Cuando el hombre por fin logró conquistar el espacio exterior a la Tierra se dio cuenta que nuestro planeta era finito es decir, que los recursos con que contamos estaban limitados a ese globo que se avistaba. Fue entonces que se empezaron a tratar temas acerca de la capacidad de nuestro planeta para solventar las necesidades que un sistema basado en el consumo generaba para la especie humana.
Para muchos investigadores era claro que nuestra fuente de materias primas que alimentaba, y alimenta, a la sociedad moderna tenía un límite de explotación es decir, no podíamos seguir depredando el medio natural sin consecuencias. Esto no tardo en expresarse con las lluvias ácidas en países europeos y con la investigación que inicia en la década de los setentas sobre los efectos en la capa de ozono de los gases clorofluorocarbonos (CFC), y que llevo al Nobel de Química al mexicano Mario Molina por su investigación. Si bien esta década sirvió para poner el tema del medio ambiente en la agenda de países desarrollados, principalmente, es en 1987 que podemos decir que se da un punto de quiebre que hace del tema medio ambiental parte de la agenda mundial de organismos internacionales ya que, en este año, se presenta el reporte de la llamada Comisión Brundtland titulado “Our Common Future” (Nuestro Futuro Común) que tiene en trascendencia ser el primer documento que reconoce la definición del término Desarrollo Sustentable como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad para que las futuras generaciones puedan satisfacer sus propias necesidades”.
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Dos temas se abordan a partir de este texto que desde nuestra perspectiva son básicos para generar conciencia sobre la importancia del medio ambiente; por un lado la definición de sustentabilidad hace referencia a que no podíamos seguir esta lógica de consumo de los recursos naturales sin poner en riesgo a las futuras generaciones; y la segunda, que aún cuesta trabajo internalizar para algunos países, es que el medio ambiente no reconoce fronteras y que su actuar no respeta ningún entorno humano, la depredación sin control genera cambios climáticos que inciden mayormente en poblaciones vulnerables que por lo general son las de los países en vías de desarrollo y con mayores índices de pobreza y marginación.
Al final el cambio climático generado por altas tasas de consumo de los países desarrollados afectaba a los países con bajo consumo de estos. Pero, a pesar de los esfuerzos de muchos países por remediar esta situación los protocolos mundiales para respetar una normativa de sustentabilidad mundial siempre fueron rechazados por el principal consumidor del planeta, a saber Estados Unidos. Sin embargo este siglo se ha encargado de que el propio medio ambiente haga cambiar el razonamiento norteamericano con fenómenos como las heladas en primavera que acaban de vivir o, los trágicos sucesos del huracán Katrina que en 2005 dejo cerca de 1900 muertos en suelo estadounidense.
Los daños del cambio climático no son cuestión de ricos o pobres, la fuerza de la naturaleza demostró que puede dañar a quien encuentre a su paso. Ante el hecho de que este 22 de abril se celebra “El Día de la Tierra”, el Presidente de la nación que negaba los efectos de la sobreexplotación de los bienes naturales sobre el planeta, Barack Obama, ha dicho que el cambio climático es la amenaza más importante para el mundo actual por lo que el fenómeno no se puede negar ya que supone un riesgo para la seguridad mundial, la economía y la salud de todo el planeta.
Importante declaración porque supone que los líderes del consumo mundial tomarán medidas para buscar alternativas que mitiguen el cambio climático y, una buena señal es que esta declaratoria se haya dado en la Cumbre de Primavera del BM y del FMI, tal parece que la vinculación entre medio ambiente y economía aunque tarde se está entendiendo por el bien de nuestro futuro que si es común y que depende del trato a nuestro planeta.