¿En qué momento el secuestro se convirtió en juego de niños? La historia producida en el estado de Chihuahua es escalofriante. Los verdugos de Cristopher, un niño de 6 años que murió asfixiado, mutilado, lapidado, apuñalado y enterrado fueron cinco menores (dos mujeres y tres varones) entre 12 y 15 años de edad.
Aunque es meritorio que la madre de uno de los asesinos delatara a su hijo ante la fiscalía estatal, es incomprensible la frialdad de los adolescentes de unirse a la búsqueda del menor reportado como desaparecido, días después de haberlo torturado.
Más artículos del autor
El homicidio conmocionó aún más cuando las autoridades confirmaron el lazo sanguíneo de Cristopher con tres de los homicidas. En un acto de barbarie le sacaron los ojos, le cortaron los labios, lo estrangularon, recibió 23 puñaladas por la espalda e intentaron tapar el olor de su cuerpo descompuesto colocando un perro muerto sobre la tumba clandestina.
¿Será posible que estos muchachos fueran ajenos al horror de matar violentamente a un ser humano, después de haber practicado la tortura con perros y gatos, según consta en sus registros personales?
¿La atención especializada que recibirán dos muchachos durante los años de internamiento y los otros tres en libertad podría evitar que sean la nueva generación de secuestradores? ¿Es resultado de la inseguridad que azota Chihuahua ó un caso aislado de niños problema que salió de control?
Cientos de niños en el país no eligieron la violencia pero son forzados a ejercerla por hambre, miedo, abandono ó supervivencia.
No soy psicóloga pero intento comprender una conducta violenta que aumenta peligrosamente en varios hogares donde la ausencia física o desatención de los padres genera serios desequilibrios emocionales a los menores.
Anteriormente una grosería ó mala contestación a los mayores era motivo de regaño, hoy es común escuchar a los adolescentes comunicarse con un lenguaje ofensivo y a veces denigrante hacia sus compañeras de escuela, padres ó maestros.
Lamentablemente la niñez mexicana madura en condiciones de alto riesgo; sus cinco sentidos se impregnan de robos, tiroteos, levantones, cuerpos desnudos, mensajes sexuales e imágenes violentas que proliferan en redes sociales, programas televisivos ó videojuegos.
El gobierno también es responsable del deterioro de las zonas habitacionales; sin áreas verdes ni opciones de entretenimiento, los niños que crecen solos porque sus padres deben salir a trabajar la mayor parte del día se refugian en vicios ó pandillas. La televisión dejó de ser la niñera de muchos pequeños.
La carencia de espacios para el cuidado infantil es otro gran problema de raíz; no se equivoca José Luis Flores, integrante de la Red por los Derechos de la Infancia en que los niños de 9 años no pueden ser responsables de sus hermanos de 2 años de edad; es un exceso de responsabilidad con graves riesgos.
De nada servirán leyes más rigurosas contra delitos de alto impacto cometidos por menores de edad, si en el hogar los niños son blanco fácil de vejaciones, tormentos ó palabrería que atenta contra su dignidad. Los niños son malos cuando los adultos renuncian a su responsabilidad de educarlos con buenos ejemplos.
En la medida en que la confianza, el entendimiento, la disciplina y los valores sean parte de su crianza cotidiana, los menores desterrarán de sus cabezas la acción de insultar a sus pares, golpear policías en los estadios de fútbol, secuestrar amigos ó asesinar a sangre fría.
La madre del pequeño nunca encontrará justicia y esta crueldad infantil jamás será olvidada por la indignación, coraje y dolor. Lo que nos corresponde hacer a todos son niños felices para que nunca piensen en causar dolor a otro. Hoy fue Cristopher, mañana puede ser el hijo de alguien más.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty