Conocemos, en Puebla y en el país, dos estilos de hacer periodismo que tienen senderos si no paralelos, sí muy cercanos. Me refiero a al diario “Reforma” y al periódico electrónico E-consulta. Dos formas distintas, un compromiso coincidente: el público.
Parecería una obviedad subrayar que un medio sirve a su público, a sus seguidores. Pero lo cierto es que esto ha dejado de ser así hace buen rato. En tiempo y en forma. Una considerable cantidad de medios sirve al poder en sus distintos estratos.
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Hoy es al revés: lo difícil es encontrar medios confiables, comprometidos con la gente.
El poder público, los poderes fácticos y los grupos de presión, aparte de contar con poderosos medios propios, tienen sus servidores sociales. Estos últimos, entendidos como supuestos intermediarios entre el poder y la sociedad, pero en realidad entregados al comercio.
Y no es que el comercio sea ajeno a la naturaleza de un medio. Como órgano de información tiene como destinatario a la sociedad y ahí debe de promoverse. Primero conquistar confianza y luego el mercado. Sí, pero hay formas y “formas” de hacerlo. Un medio que se respete tiene los campos bien deslindados.
Un medio responsable vende ejemplares, penetración, influencia, seguidores. Vende publicidad, desde luego. Pero no vende criterio ni noticias ni manipulación. Cuando cae en este terreno es una pieza más del comercio, está en ámbito de la compra y venta no distinto de un negocio de oferta y demanda de forraje, puercos, autos o carne humana. Esto último tiene otro nombre que aquí obviamos.
Observe usted con rigor los medios y es fácil corroborar lo aquí dicho. Y no hay medios que escapen al terrible juicio del público, porque hoy la gente tiene múltiples formas y canales de contrastar a “su” medio, o a los medios, con la realidad. Y pone en la balanza el papel de cada quien: poder, medios o periodistas.
Este domingo mismo, una destacada actriz española, Aitana Sánchez Gijón, entrevistada en una sección estelar de “El País”, indignada, echa en cara a este diario su manipulación de la información para desprestigiar al partido “Podemos”, y le reprocha su papel tendencioso para defender el statu quo español, con la zona de confort que han creado ahí el PSOE y el Partido Popular. ¡En las páginas del propio periódico..!
“Reforma” podrá no ser un modelo celestial de hacer periodismo, pero sus páginas, cada semana, documentan de modo irrefutable, con fotos, cifras o testimonios, los varios rostros de la corrupción, impunidad, injusticia, abusos y robos que manchan toda la geografía nacional.
Sin la riqueza de recursos de aquel diario, E-consulta, con su equipo de reporteros y sus antenas sensibles hacia otros medios, más un policromo conjunto de articulistas y columnistas, ofrecen a diario una visión de la situación del estado y del país con todos los matices ideológicos. Y las más de las veces con datos duros, información bien sustentada y una redacción respetuosa.
A mí me parece que estos medios hacen su parte en la conformación diaria del país, de un modo más que aceptable.
Queda pendiente el quehacer de la otra parte, el poder público. El poder público no puede quedar en el papel pasivo de espectador indiferente. La sola tolerancia del poder hacia la información u opinión crítica es un comportamiento comodino ya superado. Y puede caer en el cinismo.
La Presidencia, por citar al poder más severamente enjuiciado en los últimos meses, adopta el peor comportamiento si no reacciona, ni recoge la crítica, ni rectifica, ni modifica políticas, métodos o realiza cambios de personas o de rutas. Solo tolera.
Hoy en día tolerar a los medios no es ningún mérito. Más bien es un demérito.
La posición madura, sensible, inteligente y moderna es afrontar lo que reflejan los medios, cotejar la crítica con la posición del gobernante y participar en el debate, pero un debate civilizado y maduro, no soberbio y apabullante. Y corregir si el medio o el periodista miente o manipula, pero aceptar y rectificar si la información así lo demuestra.
(Mi felicitación a Rodolfo Ruíz, cabeza de este estupendo equipo periodístico).