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El luto de Agustina | Patricia Estrada
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El luto de Agustina

Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Domingo, Abril 5, 2015

Angélica se fue hace varios años a trabajar a Estados Unidos. Doña Agustina la convenció de seguir los pasos de sus otros cuatro hermanos y le ayudó a pagar el coyote; hoy en su corazón hay remordimiento debido a que su hija murió acuchillada.

A tres años del fallecimiento de Angélica, no tiene certeza de que su yerno fuera el asesino, es más ni siquiera sabe si en la cárcel de Kentucky alguien purga condena por el homicidio de su hija de casi 30 años.

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Coincidencia o no pero Doña Agustina dice que el domingo previo al asesinato se levantó temprano a planchar camisas, fue a la Iglesia y después regresó a su casa con un presentimiento. "Yo lo sentí en el pecho, ese día sentí algo raro", me confiesa la pobre mujer que comparte techo con otra de sus hijas en la junta auxiliar de La Resurrección.

Días después, uno de sus hijos le informaría por teléfono que Angélica había muerto y sus tres vástagos estaban bajo custodia estatal. Agustina se arrepiente de haberle aconsejado quedarse en Estados Unidos cuando ella quería regresar a Puebla.

¿A qué vienes? aquí no hay trabajo, allá puedes hacer algo más, esas fueron las últimas palabras que cruzaron madre e hija. Es demasiada grande la cruz de Agustina, la culpa y la tristeza opacan sus días y sus noches.

Aunque sus hijos intentaron aminorar la noticia, Agustina entró en comunicación con una mujer, vecina de su hija. La situación económica de la joven era muy complicada sobre todo con la manutención de tres varones, el mayor de 10 años, el segundo de 8 años y el más chiquito de 2 años (dos del mismo padre). 

La tragedia fue mayor al enterarse que su hija fue apuñalada cerca del corazón y presentaba navajazos en los brazos, antebrazos y cuello; lo más tétrico fue encontrarla sentada en un sillón con los brazos de su hijo más pequeño rodeando su cintura. Esa imagen que sus ojos no vieron habita en su mente de forma permanente.

Me cuenta que la pareja de Angélica era albañil originario de Chiapas. En mayo del 2012 se fue alcanzarla a Estados Unidos bajo la promesa de que se haría cargo del bebé en camino. Angélica estaba embarazada cuando murió en agosto de ese mismo año; ella quería una niña y se fue con ese anhelo.

Agustina ya no pide justicia para su hija, ni siquiera habla mal de su yerno a quien no volvió a ver ¡Me dicen que fue él otros que no, yo no se que creer, a mi no me consta! parece resignarse a la pérdida física pero no al vacío emocional.

Aunque sus otros hijos le han pedido superar la tragedia de Angélica ella quiere saber qué pasó con sus nietos. No puede renunciar a la posibilidad de saber si son o no queridos en su nueva familia, si permanecen juntos ó están separados e inclusive si podría pelear la patria potestad.

La economía de Agustina es modesta. Ella trabaja en casa ajena y su marido es taxista; son personas mayores que no pueden darse el lujo de sobrevivir con 500 pesos de ayuda gubernamental; aún así, sus hijos desde el otro lado de la frontera envían algunos dólares para apoyar la manutención de ambos.

Los ojos de Agustina se notan cansados de tanto llorar; me dice que no puede con esa pena, que la persigue y desgasta incansablemente; es dura consigo misma; siente que de haber regresado a casa estarían juntas.

Le doy un abrazo y le sugiero que su pensamiento guarde el mejor día de convivencia con Angélica, que centre su energía en amar a su familia y asesorarse jurídicamente para encontrar a sus nietos; le doy teléfonos y direcciones advirtiéndole que no será fácil pero tampoco imposible. Ella limpia sus lágrimas y me responde, que al menos se va con la esperanza de cerrar su luto.

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