Que la aplicación de la prueba PISA 2015 (Programme for International Student Assessment) en nuestro país se realizaría “por primera vez en computadora”, parecería un acierto de las autoridades competentes y sin embargo Gracia, la decisión tomada, con tres años de retraso, no hace otra cosa mas que evidenciar miserias y carencias del sistema educativo mexicano, puesto que, para cumplir con un compromiso contraído en la administración de Ernesto Zedillo Ponce de León con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) mediante el que en 2015 se evaluarían –presuntamente- a 13 986 alumnos y alumnas que hubiesen nacido en 1999 (15 años tres meses a 16 años dos meses) de 333 escuelas secundarias públicas y privadas que integran la muestra, se rentarían 6 993 computadoras con acceso a internet -21 laps por escuela- entre el 27 de abril y el 14 de mayo, fechas de la aplicación de una prueba mediante la que se medirían, a más de competencias habituales (matemáticas, lectura y ciencias), “las habilidades y competencias sociales de los estudiantes que han concluido la educación básica, …”.
Los “asegunes” no pararían sólo en la evidencia que mostraría la carencia de equipo de cómputo con acceso a Internet en las instituciones objeto de la muestra. Alcanzarían también a propósitos que la Junta Directiva del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación se habría planteado en torno a la evaluación de 2015, entre las que se encontrarían, especulaciones de por medio pues no se comunican razones de otra índole Gracia, “ocultar la tragedia educativa en la que tiene sumido al país la actual administración.”, opinión de un experto en Evaluación Educativa, amigo nuestro, quien comentaría que llama poderosamente la atención, que se eliminen del proceso PISA 2015, las “muestras con representatividad estatal que permitían comparar los resultados entre estados en el tiempo”. No se puede explicar de otra forma Gracia. O pretenden ocultar resultados y truncar una serie histórica construida en los cuatro periodos precedentes (2003-2012) mediante los que conocíamos que las entidades del norte de la república obtenían mejores resultados que los ubicados en el sur sureste de la nación, o cometerían un garrafal error, de principiantes, al no considerar la suficiencia presupuestal requerida para efectos en los que sólo participará Tabasco con cargo al erario de la entidad. Con antelación los gastos que derivados de las muestras con representatividad corrían a cargo de la Secretaría de Educación Pública Federal, responsabilidad transferida al INEE.
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La media nacional que obtuvieran estudiantes mexicanos y mexicanas en la evaluación de PISA 2012 se encontraría 81 puntos por abajo de los que obtuvieron alumnos y alumnas de la OCDE en matemáticas y a 141 puntos de distancia de la media nacional coreana en esta asignatura (494,413,541) Gracia. Distaría 72 puntos de la media internacional en lectura y estaría 114 años luz del puntaje obtenido por sus equivalentes en Japón (496,424, 538) y diferiría 76 puntos del promedio internacional en la asignatura de ciencias mientras que la brecha con Japón, primer lugar, se ubicaría en 132 puntos (501,415,547). Los resultados que los y las estudiantes mexicanos obtuvieron en el trienio anterior fueron inferiores a los resultados obtenidos en la prueba PISA 2009; 419 promedio nacional por 496, promedio internacional en matemáticas, 425 nacional por 493 en lectura y 416 nacional por 501 internacional en ciencias. 77, 68 y 85 puntos de diferencia respecto al promedio internacional de diferencia en las tres asignaturas registradas previamente. Respecto a los resultados 2015, los obtenidos previamente arrojan 6 puntos menos en matemáticas, 1 punto menos en lectura y 1 punto menos en ciencias en tres años. México retrocede tan sólo un poco en tres años y su puntaje le alcanza “para ubicarse en último lugar entre los países de la OCDE y en el sitio 53 de entre los 65 países que participan en la prueba, superando a Montenegro, Uruguay, Costa Rica, Albania, Brasil, Argentina, Túnez, Jordania, Colombia, Qatar, Indonesia y Perú.” (http://goo.gl/iDAJ4W ).
La tragedia nacional en materia educativa evidenciada por organismos internacionales como PISA-OCDE daría la razón a quienes cuestionan el desempeño de los y las docentes, responsables de transmitir conocimientos a niñas, niños y adolescentes, y centran sus críticas, ocasionadas por los malos resultados que obtiene el estudiantado en las evaluaciones de todo género, en los profesionales de la educación, sin embargo, el artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece al Estado como garante de la calidad con la que se debiese impartir la educación básica, “de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.”.
Y en esas estamos Gracia, reconociendo por las declaraciones que se escapan de la boca de funcionarios educativos, que nuestras escuelas carecen del equipamiento mínimo indispensable para funcionar con una “cierta normalidad,”, hecho evidenciado por la contratación del equipo de cómputo requerido por la evaluación PISA 2015;
que a pesar de la simulación de foros organizados por la administración de la SEP, ni se han transformado planes y programas de estudio ni se han innovado “métodos educativos”, reconociendo que las inversiones en escuelas públicas resultan insuficientes si se compara lo gastado versus lo requerido como lo demuestran las aportaciones voluntarias de madres y padres de familia quienes cargan con el gasto corriente de las escuelas a las que asisten sus hijos y sus hijas. Para resumir Gracia, PISA 2015 evalúa adicionalmente, el logro académico de la administración de Enrique Peña Nieto y por lo que se vislumbra, saldrá mal parada.