Muchas parejas actuales, de todas las edades, son de micro ondas: su relación, en minutos se crea, y en minutos, se destruye. Las relaciones afectivas se han revertido; el amor, hoy más que nunca, es instantáneo. Y, sin embargo, el desamor promete ser permanente. Añoramos lo contrario: permanencia del amor y la instantaneidad del desamor; que el amor dure y el desamor sea fugaz.
En estos tiempos las bienvenidas al amor se parecen a las despedidas: fáciles, inmediatas, fronterizas y adyacentes. Ambas, bienvenidas y despedidas, sin contenido ni significado. Sólo lo concreto y parcial, suceden. El camino que une al amor del desamor es un sendero instantáneo para resolver cuestiones prácticas: la inmediatez de la vida superficial, hueca y liviana. Es lo urgente, no lo importante.
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En estos tiempos cibernéticos la rapidez es más pronta y más expedita, tan apresurada que el amor y el desamor se yuxtaponen. Dos cosas en un mismo acto sin historia intermedia alguna.
Y sucede todo: las redes sociales nos han amaestrado para lograr prontitud y urgencia. En ese esquema, los sentimientos no surgen y sólo hay emociones, respuestas hacia afuera; breves, espontáneas, intensas e instantáneas; automáticas y pasajeras; de aparición abrupta con manifestación física que mueve, da o quita el ánimo y duran poco. Concretas y efímeras. Por el contrario, los sentimientos son percepciones profundas y duraderas; pasan por la reflexión y se nombran; trascienden y afectan el cuerpo y la mente, revelan lo que subyace debajo de las emociones; dejan huella. Se arraigan en el tiempo. Requieren consciencia.
Dicen que el ser humano es el yo y su circunstancia. Si por la inseguridad en la que vivimos en México, si por el desamor y el “amor” instantáneo que se decide, si por la yuxtaposición del amor-desamor, esto es lo que sucede:
--¿Estás bien?
--No, no estoy bien. De hecho quité mis contactos del WA. Alguien me está molestando Por seguridad de ustedes no aparecen en mi celular ya. Así que mejor los borré. Creo que siempre adelanto mi adiós. Nos hablamos después…
--Borra todo. Fotos. Diálogos, números de teléfonos. Vacía tu memoria. Porque encriptan celulares, tú lo sabes mejor que yo. Cambia de número y salte de ahí lo antes posible. Cuídate. Yo también borro todo. No te escribiré más. Estaré pendiente. Ya borro todo. Bloquéame. De aquí y de Facebook. Ya borré todo y ahora te bloqueo…
Y se hizo el silencio… eterno.
alefonse@hotmail.com