Lo que está pasando en el PAN poblano no es una simple lucha por candidaturas y espacios de poder, aunque algunos así lo entienden y lo viven. En el fondo, es un choque de al menos dos proyectos torales y otros tantos enfocados a objetivos más particulares. Si prestamos atención a las partes en conflicto, veremos que en algo tienen razón y así como algunos apuestan a los proyectos, en todos lados también encontramos a los que hacen malabares para quedarse con tal o cual “pedazo del pastel”…
Claro que implica una lucha por el poder y el factor de riesgo es que al ocurrir los deslindes, todos terminen aferrándose a los aspectos en que les asista la razón y a cerrar los ojos a lo que cada polo debe corregir. De prevalecer la confrontación de posiciones, será irrelevante quién resulte vencedor porque habrá triunfado “la posición” en detrimento de la verdad…
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Todo Partido que se precie de ser tal, nace con una perspectiva de élite y desde ahí enfoca la vida democrática. Esto no es malo y más bien indica la forma en que surgen. Un Partido que se precie de ser democrático debe formar una élite que será presentada a la ciudadanía, mediante elecciones, para que constituya gobierno. Pero también debe elaborar una propuesta que buscará el aval de los electores. Este es el punto de partida, no lo único, para consolidar su carácter democrático. En la medida en que esa élite, que pretende gobernar, reciba el respaldo ciudadana, al igual que su proyecto, se darán los pasos en pos de la democracia, realidad que no se logra de una sola vez ni para siempre. La democracia se conquista y se preserva con las ideas y las acciones…
Lo complicado del caso panista es que hay en su interior visiones encontradas sobre el proyecto y sobre la élite. Afecta a Puebla y al panismo nacional, aunque ya está calando en la opinión pública por tantos “gritos y sombrerazos”. Son tendencias en distinta dirección y podrían terminar desgarrando al propio Partido…
“La impronta del origen…”
El PAN surgió de varios grupos que fueron coincidiendo en las mismas inquietudes. Una parte provenían de los que pensaban que los ideales de la Revolución mexicana habían sido traicionados por una pandilla de criminales que los sustituyeron por otros. Ni había democracia ni los campesinos eran dueños de sus tierras. Concluyeron que, para reencauzar a México, debían conquistar las instituciones educativas, sobre todo las preparatorias y universidades. Otra parte se componía de zapatistas y supervivientes de la Guerra Cristera, inquietos por la situación en el campo y la actitud antirreligiosa, sobre todo anticatólica, de la élite en el poder. Se comenzaron a sumar obreros, estudiantes y empresarios, hasta constituir el proyecto…
Diez años antes, los que eran señalados como traidores a la Revolución fundaron el Partido Nacional Revolucionario, que hoy es el PRI, encabezados por Calles. En los años 30, la élite que gobernaba a México hizo alianza con los enviados de la mafia italiana de Estados Unidos y poco después Cárdenas echó del país a Calles. Fue entonces cuando, en 1939, se pudo fundar el PAN. Era una élite confrontada con otra…
Conforme el PAN fue conquistando espacios y convenciendo ciudadanos, pero sobre todo al ganar gubernaturas y la Presidencia en el 2000, tuvo lugar el fracaso del proyecto histórico del PNR, mismo que se confirmó entre finales de 2013 y principio de 2015 con las reformas que impulsó Peña Nieto…
Pero con el ascenso al poder, aparecieron los problemas en el PAN. Antes, cuando se sabía que no era posible ganar elecciones pero había que dar un testimonio, los asuntos se resolvían en paz…
“Las élites democráticas…”
