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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La filosofía en la BUAP

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Lunes, Junio 22, 2015

La BUAP anuncia su nueva creación. El acontecimiento llega a su momento culminante con la prensa, al registrarlo como tal. El título con el que aparece lo testimonia: “Presenta BUAP Doctorado de Filosofía Contemporánea”. Y una vez constituido en noticia periodística ha de cumplir su función; así se ha instituido en la máxima casa de estudios del Estado, y sin asombrar a nadie. Y es que los mass media que naturalmente están dirigidos al público, en el ámbito de ésta adquiere para sí la virtud de trasmutar su naturaleza académica; pues tal función al desplegarse se torna en acción real capaz de descargarse como labor que la UAP desarrolla desde que fuera bautizada de BUAP. De modo tal que es el elemento con el que han conformado su carácter hasta convertirlo en el demiurgo realizador de la actividad universitaria, sustantiva y cumplidora. Tal es la veta de donde extraen el prestigio de que está revestida la BUAP, sólo para ostentar el lugar que ocupa entre las primeras universidades tanto de México como de América Latina; aunque en el ámbito local tenga que aparecer como noticia intrascendente… Véase sino el párrafo presentador de la prensa local ilustrando precisamente ésto:

  “Con la aprobación del Doctorado en Filosofía Contemporánea, a cargo de la Facultad de Filosofía y Letras, la BUAP suma un total de 87 programas de posgrado, de los cuales 14 son especialidades, 53 maestrías y 20 doctorados. De estos, 54 están inscritos en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) del Conacyt, con lo cual la Institución refrenda su compromiso con el desarrollo regional al ofertar servicios educativos pertinentes y de calidad.”(E-consulta 1-05-15)

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Otro periódico registra la noticia tal cual aparece en éste, pero con otro título; y lo que ponen en escena sólo permite considerar la pertinencia del título, pero... A tal presentación le sigue las motivaciones sustantivas con las que el evento tiene lugar: “El Doctorado en Filosofía Contemporánea fue aprobado durante la Primera Sesión Ordinaria del año del H. Consejo Universitario. Para su creación se consideró el estado actual de los estudios filosóficos en México, la pertinencia de las líneas de investigación, el impacto de la investigación filosófica en la docencia y la contribución en la generación de recursos humanos especializados.”(Idem)

Y le sigue “su coordinador... informó que este plan de estudios dará continuidad a la Maestría en Filosofía, impartida en esta unidad académica y uno de los posgrados consolidados en el PNPC.

Y finalmente logran tras-plantar el fundamento académico en que descansa toda esta parafernalia: “De acuerdo con el Catálogo de Programas de Licenciatura y Posgrado 2012 de la ANUIES en la República Mexicana existen aproximadamente 30 licenciaturas, 17 programas de maestría y 10 doctorados en Filosofía, de los cuales sólo uno corresponde a la región centro-sur, a la que pertenece el estado de Puebla. Por lo tanto, en la entidad poblana no existe un doctorado en Filosofía, como tampoco en humanidades, por lo que el nuevo posgrado de la BUAP es pertinente y viable.”(Idem)

Todo esto hacen desembocar en la justificación académica, para lo que traen, de nuevo, al suplemento decorativo, “al coordinador” para señalar “el objetivo general del Doctorado en Filosofía Contemporánea es formar investigadores y docentes del más alto nivel académico, que estén familiarizados con las principales temáticas filosóficas contemporáneas y que conozcan los problemas fundamentales tanto de la Fenomenología y Hermenéutica, como de la Filosofía Práctica, para contribuir a través de habilidades analíticas, críticas y rigurosas en la generación de nuevas propuestas filosóficas que fortalezcan la investigación y docencia en este ámbito.”(Idem).- la bastardilla es mía.

El evento periodístico adquiere, entonces, contornos de documento, al referir su planta docente, su plan de estudios, los cuales aparecen como surgidos de la nada, o sea que ahí está el contenido sustancial anunciando que el estudio de la filosofía ahora sí florecerá en la BUAP.

