Los titulares de El Sol de Puebla fueron determinantes para echar por tierra el proyecto político del exgobernador Mario Marín Torres que intentaba regresar a la arena electoral y partidista.
En su nota principal del 28 de octubre, el Sol de Puebla da a conocer un presunto desvío por cerca de 800 millones de pesos en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) durante el sexenio de Marín, según las investigaciones que corren por cuenta del actual gobierno estatal. En la información se señala a Valentín Meneses, Lauro Sánchez López, Gerardo Pérez Salazar, Gerardo Mejía Ramírez y Víctor Sánchez Ruiz son los responsables de haber desviado recursos del programa “Unidos para Progresar”, al quedar demostrado que se ejerció el dinero de unas obras que físicamente no existen.
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Marín salió de inmediato para informar a sus huestes que hicieran caso omiso a la información del periódico y minimizó el golpe mediático.
Por el contrario, aseguró que se trataba de una lógica repercusión por su reciente trabajo proselitista por la serranía, ya que el gobernador Rafael Moreno Valle lo consideraba una amenaza: el poder e influencia del marinismo en el interior del estado había quedado demostrados.
En sus propias palabras, dijo que se trataba de “cortina de humo” que busca distraer la atención de los problemas político-sociales que enfrenta la administración del panista.
Y el exgobernador siguió con su activismo.
Como si nada.
Sin embargo, no pasó ni una semana cuando recibió una llamada a su celular.
Marín conocía bien ese número: era de la secretaría de Gobernación del gobierno federal.
Y no se trataba de un asistente, o de una solicitud para que se presentara en las oficinas de Osorio Chong.
No.
Era Miguel Ángel Osorio Chong en persona.
Bueno, en celular: que se presentara en el CEN, lo antes posible.
Fue ahí, en las oficinas centrales donde el PRI dio el remate a los sueños de Marín.
La orden fue contundente: su gente debería de desaparecer del escenario.
Y pronto.
Los Pinos no estaban para más escándalos.
Ni para revivir leyendas tan arraigadas como las de un gober precioso.
De ahí que en las dos últimas semanas nada se supo de Marín Torres.
Se lo volvió a tragar la tierra.
Canceló sus giras por Zacapoaxtla y sus alrededores, que ya empezaban a ser un cotidiano, sobre todo, los fines de semana.
Sin embargo, el pasado fin, los priístas de la vieja guardia (por no decir, pipitilla pura) fueron acarreados, perdón, llamados por otro de sus líderes.
Fue en el Amaranto, un conocido restaurante de Teziutlán donde fue congregada la militancia de la región: el comunicado argumentaba que además de la presencia de Javier López Zavala, habría tlacoyos y café de olla para todos.
Llenó el lugar.
Ahí, López Zavala fue apapachado por los priístas.
Y en el calor de los aplausos y el olor a salsa de los tlacoyos calientes, Zavala prometió volver… para buscar la candidatura a la gubernatura.
Hubo aplausos.
Y más tlacoyos.
Su discurso versó en que los programas de la federación impulsados por el presidente Enrique Peña Nieto son los que están cambiando el rostro del estado, y no las políticas públicas de Rafael Moreno Valle.
Hubo porras.
Y más café de olla para todos.