“Si el sistema educativo no se toma el tiempo
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de reconstruir la transposición didáctica,
no cuestionará las finalidades de la escuela,
se limitará a poner el contenido antiguo
en un nuevo envase”
Philippe Perrenoud
Anuncian nuevo modelo educativo para este año, sin embargo, siguen latentes los riesgos de intentar uniformar la enseñanza y el aprendizaje bajo un mismo esquema, sin tomar en cuenta la diversidad de los contextos, de las escuelas y hasta de los salones de clases .
La evaluación por su parte cambia de instrumento. Se aplicará a todos los alumnos de sexto año de primaria, tercero de secundaria y tercero de bachiller. Aunque se ha asegurado que la evaluación PLANEA retoma las fortalezas de Excale y ENLACE y supera sus limitaciones, el hecho que sea un instrumento –lo dice el enfoque por competencias- ya de por si la limita.
Sigue siendo la evaluación el eje en el cual descansa la reforma educativa, pero pocos son los espacios en los que se atiende las problemáticas a resolver relacionados con ella. Los planes y programas de estudio siguen siendo demasiado complejos, cargados de conocimientos y con materias que nada tienen que ver con la realidad de los alumnos y sus familias. Además, el enfoque por competencias no termina de concretarse en las prácticas cotidianas de enseñanza y de aprendizaje de los profesores en las aulas.
La docencia tiene que cambiar también en varios sentidos, por ejemplo creando las condiciones para que los alumnos se apropien de los saberes (contenidos en las competencias )los movilicen, los pongan en práctica en situaciones y contextos específicos practicando una pedagogía diferenciada que permita a sus alumnos realizar gestiones de proyectos, cruces interdisciplinarios o actividades de integración.
Las competencias se desarrollan en la práctica, cuando el estudiante enfrenta los problemas y propone soluciones a través de la movilización de sus saberes. Para lograrlo se requiere planear de manera muy puntual las actividades (secuencias didácticas) para aprender lo requerido por la competencia, otorgando los apoyos necesarios para ejemplificar como se ejecuta la competencia, que recursos requiere y la retroalimentación basada en su desempeño a partir del error.
Si, del error se aprende más que del acierto.
¿Y qué hay de la evaluación?
Tiene que ver con la recopilación de evidencias tanto de la acción competente de los alumnos como de sus saberes , por eso , no puede ser basada en un solo instrumento, se recomienda que sea contextualizada, para saber hasta que grado el estudiante “camina” o no las competencias , también deberá ser auténtica, cercana a su realidad y además integral.
Los instrumentos a emplear no pueden ser únicamente lápiz y papel . Son idóneos los proyectos o casos combinados con tablas de cotejo, rúbricas o escalas de calificación. Los cuestionarios o preguntas cerradas evalúan procesos cognitivos complejos, pero no son integrales.
Si solo se cambia el discurso sobre lo que implica un nuevo modelo educativo y su proceso de evaluación y no se cambia lo fundamental, no se logrará la tan ansiada calidad educativa que los organismos internacionales le exigen a las autoridades de nuestro país, y peor aún, los niños y jóvenes mexicanos seguirán presentando exámenes sin aprendizajes significativos que contribuyan a mejorar su calidad de vida.
Perrenoudt asegura que “el índice más seguro de un cambio en profundidad, es la reducción radical del contenido disciplinario y una evaluación formativa y certificativa orientada claramente hacia las competencias”.
Vamos viendo sobre la marcha.
Referencias
Perrenoud, P. (2010). “Consecuencias para el trabajo del profesor.” En Construir competencias desde la escuela. Santiago, Chile: J. C. Sáez Editor. Págs. 69 – 91. (Anexo 2)