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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sabático

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Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Marzo 5, 2015

Bastaron unas palabras de su mejor amigo para que le cayera el mundo encima: “Llevas un año de sabático…” Era obligado. Le quitaron el trabajo y buscó por todos lados hasta que encontró donde podía ser su propio jefe.

No era fácil. Demasiados años de trabajo duro: horario fijo, actividades específicas, resultados demostrables, en fin. En éste él decidía, y parecía “sabático”.

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Días pasaban: Iba, venía, subía, bajaba, entraba, salía y no paraba. A veces con logros, a veces sin ninguno, a veces cansado, a veces motivado, a veces desalentado, a veces inspirado, a veces positivo, a veces negativo, a veces mentando madres, a veces bendiciendo. A veces y veces… a veces sin veces todo parecía… “sabático”.

Le pegó duro: “Llevas un año de ‘sabático’…” ¿Qué tocó por dentro esta expresión que tanto lo perturbó?... Sentía que era verdad. ¿Pero si en su día a día trabajaba sin descanso para sacar gastos, qué pasaba?

“Todo lo que hago parece sin sentido… No sé a dónde voy, --se dijo--. Es estúpido pero antes lo tenía claro: Estaba motivado para hacer lo que tenía que hacer… aunque me lo ordenaran. Ahora… no sé cómo ser mi propio jefe. No sé para dónde voy, --se repitió--. No sé qué tengo que hacer. No sé lo que necesito para salir adelante. Hoy me levanto, y nada me mueve: No tengo orden. No tengo motivos, no tengo objetivos, no tengo estructura...”

Le cayó como plomo la palabra: “estructura”. Algo movió por dentro. Tenía significado, sentido. “Necesito estructurar mi vida, --se dijo aliviado--. Ponerle horario a mis actividades, límites, descansos, y sobre todo sentido. Se hizo la pregunta radical: “¿Qué quiero?”

Cuando lo corrieron se sintió perdido, y sin trabajo se había perdido todo lo que él era: sus capacidades, sus habilidades. Estuvo casado con la idea de conseguir otro trabajo por el estilo, y al no conseguirlo, todos sus recursos, todo lo aprendido y desarrollado, era inútil. Se había vencido. El negocio al que se metió ni lo conocía. Por eso creyó que debía empezar de cero, y a su edad… Eso lo mató, por dentro.

Recordó cuando la vida le sonreía: sus capacidades desarrolladas, sus talentos, su pericia y destreza. Se dio cuenta que tenía con qué responder ante las exigencias actuales. Se acabó el trabajo anterior, pero no él. No estaba muerto y aunque las circunstancias había cambiado y él también, podría contar con sí mismo para estructurar su vida. Sabía cómo y hacerlo.

Ese fue el golpe: estar de año “sabático” le significaba haber renunciado a todo lo que antes era. Y no… ahí estaba… Y sí, le daba estructura. Bendita estructura y bendito él que no pudo renunciar a sí mismo. Faltaba que alguien se lo champara de frente. Y sí, en ese momento se acabó su año “sabático”.

alefonse@hotmail.com

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