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La memoria no conoce el tiempo | Alejandra Fonseca
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La memoria no conoce el tiempo

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Noviembre 27, 2014

‘Sostenido de un lazo, amarrado a un tubo, lo encontraron. Tenía nueve años. Su madre murió 4 años antes’, --leyó--. “Pero la memoria no conoce el tiempo”, --se dijo entre dientes—. Continuó: ‘Estaba deprimido mucho tiempo atrás. No podía vivir sin ella’. “¡Qué jodido!, --aseveró--, los niñ@s sufrimos: la infancia es lo más importante y, paradójicamente, en esos momentos los adultos toman todas las decisiones, las más significativas, sin tomarnos en cuenta... Parece cosa del diablo”, señaló.

Entendía perfectamente al infante: No quería terminar con su vida; quería terminar con su dolor… Y nadie lo vio. Nadie lo escuchó. Nadie lo percibió y a nadie le importó. Se repitió entre murmullos: “La memoria no conoce el tiempo…” y sabía muy bien de lo que hablaba.

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“No importa que haya pasado tiempo, poco o mucho. No hay tiempo, --afirmó en su mente--. Se siente igual que si lo vivieras en ese momento: se está viviendo, se está muriendo a cada instante. Ese recuerdo se repite en cada respiro. No cesa, te define... Y nadie se da cuenta, nadie se fija en ti. Nadie te da su tiempo. Nadie te escucha o te hace hablar. Sientes y no quieres sentir… pero es lo único que sientes y te lleva a no querer sentir más… No. No existe el tiempo en la memoria.”

Recordó a su compañero de escuela: Su mejor amigo, su hermano, su cómplice, su acompañante, su protector… Eran niños. Los dos de 9 años. Igual que este otro. “Han pasado 40 años desde su accidente”, rememoró. Tenía obnubilada la memoria. Recordó, con ayuda, algo que negaba: lo vio tirado en la calle. Estaba herido de muerte, lo atropellaron. Por más que intentaba no llegaban los recuerdos posteriores a verlo tendido. Le dijeron que era un trauma. Que tenía que abrir esos recuerdos para, por fin, liberarse del dolor.

Un día, una amiga le ofreció ayuda. Él, de 49 años, aceptó. En terapia revivió el accidente. Resurgió la visión de su hermano de vida con ojos cerrados, sangrando de su cabecita, tirado en la calle. Respiraba. Quería acostarse junto a él para morir con él. “Quiero morirme con él, --aseveró--. O cargarlo, llevármelo y curarlo para que se quede conmigo. Que no lo toquen porque se va a levantar. Yo sé que se va a levantar, se va a reír de mí al verme asustado, le voy a mentar la madre… y vamos a seguir jugando.” Pero no. No era así… no fue así. No podía soportar el dolor de la realidad. Sentía miedo de sentir. Tenía miedo de ese dolor que no podía manejar, no podía soportar. Se mataría... Y a nadie le había importado, por años, lo que le pasaba. Por eso entendía al niño de la nota periodística.

“Es cierto, --manifestó en un soplo al cerrar el periódico--. ‘La memoria no conoce el tiempo’. –Y remató-- Descansa en paz niño, que has muerto por muchos que hemos sobrevivido a lo mismo…”

alefonse@hotmail.com

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