Ni duda cabe que el documento acierta en esto y sin apuntar. Porque si bien la Facultad de Filosofía y Letras en la uapachosa ya tiene decenios de existencia acompañada de fama, las letras y la filosofía prácticamente aún –hoy- están ausentes. Y en esto pesa su fama, pues en el Colegio de Filosofía, por ejemplo, aún impera un “personaje…” que se ostenta con título de doctor y ni siquiera podía mostrar su certificado de secundaria, según denuncia periodística cuando se reelegía como director de esta celebre Unidad Académica. Y aún de jubilado maneja –desde siempre- a su libre arbitrio la célebre revista que dio renombre nacional –y hasta internacional- a la UAP; se trata de “Dialéctica”. Este singular personaje pobló la planta académica del Colegio de Filosofía con “recursos humanos” de las preparatorias; su omnímodo poder en la BUAP aseguraba la obsecuencia de éstos. De ahí que impere en ella siquiera atisbos de filosofía o de letras. Véase, por ejemplo, su plan de estudios donde no hay orden ni concierto, pues las áreas de estudio claramente delimitadas en una escuela donde se estudia filosofía, en la de la uapachosa no responden a un orden que lleven al estudiante a filosofar, esto es, a que haga filosofía. Pues el estudiante que se desenvuelva con rigor en él descubrirá su inclinación para aquello que los griegos ponían como condición: la admiración; “dice Platón que la primera virtud del filósofo es admirarse, Thaumatzein.” De modo que tal inclinación terminará por conformarse si en la escuela aprehende los elementos con los que se hace filosofía. Una Institución así colmará el propósito con el que un joven asiste a sus aulas donde se imparten las humanidades; y ésta debería ser la que se establezca y sobre la que se sustente la fama de la BUAP.

De ahí que el buen sentido, del que Renato Descartes decía que era el más y mejor repartido por Dios en el mundo, tiene que protestar ante este estado de cosas. Y al reivindicarlo justamente él indica, pues, que antes de “crear” niveles superiores de estudio con tanta pompa y sonaja, había que poner orden en la casa. O construir desde los cimientos una nueva donde florezca la filosofía, como hicieron los que acompañaron con la cruz a los conquistadores, estableciendo Instituciones educativas como el Colegio del Espíritu Santo, para lo que construyeron el Edificio Carolino. Y es hasta curioso el que parándose frente a él bastará que –admirados- consideremos su dimensión para caer en la cuenta de lo que se hacía en sus aulas, y que, por desgracia, se ha perdido en las infinitas reformas que siguen imponiéndose con el pretexto de modernizarla, hecho, por lo demás, fehaciente en el que terminó por pervertirse el sistema educativo nacional.

¿No es éste, acaso, el tono que resuena en “el objetivo general del Doctorado… que se conozcan(???...) los problemas fundamentales, tanto de la Fenomenología y Hermenéutica, como de la Filosofía Práctica”? Y una vez que el cartesiano buen sentido prende nos impele, pues, a filosofar, a que de semejante afirmación que dispara nuestra inquietud, no nos privemos de plantar la siguiente cuestión: ¿En esto consiste la filosofía?

Y es que tal acto sólo reproduce lo que pasa en el Colegio de Lingüística y Letras Hispánicas (COLHI), desde tiempos inmemoriales: en una sola carrera se estudian dos disciplinas distintas, una de arte Letras Hispánicas y otra de ciencia que es Lingüística. Y esto remata en la misma Facultad de Filosofía y Letras, en la Maestría en Literatura Mexicana. ¿Puede en este terreno florecer la lingüística o las letras? La misma Unidad Académica presenta el panorama sin solución de continuidad: su director siendo profesor del COLHI figura en el escenario de la prensa estatal no como poeta ni literato sino como economista, cuestionando la política económica y las finanzas del Gobierno del Estado. De ahí que el inquieto buen sentido tenga que manifestarse, protestar ante semejante realidad y –siempre- preguntar: ¿dónde están las Letras que sean fruto de lo que se haya cultivado en dicho Colegio, y que sustenten la fama de la BUAP y del Estado? La maestría en Literatura Mexicana se creó para que una “doctora” fuera su coordinadora y que la “prensa” la presentara como especialista en la literatura de Carlos Fuentes; ahí, entre las publicaciones de la UAP yace su “obra” sobre este insigne literato mexicano. ¡Yace…!

