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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Decisiones, mediaciones y retos

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Agosto 31, 2015

“Los secretarios de Educación pueden tomar sus decisiones, pero éstas serán mediadas por muchos funcionarios: burócratas altos, medios y bajos, supervisores, directores y maestros. Unos maestros las aceptarán, otros no…”

Pablo Latapí Sarre.

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El reciente relevo en la Secretaría de Educación Pública Federal con la llegada de Aurelio Nuño en sustitución de Emilio Chuayffet ha suscitado, naturalmente, opiniones diversas sobre lo que este cambio en la instancia del poder ejecutivo responsable de la conducción del sistema educativo nacional y por ello, de la generación de condiciones para formar a los nuevos ciudadanos que este país necesita. De ahí el nombre de “Ministerio del futuro” que Pablo Latapí usó para referirse a ella.

Vivimos en un país acostumbrado a una estructura piramidal, jerárquica y fuertemente centralizada en la que por décadas el sistema político funcionó a partir de la visión y decisiones de un solo hombre: el Presidente de la República. Es por ello que nuestra cultura ciudadana sigue generando expectativas demasiado altas ante cualquier cambio de dirigente en todos los niveles y ámbitos de la vida nacional.

La visión aún vigente espera que la persona que llega a ocupar el más alto cargo en cualquier nivel de gobierno, dependencia o empresa sea la que mágicamente opere los cambios para la mejora de todos los procesos y la solución de la totalidad de los problemas. El cambio en la SEP no es la excepción.

Una primera idea que es útil compartir en este espacio, es la que plantea Latapí en la frase que se pone como epígrafe. El Secretario de Educación Pública, puede tomar decisiones, pero estas decisiones estarán siempre mediadas por la estructura burocrática del sistema educativo en la que los distintos actores entenderán más o menos adecuadamente lo decidido y lo aceptarán e impulsarán o bien lo rechazarán y bloquearán con sus acciones cotidianas.

De manera que el cambio del secretario no es garantía ni del éxito ni del fracaso de la educación nacional en la que todos tenemos una co-responsabilidad. Será necesario entonces por un lado exigir que el nuevo ministro tome las decisiones adecuadas para el mejoramiento de la educación y por otro, contribuir desde cada trinchera del sistema a que las decisiones aterricen en acciones concretas.

Una segunda implicación de esta frase de Latapí a partir de su experiencia como interlocutor –asesor formal o informal, crítico, investigador educativo- con prácticamente todos los secretarios del ramo en la segunda mitad del siglo veinte y el inicio del veintiuno es que para que se pueda hacer realidad la reforma educativa profunda que el país requiere –que pasa por los elementos de la reforma planteada y aprobada este sexenio pero no se queda ahí- es indispensable transformar radicalmente la estructura organizacional del sistema educativo en su conjunto tratando de disminuir al máximo la burocracia y de tender a una organización de alta complejidad: más horizontal, dialógica, participativa, abierta a la crítica, estratégica, proactiva y ágil.

Son muchos los pendientes para hacer realidad una verdadera reforma educativa: consolidar la instauración del Sistema Profesional de Carrera Docente –que incluya no solamente una evaluación sistemática y pertinente para la mejora sino un sistema de formación docente inicial y permanente de alta calidad con la consecuente reforma de las Normales-, continuar con la redefinición del modelo educativo para el México del futuro a partir de la consulta nacional realizada, realizar una reforma curricular profunda fundada en este modelo educativo y en las nuevas tendencias en la educación mundial y responder al enorme reto de la mejora radical de la infraestructura y equipamiento escolar para contar con espacios dignos para el aprendizaje en todo el país, etc.

Pero en este contexto considero que una condición fundamental para lograr avanzar en todos esos rubros es precisamente el de la reforma estructural del sistema educativo que incluye por supuesto la democratización de la organización sindical. Ahí estará la diferencia entre una verdadera reforma educativa que recupere la rectoría de la Educación para el Estado y un cambio político que simplemente retome el control corporativo del gremio magisterial.

Ojalá que las decisiones del nuevo secretario se orienten en ese sentido y que, con las limitaciones que condicionan estas decisiones por todas las mediaciones por las que tienen que pasar, nuestro sistema educativo avance hacia una organización de mayor complejidad y pertinencia para contribuir a una verdadera transformación del país.

Latapí, P. (2008). ¿Pueden los investigadores influir en la política educativa? Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10 (1). Consultado el día de mes de año en: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-latapi2.html

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