aquí el tema del relevo en la Secretaría de Educación Pública Federal desde la perspectiva de las limitaciones que tiene el responsable de la gestión del sistema educativo por las múltiples mediaciones burocráticas a las que están sujetas sus decisiones y la aceptación o rechazo que estas decisiones pueden generar en los profesores.

(http://www.e-consulta.com/opinion/2015-08-31/decisiones-mediaciones-y-retos)

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Veamos ahora el tema desde la perspectiva de las lógicas diversas entre el funcionario, el investigador y el crítico en el campo educativo, que señaló también Don Pablo Latapí en su conferencia en la Universidad Autónoma de Baja California, donde sintetizó el contenido de su libro: Andante con brío. Memoria de mis interacciones con los secretarios de Educación (1963–2006).

(http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982008000200011 )

Una crítica inmediata que ha surgido y se repite cada vez que se nombra un Secretario de Educación es que se trata de políticos y no de maestros o personas que tengan experiencia y conocimientos de la Educación. “¿Qué sabe de Educación esta persona?” “¿Cuándo ha pisado una aula e interactuado con alumnos?” Son preguntas que se repiten cada vez que toma posesión un nuevo secretario.

En este sentido Latapí plantea en la conferencia señalada que resulta indispensable entender que hay distintas lógicas desde las cuales se actúa en el sistema educativo si se quiere hacer un análisis realista y objetivo con el fin de aportar elementos para articular los esfuerzos en función del cambio educativo cada vez más urgente.

Estas tres lógicas son la del funcionario público, la del investigador educativo y la del periodista o crítico externo.

“…El funcionario de alto nivel, o político, tiene una mente pragmática. Tiene un ethos específico: valora prioritariamente la eficacia de sus acciones; sabe que se le va a juzgar por los resultados que obtenga…”mientras que el asesor que si es un asesor en serio es un investigador educativo o un intelectual experto en el área,  funciona en la lógica de su experiencia directa de los problemas educativos o del conocimiento generado por la investigación. De manera que “…Si un académico acepta ser asesor puede perseguir los propósitos siguientes: influir en las decisiones del político (en nuestro caso, para mejorar la educación), enriquecer su visión de los problemas, tener la oportunidad de aplicar sus conocimientos…” pero debe ser consciente de que su influencia será limitada y estará siempre sujeta a que la mentalidad pragmática del funcionario entienda y acepte la pertinencia de sus propuestas.

“Por otra parte, el funcionario está sujeto a muchas restricciones que actúan como camisa de fuerza sobre sus decisiones; está habituado a distinguir lo que quisiera hacer de lo que realistamente puede hacer…” de manera que, concluye Latapí, el asesor, el investigador educativo, el experto en Educación puede incidir desde su conocimiento directo de los problemas, de manera limitada y contando con que exista una coyuntura favorable en el escenario político nacional.

El planteamiento de Latapí puede extenderse a los docentes, de manera que podríamos hablar también de las lógicas y mentalidades distintas del funcionario y el profesor. Mientras el profesor está centrado en el aprendizaje de sus estudiantes y desarrolla su saber práctico desde la lógica didáctica o pedagógica, el funcionario tiene que pensar en términos globales y revisar estándares y políticas educativas nacionales e internacionales desde su visión de eficacia y las restricciones políticas que sujetan su actuación.

El análisis de estas lógicas diversas pueden ayudarnos a hacer un análisis más objetivo para responder a la pregunta: ¿Un buen docente sería un buen Secretario de Educación Pública? ¿Es indispensable ser profesor o haber estudiado Educación para ser un buen funcionario público en la SEP?

Parece que la respuesta no está en que se tenga que nombrar a un maestro como responsable de la política educativa nacional sino en que se nombre a un buen funcionario que sea capaz de rodearse de un buen equipo de asesores auténticos –intelectuales, académicos, investigadores expertos en Educación- y que pueda poner las condiciones para pasar de la operación aislada de cada uno de los actores del sistema educativo –docentes, directores, supervisores, funcionarios, padres de familia, estudiantes, investigadores- a una verdadera cooperación donde cada quien haga bien su parte del trabajo pero todos los trabajos estén adecuadamente articulados y alineados por objetivos comunes.

Las diferencias en las “lógicas” y en los habitus profesionales del político y del asesor –y podemos añadir, del docente- dice Latapí, pueden resultar benéficas si ambos las comprenden y aceptan, pero también pueden dar lugar a rupturas y desavenencias. Ojalá que en el caso del nuevo secretario se pueda avanzar, desde las distintas lógicas hacia un sistema educativo basado en la cooperación.

Las citas textuales están tomadas de: Latapí, P. (2008). ¿Pueden los investigadores influir en la política educativa? Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10 (1). Consultado el día de mes de año en: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-latapi2.html

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