La República Federal Democrática de Nepal es un país sin salida al mar de Asia meridional. Geográficamente se encuentra ubicado en el Himalaya, rodeado en el norte por la República Popular China y en el sur por la India. Es un país de naturaleza montañosa en cuyo territorio se encuentran, total o parcialmente, algunas de las cumbres más altas de la Tierra destacando el monte Everest que tiene una altitud de 8,848 metros sobre el nivel del mar (msnm), así como otros siete de los montes que rebasan la altitud de los 8000 msnm en el mundo. Con cerca de 31 millones de habitantes y un PIB per cápita estimado de 1,400 dólares, Nepal se encuentra entre los países más pobres y menos desarrollados del mundo, con aproximadamente la mitad de su población viviendo por debajo de la línea de pobreza.
La agricultura es el sostén principal de su economía, proveyendo sustento para más del 80% de la población y constituyendo un 41% del PIB. Esta semana este pequeño país se ha visto sorprendido por la naturaleza; un terremoto de 7.8 grados en escala Richter y una serie de réplicas del sismo que oscilan en intensidad entre los 4 y los 6.6 grados han generado caos y devastación en su territorio. El primer ministro de Nepal, Sushil Koirala, ha señalado que la cifra de muertos por el sismo que sacudió el país del Himalaya el sábado podría alcanzar los 10 mil.
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El último recuento oficial de fallecidos por el terremoto ya supera los 5 mil, mientras que el de heridos ha llegado casi a 11 mil y el de desplazados internos se situó en más de 450 mil personas. Decenas de miles han perdido sus casas y muchos duermen a la intemperie ante el miedo a nuevos derrumbes en las estructuras de sus edificios, severamente dañados por el terremoto y sus réplicas. Según estimaciones de Naciones Unidas, el número de afectados por el sismo asciende a 8 millones, es decir una cuarta parte de la población de este país.
Tal parece que lo pronunciado por muchos investigadores de los fenómenos naturales se confirma cada vez que estos suceden, y la relación entre estos fenómenos y su impacto está directamente ligada al nivel de pobreza y vulnerabilidad social que exhibe cada espacio donde se presentan. Y esto se observa en recomendaciones, que enfatizan esta vinculación, de organismos internacionales como GeoHazards que recientemente escribió: “Con una tasa de crecimiento anual de la población del 6,5 por ciento y una de las densidades urbanas más altas del mundo, los 1,5 millones de personas que viven en el valle de Katmandú se enfrentan claramente un riesgo grave y creciente por un terremoto”.
Y dicho sea de paso ha señalado a Irán, Haití, Lima, Perú e Indonesia, como altamente vulnerables. Nuestro país también puede ser un ejemplo de esta relación mencionada, de acuerdo al Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), en las últimas décadas, los fenómenos naturales en México han dejado daños con un costo promedio anual de 100 vidas humanas y cerca de 700 millones de dólares; y la mayoría de estos daños se han dado en estados como Chiapas, con el huracán Stan, Guerrero y Oaxaca con el huracán Paulina, y el primero recientemente también con Manuel.
Las tres entidades mencionadas son las de mayor pobreza en el país y donde más daños han dejado estos fenómenos naturales. Así tal parece que como lo señalan Ruiz-Perez y Grimalt (2012), “existen pruebas para establecer que las raíces de la vulnerabilidad a los desastres naturales se encuentran en los patrones del asentamiento y de desarrollo de la población.
El impacto de un evento catastrófico no es, por tanto, tan aleatorio, sino que viene determinado por parámetros de interacción social y organización, y especialmente, por un modelo de estratificación social, que determina principalmente el acceso a los recursos”. A sabiendas de esto es necesario impulsar agendas a nivel nacional que permitan desarrollar sistemas que ex ante (prevención) visualicen posibles riesgos para evitar en lo posible daños en términos de seres y económicos, y nos permitan enfrentar de manera rápida las contingencias que estos fenómenos generan por condiciones netamente humanas.