Conscientes, reflexivos, a sabiendas de enfrentar una andanada de críticas por parte de quienes se abstuvieron de hacerlo, de los que votaron por la chiquillería para expresar su descontento, también de quienes, como siempre, votaron por los de siempre, quienes no se han cansado de saquear las arcas de la nación y someter a millones de mexicanos a la pobreza.
Que sí fuimos muy pocos e hicimos el ridículo, que si por nuestra causa los partidos políticos tendrán más prerrogativas, que si lo mejor hubiera sido abstenerse de votar; en fin, tantos comentarios en contra de quienes decidimos hacerlo así.
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Por esta ocasión conformamos el 5% de los votantes, cantidad más alta que muchos partidos políticos con estructura electoral y financiamiento público, habiendo sido convocados por la simple convicción de demostrar que estamos hartos de tantas mentiras y truhanerías de la clase política.
Hoy, junto al más de 50% de abstencionistas, formamos parte de la gran mayoría de ciudadanos electores que demostramos que seguiremos gobernados por las minorías de siempre.
¿Por qué anulamos el voto? muy simple, porque así pusimos en evidencia la pésima reforma electoral recientemente aprobada que dejó fuera la segunda vuelta; también porque demostramos que la eliminación de estos votos efectivos, hacen que, mediante malabares aritméticos, los partidos se adjudiquen porcentajes que les permiten seguir viviendo del presupuesto; pero también para no dejar pasar el único momento que los mexicanos podemos votar como se nos dé nuestra regalada gana.
Claro que me alegro con los regiomontanos que pudieron votar por un candidato independiente en la persona del Bronco, alternativa que no tuve, y que también evidencia el cansancio contra el sistema de partidos políticos, lo que confirma que si hay salida para este embrollo electoral.
Y también me alegro por los resultados en Puebla que dejan en claro que no todos los poblanos están de acuerdo con el neo panismo gobernante.