“Soy un caballo entero, brioso”, dijo a modo de reflexión mi amiga en cuyo rancho nos encontrábamos.
--Una yegua, briosa…, corregí.
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--No, un garañón, impetuoso, añadió
--¿Cómo está eso?, explícame, le insté.
--Observa a ese caballo entero, -señaló a un hermoso ejemplar en una caballeriza-. Tiene un buen espacio pero no como para correr, menos con sus ganas, y se las arregla para hacerlo de un lado a otro como loco, se desfoga. Mira, se enfrena de manera soberbia y ve, continúa arrojado en su carrera. Todo el tiempo está así, nada lo controla… Indomable, irreverente, salvaje. Inflexible. Indócil. Te puedes acercar, acariciarlo, pero sólo cuando él quiere y lo que a él le place. No se le acaba, está sólo a lo suyo. Muy atento al olor de las hembras, sobre todo en celo, y si huele una, ¡va sobre ella, enloquecido! Si no la tiene enfrente, se quiere saltar la cerca, o patea la puerta, o la mira con ojos desorbitados, endiablados. E intenta salirse como sea, aunque se lastime. Relincha, patea el piso, vocifera. No se aguanta ni solo.
“Y mira, aunque no ha olfateado hembra alguna, ahí está, paga el precio de su furor: corre desaforado de un lado a otro, levanta polvo a madres, sus pisadas son bravas, violentas. Y míralo, ya tose y tose por el polvo, pero le vale madres y sigue en su carrera. Las paredes hasta cimbran… Y en las noches así está: siempre atento, siempre pendiente, siempre listo, siempre a lo suyo.
“Y sin embargo, las hembras ahí están: Plácidas, relajadas, comiendo sin aspavientos. Este cabrón ni come. Las otras, ahí nada más, con sus crías. La que está en celo, olfatea o escucha al caballo entero. A través del viento manda su mensaje. Y al otro lo enloquece.
--Pero no entendí bien, refuté. ¿Cuál es el puente entre el caballo brioso y tú? ¿Por qué no ser una yegua briosa? ¡Las hay bien cabronas!
--La gran diferencia, por la que me identifico más con los caballos enteros que con las yeguas, es que: La hembra anda buscando, pero busca, encuentra y se entibia. Eso me caga. Que la hembra se entibie. Pero el caballo entero, no. Esos están siempre en lo suyo, enfocados. Tras lo que los mueve. No lo sueltan, no existe otra cosa para ellos. Nunca se pierden, nunca se distraen, nunca… se entibian. Las yeguas traen diesel, por decirlo así, funcionan y cuando se les acaba, se entibian; los caballos enteros, traen “gas avión”, a todo lo que da y nunca se les acaba. Alguna vez me lo dijo mi hermano: tú veniste a la vida con gas avión. No con gasolina como la mayoría. Entonces, soy como un caballo entero... La vida es no entibiarse.
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