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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La violencia estructural

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Raymundo Alfaro Pérez

Originario de Puebla. Casado y padre de cuatro varones. Abogado, Notario y Actuario. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Maestría en Ciencias Políticas BUAP. Doctorado en Derecho BUAP 
 

Viernes, Diciembre 19, 2014

Se hace necesario que en la víspera de festejar  Navidad y la llegada de un nuevo año, reflexionemos sobre un mal que recorre nuestro país, provocando mucho dolor, desesperación, impotencia, desconfianza y sobre todo miedo a vivir, a vivir con la denigrada violencia que le ha arrancado la vida a muchos. Lo lamentable es que esa violencia no solo la genera la delincuencia organizada y no organizada, sino incluso funcionarios públicos, que dan órdenes y otros las ejecutan, para llevar a cabo la acción violenta que puede provocar miedo, terror e incluso la muerte, quedando esos hechos cobijados por la impunidad y corrupción, sin que se castigue a los culpables. 

Lo que estamos viviendo en el país es una realidad de crueldad y corrupción que ha llegado al límite, y la población ha dicho: ¡Basta! ¡Y necesitamos un cambio! Lo que se está cuestionado con las movilizaciones sociales y las protestas en contra del actual gobierno del poderío Peñista, es la descomunal violencia estructural que se ha establecido a raíz de imponer las reformas constitucionales de corte neoliberal, las cuales le abren las puertas a las empresas transnacionales para que vengan a hacer negocios a México. Ese tipo de violencia sistémica, lo que daña es la satisfacción de las necesidades humanas básicas, como las de supervivencia, bienestar, identidad y libertad, todas ellas necesarias para poder hablar de un verdadero derecho al desarrollo de las y los mexicanos.

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La receta del llamado nuevo orden económico del libre mercado indica que es conveniente la inversión extranjera directa de empresas, principalmente en países que cuenten con estabilidad política y económica. Y lo que tenemos como escenario nacional es una escalada de la acción social ciudadana que está indignada y harta de los daños colaterales de una estrategia fallida en contra del crimen organizado, además de la evidente incongruencia con la que se ha tratado, por parte de las autoridades a los temas punzantes de Tlataya, Ayotzinapa y la llamada Casa Blanca. La mirada represora del gobierno ve que las protestas de la ciudadanía pueden poner en riesgo esa estabilidad que se requiere para que los capitales inviertan,  por el inconveniente de un permisible estallido social, y para ello es que a la par de la apertura neoliberal, esta debe estar acompañada de una violencia que sea vista como algo cotidiano en la vida social, para que sirva de medio de control.

Pero lo que se ha instrumentalizado a la par de la violencia, es la utilización de la masacre y las desapariciones como formas de disciplinamiento al sistema, que ve en el miedo que estas estrategias generan, la manera de erradicar e inhibir la movilización social. Esto no significa que las fórmulas clásicas de represión utilizadas por los Gobiernos antidemocráticos se hayan abandonado, por el contrario, la tortura, el encarcelamiento, la violencia psicológica y el asesinato de Estado, están más que presentes que nunca, solo que ahora acompañan a la violencia estructural, para completar la tarea de imprimir miedo y desinformación en una colectividad que conviene que este paralizada.

La gran enseñanza de la organización cívica, a través de la movilización social, es que ha colectivizado el miedo, es decir se ha socializado eso que individualmente impacta en el ser humano como dolor e indignación y que es parte del interior del sujeto que le da identidad y sobre todo dignidad humana, provocando esa sensación de que el miedo, es superable, si nos mantenemos unidos, por ello hay que pasar a la acción colectiva, y de esa manera superar el miedo, de ahí la importancia de juntarnos y conseguir el apoyo colectivo, ya que representa la alternativa ante un poder político que nos quiere paralizados, indiferentes y sobre todo desmovilizados.

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