1.-Si hacemos una sencilla abstracción sobre la fuga del Chapo, la verdad el hecho resulta una metáfora del país. Vea: un túnel que, en el fondo, exhibe con crudeza las dos grandes lacras, corrupción e incompetencia.
2.-Decimos del país y puede resultar injusto. Para este caso en particular precisemos: es del gobierno.
Más artículos del autor
2.-El escándalo del escape y la crisis derivada, son directamente proporcionales a los fastos, pirotecnia y aplausos de la captura del jefe narco en febrero del 2014. La física se suele aplicar a la política.
3.-No tenemos claro y evidente cuál es el fruto de los frecuentísimos viajes del presidente al extranjero. Él arguye inversiones y empleos. No estamos convencidos de ello. Los empresarios deciden sus proyectos luego de profundos estudios de viabilidad y rentabilidad, no derivados de una visita presidencial.
4.-Fuera de la ostentación y derroche en tales desplazamientos, no se tiene otra lectura. Caravanas enormes de viajeros (más de 200 a Londres, más de 400 a París), frivolidad de la primera dama y derroche en carísimos hoteles y lujos, es el signo dominante.
Mientras, el nivel de ingreso de las familias mexicanas es el más bajo en los últimos 15 años.
5.-Para mala suerte del gobernante, varias giras han coincidido con hechos graves y escandalosos en el país. No es el infortunio la sola explicación. Son los efectos de viejos y nuevos problemas mal sopesados y peor afrontados. Es pésima la jerarquización de prioridades del presidente.
6.-Un presidente que no lee y un equipo de asesores que no lo persuade de la diferencia entre lo importante y lo urgente dan el resultado que conocemos. La prensa mundial encuentra excelente materia prima para hablar pestes del presidente, no del país, no nos confundamos. Y no hay reacción alguna ante ello.
7.-No se requiere quebrarse la cabeza para ver las causas. Hay pésima forma de gobernar. No hay resultados. Hasta los medios nacionales, por lo común “controlados” –con excepciones contadas- en este reciente caso unánimemente condenaron al gobierno.
8.-Dos factores le pesan como una losa al gobierno federal: incredulidad y desconfianza. Arrastra este grave problema casi desde el principio y en cuanto conflicto brota lejos de disminuir aumentan. Y es que se quedan gruesos cabos sueltos sin respuestas satisfactorias, convincentes. Y esto dispara hasta el cielo los índices de la no confianza en lo que hace o dice el presidente y su gobierno. Las encuestas son contundentes.
9.-Ahí quedan como un muestrario que acusa y reprocha, condena y reclama: la casa blanca del contratista mimado del sexenio al presidente y su esposa, la nula promesa de frenar y transparentar el gasto de la promoción del gobierno en los medios, Ayotzinapa, Tlatlaya, los escándalos de la otra empresa consentida, OHL, con el secretario Gerardo Ruíz Esparza como contratista interno de los negocios de Peña Nieto; Elba Esther que está por salir; la incontenible ordeña a Pemex (van 17 mil millones); la impunidad de funcionarios y líderes como Romero Deschamps; la salida de Aristegui; la violencia del crimen organizado que tiñe de sangre al país sin freno alguno; el reto impune envuelto en ostensible cadena delictuosa de los sedicentes maestros de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas; las reformas que se desvanecen o atoran; cuatro meses sin nombrar embajador en EU; 11 de los 16 Secretarios de Estado en París durante el viajecito; y ahora la fuga multicitada.
10.-Si para todo lo anterior no hay una postura firme, creíble y contundente del presidente, en la dirección que la sociedad espera, merece y reclama, nada podrá modificar la situación crítica gubernamental.
11.-Analistas y comentaristas apelan a un golpe de timón que dará el presidente cada vez que ha estallado un conflicto. Son más bien deseos y especulaciones. Muchos pertinentes y bien intencionados. Se topan con la realidad: al presidente no le importan los medios como no sea para exaltar frivolidades o aplaudir. Y esto se repite a cada paso. Hoy mismo, la comentocracia anticipa cambios, urge remociones, avizora, ahora sí, “un relanzamiento” del gobierno. Nada.
12.-Si el presidente sigue haciendo lo mismo con los mismos, ¿cómo esperar resultados diferentes?
13.- Se requiere estatura y carácter de estadista para tomar conciencia de un momento o de una crisis y rectificar a fondo, recomponer sustancialmente el modelo y el rumbo. No hemos visto nada de eso aquí. Sueños, anhelos y deseos se quedan en los medios. Pero el presidente no lee. Tampoco tiene lo demás.
14.-Y lo grave es que muchos medios y opinadores insisten en encausar al presidente y su gobierno hacia fórmulas cosméticas: que renuncie fulano, que hagan esto o aquello. No. Es caer en la pésima fórmula de gobernar con remedios, con parches. Es quedarse en las ramas, no en el tronco, ni en la raíz.
15.-Apelar a salidas de circunstancia es olvidar el viejo proverbio oriental que nos recuerda que en lugar de matar a los moscos como solución, hay que secar el pantano. Ir al fondo, a las causas, no a los efectos.
16.-Respecto de la fuga, hay cosas de primaria, de cajón, que todo indica que nadie hacía su trabajo con la seriedad que nos han dicho que significaba tener entre las rejas al mayor capo del mundo. Mire usted, las grandes y profesionales empresas, en sus sitios clave tienen sistemas de revisión y supervisión que se cuidan con un celo como de quirófano.
Colocan papeles con la firma y nombre de los responsables de la inspección cada diez, quince minutos, media o una hora. Y las cosas funcionan como reloj suizo. En el penal del Altiplano lo hacían a la mexicana. Evidente, con gruesos fajos de billetes se compra complicidad.
17.-La incompetencia es hermana gemela de la impunidad, aunque a veces la corrupción es la madre de la incompetencia. Lo que pasó con la fuga es para una tesis de maestría o doctorado respecto de la concepción gubernamental de lo que es gobernar, administrar, cumplir con el deber. Ahí queda, para la burla y el escarnio mundial.