Logo e-consulta

Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Pregunta al revés

.

Martes, Agosto 4, 2015

Recuerdo frecuentemente la forma en que los jóvenes de mi generación encarábamos el futuro, estoy hablando de aquellos que habíamos superado las barreras educacionales que nos imponían los estudios básicos y que ya disfrutábamos de la vida universitaria, todos sin duda sabíamos que nuestra vida profesional nos habría de sacar a muchos de las limitaciones económicas propias de las clases populares y medias.

Solo un poco de esfuerzo y dedicación, nos decíamos, y todo saldrá perfecto, y así lo hicimos, la conclusión es que en términos generales quienes dispusimos a vivir del ejercicio de nuestra profesión logramos obtener en la mayoría de los casos un nivel acorde a la carrera que elegimos e incluso muchos lograron superar el nivel social del cual provenían.

Más artículos del autor

Ser egresado universitario representaba tener pasaporte a una vida estable y a un futuro promisorio, México era así, transcurrían los años 60s y 70s, el dólar costaba 12.50, sin los tres ceros eliminados por decreto, la inflación era menor al 2%, curiosamente menos que en EU, el PIB superaba el 6 % anual, la deuda externa era mínima y en la economía familiar se observaba el hecho de que el ama de casa podía comprar diez panes con un peso.

Pertenecer a la clase obrera oficial daba derecho a préstamos a la vivienda, jornadas laborales de 8 horas diarias con descanso semanal, entonces el IMSS tenía centros vacacionales y una cadena de teatros con precios accesibles para todas las clases sociales y centros de seguridad social para disfrute de las familias de los trabajadores.

Entonces las clases necesitadas provenían en gran mayoría del campo aportando, desde entonces, un importante número de trabajadores a la economía gringa, pero emigraban a las principales ciudades del país con la esperanza de acceder a la clase obrera y así tener la oportunidad de que sus hijos pudieran realizar estudios profesionales.

La Universidad era el lugar común que igualaba a todos, lo mismo a la hija del comerciante, que al hijo del obrero, o del dueño de la fábrica y del ejidatario... ¿Cuántos ejemplos podríamos dar de esto?; ahí era el terreno donde se competía para saber quién era más capaz de desarrollar sus cualidades, la diferencia no estaba en la ropas y el vestido, o el color de piel, o el modelo del auto o tamaño de la casa paterna, sino más bien se medía por la inteligencia de unos y otros.

¿Qué nos pasó sería la pregunta?, de repente los obreros se hicieron más pobres, los campesinos se quedaron sin tierras, los profesionistas se hicieron trabajadores a destajo, las universidades cerraron sus puertas a las mayorías, se terminaron los derechos laborales, el IMSS empobreció sus servicios, el dólar cuesta 16 pesos con los tres ceros ocultos.

Todas estas preguntas nos llevan a una sola... ¿por qué cada día más pobreza?; sin embargo al analizar la otra cara de la moneda y ver que solo el 10% de los mexicanos posee el 64% de la riqueza nacional, y que de éstos el 1% posee el 43%, y que 11 mexicanos poseen una riqueza de 112.000 millones de dólares, puedo entender que los mexicanos hemos sido engañados con esta pregunta...

¿Qué hacer con la pobreza?, cuando la pregunta correcta debería ser al revés… ¿Qué hacemos con la riqueza?

Hacer la pregunta al revés nos llevaría a comprender que nuestro problema no es la disminución de la pobreza, sino la distribución de la riqueza, ésto acabaría con los Progresa de Rosario Robles, la repartición de televisores en jornada electoral y los comederos populares, y tal vez... solo tal vez, regresaríamos al México de mis recuerdos y de las oportunidades para todos.

Vistas: 924
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs