Haciendo a un lado el tono lacónico y resignado de las últimas declaraciones del presidente estatal del PAN, Rafael Micalco Méndez, sobre el inevitable ingreso de 22 mil nuevos afiliados, y del espaldarazo que recibió por parte del Comité Ejecutivo Estatal el gobernador Rafael Moreno Valle, existe todo un mundo por descubrir.
No se trata de una pose sumisa.
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Ni abnegada.
Ni nada parecido.
Se trata de que ambas partes pactaron.
Al fin.
En pocas palabras, el gobernador y el Yunque llegaron a un acuerdo.
No más ruedas de prensa de Ana Tere, Paco Fraile y Lalo Rivera inspirados en una conspiración contra la política morenovallista.
No más declaraciones incendiarias en la prensa contra la operación desde Casa Puebla en la dirigencia estatal del PAN.
Y nada de que Micalco vuelva a manifestar públicamente a corregirle la plana a quien realmente maneja los destinos del partido.
No hay que olvidar que la postura rebelde de Micalco hacia el gobernador tiene una razón de ser: era el mensaje del Yunque, claro y preciso, sobre su desacuerdo con el proceder del ejecutivo estatal al no tomar en cuenta a sus candidatos, principalmente a quien por jerarquía le corresponde una diputación por la vía plurinominal: al ex presidente municipal Eduardo Rivera Pérez.
Por tanto, como entrada a este primer reencuentro, el gobernador accedió a respaldar a Rivera para que ocupe el primer lugar en la lista de pluris, con el antecedente de dejar la puerta abierta a más negociaciones de este tipo para darle juego a las promesas yunquistas.
Milcalco aún refunfuña en sus declaraciones, como el hecho de que le jale las orejas a Pablo Rodríguez Regordosa al advertirle que el CEN no ve con buenos ojos el que prometa llegar a las 50 mil afiliaciones, tal como coincide la visión del gobernador (entre más seamos, mejor).
Pero de eso a que mueva un dedo en el aspecto legal o promueva recursos ante los tribunales, hay un mundo de diferencia.
Simple: en boca cerrada no entran moscas.
La duda que corroe es… ¿se cumplirán los acuerdos?
¿De verdad los yunquistas se van a quedar quietecitos, calladitos, esperado pacientemente la siguiente señal del gobernador?
¿Al ejecutivo estatal le conviene ser flexible y condescendiente con un grupo que ya le demostró que no su incondicional y que está dispuesto a exhibir cualquier situación que considere como abuso, exceso o control?
El grupo del gobernador asegura que ya tiene el control del PAN tras la afiliación masiva, además de que el Consejo Político ya juega a su favor. Así cosas, ¿quién necesita a un Yunque caduco y obsoleto?
Mientras, los yunquistas dan por hecho que aún son capaces de jalar los hilos del Comité Estatal, además de dirigir a los comités municipales del interior del estado. En pocas palabras, que sin el Yunque, el gobierno estatal no puede ejercer un dominio real sobre el PAN. Ellos, son sus dueños. No en vano tantas décadas dedicados a controlar al partido.
El terreno es pedregoso.
Incierto.
Y muy inseguro.
Para ambas partes.
No hay lealtades, ni garantías.
Y es que en política, nada puede darse por hecho, hasta que se rinde protesta y se cobra la primera quincena, reza el dicho popular.
Si Eduardo Rivera no queda en primer lugar de la lista propuesta por Puebla para una candidatura plurinominal, y en definitiva, fueron borrados de un plumazo cualquier aspirante yunquista a una candidatura para los próximos comicios federales, entonces, conoceremos con exactitud la respuesta.
Sobre todo si, como parece ser, la selección de candidatos se realiza por designación directa, y no por voto directo de la militancia en una convención.