Pero el “sentir esa divina inquietud” impele al buen sentido a desenvolverse siguiendo su propia naturaleza, a desplegarse con “el poder de juzgar rectamente, distinguiendo lo verdadero de lo falso”, al modo como Descartes pone el curso por donde discurre su “Discurso del Método”. Y al topar con actos efectistamente logrados en el pasado reciente, protagonizados por la Maestría en Filosofía -¿también en Filosofía contemporánea?-, fue sorprendido con un anuncio que se divisaba desde la calle: Fenomenología del cuerpo. ¿Fue el tema tratado en un evento académico convocado por el Colegio de Filosofía? No lo sabemos, pero que anuncia la índole de los “problemas fundamentales” de la filosofía contemporánea, ¿se ve en la “filosofía de la fosa común”, “la otredad”, y otros cosas..? donde los filósofos (sic) regnícolas manifiestan profundo conocimiento de Fenomenología y Hermenéutica. Y así dando pábulo a esta inclinación “filosofaron” sobre tan tremenda temática; tanto que su agitación espiritual trascendió… hasta la calle: La Fenomenología del cuerpo ¡Asunto de la filosofía!

Esta falta de acción académica real emana con fuerza brutal en el horizonte que nuestras Instituciones de Educación Superior proyectan. Así lo muestra, por ejemplo, uno de los máximos exponentes de la ciencia en México. En su “Una reflexión sobre la ciencia en México” René Drucker Colín enjuicia la idea de ciencia que circula en el ámbito público: “… los diversos responsables de conducir el país señalan, uno, que la ciencia es importante y, dos, que se va invertir más recursos… Lamentablemente ninguno de estos señalamientos son tomados con seriedad… Desde hace muchos años me he preguntado por qué en nuestro país no se ejercen estrategias que nos permitan cambiar con esa abulia hacia la actividad científica. No tengo la contestación…” (La Jornada 1-06-15) Pero la respuesta está en su afirmación, aunque diga no tener. De ahí que la ciencia no sea importante; pues la mentada reflexión evita que la ciencia se realice, que muestre lo que hace: es lo que significa no tener repuesta. Y es que su actividad científica de estar sustentada en “la divina inquietud” no descansaría hasta tener la respuesta. Y en posesión de ella atacaría con tesón la desgraciada abulia. “Que la ciencia genera conocimientos, estos pueden ser usados y convertirse en desarrollos tecnológicos que generen bienes y servicios que puedan satisfacer necesidades de la población”, es puro eufemismo justificador de por qué no se hace ciencia. El hecho revela nuestra carencia de espíritu científico; es, pues, la manifestación de que no estamos dispuestos a hacerla. Y atribuimos la falta al ínfimo presupuesto: “Ahora bien la Convocatoria en Investigación Básica que es en general justamente la que representa la actividad científica que genera nuevo conocimiento recibe el más magro presupuesto… que viene siendo 2.61 del Conacyt y 0.58 por ciento del presupuesto federal… Cabe aquí también preguntar que si del total invertido en ciencia Conacyt recibe sólo 22.83 por ciento, en qué exactamente se invierte el 77.32 por ciento restante del presupuesto federal. Me parece que en ciencia no.”(Idem)

Pero ¿el Conacyt tiene que promover ciencia básica? Y ¿qué hacen o que deben hacer las Instituciones de Educación Superior?

vtorricop@yahoo.com.mx

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