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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El exilio

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José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Lunes, Noviembre 10, 2014

“El hombre ha nacido libre

 y en todas partes está encadenado”

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J.J. Rousseau.

El exilio es un lugar que no es propio, originario, de la persona o de las personas.

Este fenómeno, individual o colectivo se ha producido en casi todas las épocas de la historia del género humano.

La migración, frecuentemente es una expresión sui generis, del exilio.

Éste es una situación obligada o voluntaria de personas y grupos.

Los israelitas estuvieron en el exilio durante varias centurias hasta que Moisés los volvió a su patria.

En estos tiempos, en la era posmoderna, el exilio es frecuente, que se emparenta con la migración.

Los grupos africanos que llegan a Europa, estrictamente no son exiliados pero si son migrantes que finalmente fueron exiliados obligadamente por las circunstancias, de orden económico o de otro tipo.

Los migrantes centroamericanos que llegan a México con el fin de pasar a los Estados Unidos, también son migrantes exiliados por la necesidad de subsistir. No tienen trabajo, no hay médico y medicinas, no conocen más ropa que la que llevan, padecen hambres y tienen que comer lo que la gente les regala o lo que les sobra.

Ese es un auto exilio o exilio obligado.

Igual pasa con los grupos de africanos que llegan a Europa. Son los excluidos, los que de facto carecen de todo derecho.

Estos son verdaderamente exiliados: desterrados, fuera de su casa, de su patria, de su hábitat.

Todos los exiliados están amenazados por otros, los aborígenes, los ciudadanos de cada pueblo.

Los exiliados son refugiados, en cualquier momento otros grupos o la autoridad no los quieren, los rechazan.

Esta es una de las expresiones de una sociedad excluyente, que se quiere solo a sí misma, que odia a sus congéneres de otras naciones o de otros pueblos.

En el fondo ésta es una reminiscencia  de la escena entre Caín y Abel.

En nuestra nación, el fenómeno migratorio de exiliación se ha dado a partir de la década de los 40 y se ha intensificado después de los años cincuenta.

Así lo demuestran las cifras en las primeras décadas mencionadas, formaban la población rural que era del 70 por ciento de la población total.

Ahora las cifras se han invertido.

Causas: la situación del campo; la agricultura ha ido de más a menos, a tal grado que muchos campesinos tuvieron que emigrar a las ciudades para poder sostener un status de sobrevivencia.

Esas personas, en las ciudades son migrantes, ahora exiliados.

Éstos no encuentran empleo; no tienen dinero para subsistir, sufren y lloran su propia desgracia.

A veces no saben qué hacer con sus muertos, pocos son solidarios con ellos.

Ahora, las mujeres, esposas e hijas, llegan a la ciudad para sufrir con sus maridos e hijos.

Ellas, con gran dignidad se alquilan en la casa, en las labores domésticas de los grupos de clases medias o altas.

Los ricos lloran pero no todos los días.

Los pobres, los migrantes, los exiliados, se beben su propia amargura, su soledad.

Su “maldición” casi nunca acaba, se  empecina en ser compañeros de estos desheredados.

Los exiliados, por su cuenta obligados, nunca se acaban.

Los organismos internacionales de la ONU y sus dependencias, hacen que hacen y resuelven poco.

Las naciones, la mayor parte de ellas, fundamentalmente las del tercer mundo, no han podido eliminar situación tan grave que amenaza a parte de la humanidad.

No hay nación que no tenga vergüenza por ese hecho pero no pasa de de eso, porque la construcción de parte de la sociedad actual, de los ricos, de los inversionistas, buscan la máxima ganancia, no importa quién se muera.

La otra parte, las clases medias, se interesan en su propio status, qué obras de caridad ni que nada.

Los pobres, a veces ayudan a los pobres, a los migrantes, a los exiliados.

Estos solo dan lastima, nadie les resuelve su problema.

La distribución de la riqueza es inequitativa, yo diría que hasta pecaminosa.

Ya no hablamos, para el caso de los exiliados, del terreno de la justicia. Casi siempre delinquen y caen en las cárceles.

El mayor número de difuntos, en los tiempos ordinarios, provienen  de estos grupos de exiliados o migrantes.

¡Pobres de los migrantes, que no son más que exiliados, voluntarios o forzados!   En el camino, a su imaginaria salvación, sus familiares encuentran desolación y muerte.

Las guerras son la ocupación de unos para hacerse más poderosos, no importa que invadan naciones enteras y sean los autores de los propios actos bélicos.

Unos contra otros. Los fuertes contra los débiles. 

Los dueños de los bienes sobre los derechos de los pobres.

No parece que haya remedio.    

Los gobernantes se ocupan de esos pobres pero estos no disminuyen.

El remedio esta solo en las reformas estructurales, que unos no quieren, porque pierden su status de privilegio.

Los exiliados son cascaras de plátano tiradas, unas en la banqueta y otras en el basurero.

La Declaración de los Derechos Humanos, es letra muerta. Es lógico, están ocupados en pacificar a las potencias. En repartirse el mercado y el mundo.

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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