Tiene 18 años de edad y sigue siendo una mujer mimada. En algún momento, su mamá pensó que el modelaje podría ser la carrera profesional de una chica bonita pero tímida. Hoy, esa jovencita está a un paso de truncar los estudios por un chamaco celoso y su madre solapadora. Los límites llegaron a destiempo.
Creció sin su padre biológico por la cobardía del tipo en asumir la responsabilidad de una familia no planeada. Con el paso del tiempo, su padre adoptivo intentó ganarla con regalos y buena vida; era estricto con sus travesuras y poco amoroso con sus logros escolares.
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A los 15 años deseaba la fiesta con chambelanes pero sus papás la convencieron de un viaje a Acapulco; en el cumpleaños siguiente pidió libros y su madre le respondió que era pérdida de tiempo; en la Navidad pasada eligió una cartera de dos mil pesos y sin problemas, llegó a sus manos.
Desde la transición de niña a adolescente, su mamá intentó suplir esas carencias de afecto paterno cediendo a los caprichos y tratándola como 'amiga'. La dejó maquillarse con exageración, vestirse sexy, fotografiarse en Facebook, participar como edecán en eventos comerciales y ver al novio casi todos los días.
Hoy, a punto de entrar a la universidad está indecisa. No encuentra afinidad con alguna licenciatura, le gustó la idea de modelar y su vida podría tomar ese rumbo sino es que antes se convierte en joven madre y la historia se repite.
Hoy, parece que la inmadurez de su progenitora está cobrando facturas. Hace unas semanas, en el intento de poner reglas discutieron fuertemente y le dejó entrever que podría irse de la casa. La idea de perder a su única hija le causa pánico.
No soy madre pero entiendo que educar a los hijos es tarea compleja. La disciplina es quizá lo más difícil de comprender en la niñez, anteriormente una ceja levantada de mamá era suficiente para saber que habría problemas.
En muchas casas, la mamá era autoridad y los hijos, los soldados que obedecíamos, no había democracia pero sí un mando que guiaba nuestros pasos y sabía abrazar en momentos vulnerables y de felicidad.
Con el tiempo comprendí que los límites y los regaños junto con el amor y el cuidado sirven para forjar carácter; la seguridad de un menor está en manos de sus padres; la transmisión de los valores y la cultura del esfuerzo son base de los pasos a futuro. No importa hacia donde te dirijas sino la conciencia en esas decisiones.
Mi madre decía ¡Una nalgada a tiempo! y si, sin caer en violencia intrafamiliar supimos entender que las reglas son parte de la formación así como cumplir obligaciones y aprender responsabilidades.
Lamentablemente hoy la juventud está en un punto tan frágil que no alcanzo a entender que una discusión entre padres e hijos termine en un suicidio o en amenazas de huir, cuando la hora de la cena (en la mayoría de los casos) era el punto de reconciliación y la oportunidad de empezar el otro día sin resentimientos.
O ya empiezo a envejecer ó las nuevas generaciones alteran el orden natural de las cosas "Donde mandaba Dios Padre ahora ordena Dios Hijo", si es así, entonces la maternidad es una vocación de alto riesgo.
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