En el 2009 catedráticas, catedráticos e investigadores de la UNAM y otras instituciones educativas, criticaron la aplicación de la Reforma Integral de Educación Media Superior RIEMS y manifestaron su total rechazo a la desaparición de la filosofía en los contenidos curriculares del bachillerato, al tiempo que señalaron que en la Universidad si se mantendría el estudio de la materia.
Fue un momento crucial para que las autoridades educativas cedieran. Tiempo después se decidió no eliminar asignaturas como lógica, ética, estética o filosofía en el país.
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La afirmación es contundente: si una persona estudia y aprende con base en las humanidades, nunca será parte de un rebaño (como a veces quisieran los políticos) siempre pensará por sí mismo y será crítico, con una autoestima revitalizada y con gran sentido de la vida.
Poco a poco, se ha ido enriqueciendo su propuesta curricular hasta insertar un enfoque intercultural en el campo disciplinar de las Humanidades y Ciencias Sociales.
¿Para qué? Para contribuir en la formación de ciudadanos reflexivos, capaces de interpretar su entorno social y cultural de manera crítica, participativos en la construcción y transformación de su contexto, que valoren prácticas distintas a las suyas, asumiendo una actitud responsable hacia los demás.
Muchos adultos de mi generación o anterior, han criticado el hecho de que ya no se promueve la construcción de prácticas ciudadanas que tengan como base los valores cívicos: el respeto, la tolerancia, la apertura, el diálogo.
La asignatura de Filosofía enfatiza esos valores, así como el desarrollo de las competencias relacionadas con la autodeterminación, el cuidado de sí mismo, el aprendizaje de forma autónoma y significativo, permitiendo al alumno alejarse de los esquemas tradicionales de la educación y el aprendizaje, expandiendo su realidad contra los prejuicios religiosos, políticos etc.
El estudiantado que haya desarrollado estas competencias podrá valorar las distintas prácticas sociales mediante el reconocimiento de sus significados dentro de su sistema cultural.
Básicamente se propone que a través de la evolución y el uso de las ideas filosóficas, se reconstruya su medio social actual, permitiendo a los alumnos ser capaces de interpretar y transformar de manera propositiva su realidad cotidiana.
A final de cuentas, tiene que ver con darle sentido a la vida de cada uno de los estudiantes y a identificarse consigo mismo, algo en lo que ya cada vez menos, nos detenemos a reflexionar.
Por eso, su importancia en la escuela.
Las máscaras sociales nos inmovilizan ante la necesidad de ser uno mismo, de sentirse cómodo con quienes somos en nuestra relación con lo demás.
Los alumnos y alumnas de los bachilleratos necesitan sentirse a gusto con la identidad que van construyendo y manejar los desafíos de su vida con alegría, valor y confianza sin tener miedo al futuro.
Los maestros y maestras decidimos qué tanto podemos contribuir, pero sin duda, es una necesidad creciente ante las eventualidades que conforman la realidad imperante.
En cualquier momento, no solo escolar sino de vida, la Filosofía siempre cae bien.