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OPINIÓN

La detención de Miguel Guerra Castillo

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Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Miércoles, Junio 10, 2015

Conocí  hace años al maestro Miguel Guerra Castillo, cuando se desempeñaba como diputado a la legislatura  del estado de Puebla  como abanderado por el  Partido Popular Socialista;  hombre de hablar pausado, comportamiento sobrio y convicciones acendradas  que  tras haber sido detenido por agentes de la Procuraduría de Justicia  local,  se encuentra  hoy  sujeto a  proceso ,  bajo el cargo incriminatorio  de obstrucción a las vías generales de comunicación.

Los hechos materia de la consignación ministerial en cuestión,  habrían tenido verificativo al parecer en los primeros meses del 2013, cuando, en su carácter y condición de dirigente  del gremio magisterial, habría participado de las protestas por la expedición de la reforma al artículo 3° de la Constitución publicadas el 26 de febrero de aquel año en el Diario Oficial de la Federación.

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En concordancia y coincidencia con la decisión anunciada por la Secretaría de Educación Pública de  revocación   la suspensión a la evaluación docente,  habríanse  sucedido de manera vertiginosa  en el país   hechos por demás atroces: los muros del templo de nuestra Señora de Guadalupe, en Tlapa , Guerrero, quedaron  impregnados  con   la sangre de  Antonio Vivar Díaz, hombre recién egresado de la Universidad Pedagógica Nacional  y quién  quedaría   abatido por el disparo de arma de fuego detonada por  algún elemento de la Policía Federal  no identificado a plenitud al parecer, como Demetrio Macías, el personaje del relato de don Mariano Azuela, Antonio Vivar quedaría con la mirada fija en el horizonte para siempre, acaso contemplando para siempre el altar mayor de la parroquia objeto de su personal devoción  ;  los familiares de Sandra Dianelle Herrera Castro, por su parte,  denunciarían   la desaparición de ésta joven  maestra del idioma inglés, asignatura que venía impartiendo   en la  secundaria “José Vasconcelos” de la localidad de  San Juan Bautista Tuxtepec, y quién,  presuntamente habría sido detenida por elementos de Ejército Mexicano, durante los disturbios ocurridos el pasado 7 de junio en dicho  poblado ; hechos por demás lamentables y a los que, sin lugar a dudas,  abría que sumar  la sorpresiva  detención de don Miguel Guerra Castillo.

En el lejano año de 1958, al unísono de que los trabajadores ferrocarrileros, escenificaran formidables protestas gremiales a lo largo y ancho del país, el magisterio protagonizaría un movimiento de enorme   resonancia social y que el efecto habría sido encabezado por el maestro Othón Salazar, quién sería bautizado por los  reportes noticiosos  de la época como: “el líder de la montaña”; estaba en aquellos tiempos en juego la mejoría salarial y de condiciones laborales de los trabajadores de la educación y, conjuntamente a ello , la posibilidad de ampliar los  cauces de movilidad social por la vía del estudio y el trabajo en las  regiones más desamparadas de nuestra geografía, cauces  que habrían sido abiertos por la política educativa que el Constituyente de Querétaro y la  obra magna de José Vasconcelos  habrían delineado medio siglo atrás.

El sistema de evaluación docente, diseñado en los Estados Unidos por los asesores de Mr.  Walton, el célebre magnate, famoso en todo el mundo por las brutales condiciones laborales   a los que somete a los trabajadores  que laboran en su cadena de supermercados, ha llevado a  que el alcalde Rahm Emanuel  cierre innumerables centros escolares en la “Ciudad de los Vientos” con lo que el estándar educativo, dicho sea de paso, no se elevará en Chicago, sino que, muy por el contrario se verá  cada vez más degradado.

 Miguel Guerra Castillo, entre muchos otros mexicanos, que han decido seguir los pasos  de  Othón Salazar, defienden  hoy por hoy el legado de  la educación pública que habríamos heredado de educadores y hombre de estado como Jaime Torres Bodet, Narciso Bassols, Agustín Yáñez o  José Ángel Ceniceros.

albertoperalta1963@gmail.com

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