Actualmente se está sometiendo la idea de un nacimiento de país con 2159 cargos públicos que serán elegidos el 7 de junio, día exacto para que el rumbo cambie estrepitosamente, si es para bien o no, esto se debe de ver reflejado en nuestros bolsillos.
Es vital difundir viralmente que las propuestas electorales deberían o tendrían que ser deseables para fomentar la comercialización de conocimiento, y ser una sustancia para la solución estructural de la educación, para así vislumbrar al México tecnológico y a una sociedad progresiva.
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De los 153 millones de pesos que cada partido político recibe, ¿cuánto se destina para promover la ciencia? Mi propuesta es que al menos se debería destinar un 2% para la promoción del acceso a la ciencia y tecnología que cada mexicano debería tener. Esta cifra hoy día no existe, pero podría considerarse como un motivo de campaña que fomente el voto y elección de un candidato.
Si es bien cierto que aún el perifoneo y la pinta de bardas para la promoción de los partidos políticos son la clave sustancial, por qué no pensar en que la “ciencia sí da votos”.
Sólo basta decir que el atraso económico y financiero es un fenómeno propiciado por la mala cultura a la innovación, emprendimiento y generación de talento humano en capacidades tecnológicas y científicas.
Porque si es bien ciento que siguen llegando armadoras japonesas a nuestro país, en realidad lo que se está logrando es ser sólo un vínculo para poder disminuir gastos de logística hacia los Estados Unidos.
No sólo llegaremos a la exportación de los 5 millones de autos, sino que el conocimiento, los centros de ingeniería y el crecimiento de bienes y servicios se están descuidando actualmente, y esto se incrementa si enfocamos los recursos en la temporalidad de los avances de mercado, donde el factor tiempo es una maquinaria al consumismo de operaciones rápidas y traicioneras.
Sin embargo, lo que en síntesis vale la pena determinar para que la sociedad fragmentada pueda discernir la mejor opción de elección, será el replantearse al qué o cuál se deba de extrapolar la posibilidad de oportunidades.
Ya se expuso con anterioridad el optimismo de estar en redes sociales y el clima de amarres sociales, integración y respaldo a la seguridad. No obstante, el talento de las comunicaciones y la inteligencia de promoción no son como se nos enseñó en las famosas cortinas de humo o las cajas chinas, al contrario las redes sociales deben servir para que la ciudadanía perciba la formación y creación de alternativas. Es necesario cambiar a estados políticos que funcionen como instrumentos para acomodar las piezas correctas en el sexenio siguiente.
La escala de la regla con la que se mediará el futuro será la forma en cómo se deben tener los mecanismos adecuados para desarrollar los clusters, o ecosistemas tecnológicos de innovación, y así dar el paso hacia consolidarnos como uno de las naciones mejor estacionadas en el camino de cubrir las necesidades tecnológicas, de desarrollo e inversión en energías, agua, seguridad alimentaria, transformación de materias primas, el diseño y actualización de nuevas propuestas comerciales.
Es momento de abrirnos a una México comercial y no manufacturero. El cambio no está basado en capacitarnos en el extranjero para seguir siendo mano de obra.
Tenemos que desarrollar lo que queremos que el mundo nos quiera comprar.