Las manifestaciones de contento y satisfacción de Rafael Moreno Valle, Gobernador del Estado porque el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, -Coneval-, en su reciente medición, ubicó a la entidad poblana en un lugar más alejado del escenario nacional, en términos de pobreza, -pasó del tercer al cuarto sitio-, tienen un tufo triunfalista, más cuando en la periferia de Puebla capital se observan dramáticos cinturones de miseria y en el interior de la entidad, un buen número de habitantes han pasado de la pobreza a la miseria.
El mismo sinaloense José Luis Soberanes, Secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Estado de Puebla, reconoció que el 64.5 por ciento de los poblanos se mantienen con un grado de pobreza, similar a la del 2012. Lo cierto es que Puebla escaló un nuevo escalón porque otras entidades como Guerrero, Oaxaca y Chiapas se sumieron más en la pobreza extrema.
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De lo contrario como se explica que en el primer semestre del presente año, en la medición del Coneval se hayan registrados 80 mil nuevos poblanos que no tienen acceso a la educación, mucho menos a la seguridad social.
La realidad es que en muchas comunidades de la geografía poblana se carece de fuentes de trabajo, el campo está empobrecido, los campesinos abandonan sus parcelas porque no cuentan con verdaderos programas de asesoría, ni apoyo económico para arrancar los frutos a la tierra.
La entrega de mototractores para unos cuantos, no son suficientes ni aptos para las duras faenas. Las familias campesinas requieren de verdaderos programas para impulsar la productividad y de allí contener la gran cantidad de alimentos que se importan y frenar la ola de poblanos que emigran al vecino país del norte en busca de nuevas oportunidades que les permitan llevar una vida digna, que el gobierno federal y estatal les niega.
Los programas existentes, entre ellos Procampo, han demostrado su inoperatividad. Existe buena cantidad de propietarios de parcelas que las tienen abandonadas o bien rentan la tierra, pero eso sí, siguen recibiendo la ayuda económica del gobierno.
Triste y lamentablemente en la presente administración estatal se ha invertido más en infraestructura, muchas de las ocasiones innecesaria, que en programas sociales para abatir el grave rezago de la pobreza. Los conflictos sociales no han detonado, gracias al envío de remesas de los paisanos. Ellos sostienen a sus familias, ayudan a construir caminos, remodelar sus zócalos y mejorar el paisaje urbano de sus comunidades.
Así es que no hay nada que celebrar. SALUCITA DE LA BUENA.
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