Tanto en el PAN como en el PRI se han sucedido varias élites que se fueron creando al paso del tiempo y de los cambios. Pero insisto: las élites no son malas en sí mismas. En el caso de los partidos políticos, hay que revisar si han hecho el esfuerzo de ganarse el respaldo ciudadano o sólo han empleado el poder con “maquillaje” democrático. O si se prefiere: ¿Se trata de un forcejeo de élites o de la democracia? El punto clave llega cuando una elite, pudiendo abrirse a la democracia, se enclaustra en sí misma. A cada Partido le toca decidir ese dilema y el PAN no es la excepción…
Tanto el Yunque como don Máximo y sus aliados constituyen dos élites, con uno que otro satélite a su alrededor. No se han puesto de acuerdo en los candidatos que ofertarán ni en la propuesta de cara a los electores, y cada uno “tira de la cobija” como mejor le parece. Al principio, don Máximo decía que el Yunque acaparaba todo y afirmaba que lograría la apertura del PAN. Hoy, el Yunque lo acusa de lo mismo y de ser autoritario. ¿Quién dice la verdad? ¿Cuál es la verdadera alternativa democrática? Para responder, hay que evaluar si han ido a la conquista de las estructuras y de los ciudadanos para fincar la democracia, porque es muy fácil hablar de ella cuando se busca el poder o se pierde. Les invito a revisar lo que escribía Manuel Bartlett cuando joven: pedía democracia y criticaba al autoritarismo. Van a reírse un buen rato…
De uno y otro lado de los que se disputan el PAN hay ejemplos de juego democrático y de imperativo de élites. No se trata de estar a medio camino entre ellos, sino de hacer notar que faltan algunas cosas para decir quién posee la opción más genuina. Tienen simpatizantes pero también sus críticos que en algo tienen razón. No han terminado de transitar de una democracia de élites a otra de mayor participación. Que ahora anden a la greña es una prueba…
“Las élites clausuradas…”
La democracia implica convencer a los demás y no sólo a los que integran la élite. De lo contrario, cada polo se encerrará en sí mismo y tenderá a creer que los principios éticos de su propuesta los justifican. En el entorno de don Máximo y del Yunque eso es lo que les ha pasado en mayor o menor medida. Cada élite cree que sus integrantes son los más calificados para tal o cual cosa, lo que les lleva al encuentro o desencuentro con la democracia, según la situación. He aquí la lucha de posiciones. Basta ver la lista de candidatos en cada elección o el reparto de los cargos para comprobarlo…
El “todo” es mayor que la “parte” y si la élite se vuelca sobre sí misma, sólo por casualidad topará con la democracia. En tanto no cambien, será complicado resolver el conflicto. En todo caso ocurrirá un nuevo reparto de poder para volver a enfrentarse en el futuro. Unos y otros han impuesto sus decisiones y candidatos cada vez que han podido. Basta preguntar a las estructuras del interior de Puebla para constatarlo. No se trata de concluir que como todos lo han hecho, no deben inconformarse. Más bien: cada parte tiene que ceder a favor de la democracia interna y abandonar la lucha dialéctica (y por tanto maniquea) entre los “buenos” y los “malos”, porque el lenguaje usado, aunque con distinta presentación, se asemeja. Dan por sentado que son lo bueno y la contraparte es lo malo. No estoy discutiendo quién tiene la razón, sino que las líneas discursivas se parecen mucho…
“¿Identidad o cambio? Falsa disyuntiva…”
Don Máximo quiere ser presidente de México y no desea esperar más allá de 2018. No le gusta compartir el poder y sabe que tiene el tiempo encima. Es verdad que cuenta con poco margen para lograr los objetivos previos a la sucesión presidencial. No hay acuerdo con Peña Nieto para 2015. Al contrario, le manda mensajes en el sentido de que piensa arrasar pero que se pueden entender para lo que necesite el Presidente. Le apoyaría a cambio de mayor presupuesto y que no lo estén fastidiando. Sería su salvoconducto hacia 20018…
Don Máximo prefiere resolver la inmediatez de la sucesión presidencial y por eso no tiene la intención de sentarse a negociar con el Yunque ni con nadie más. Esto conduce a una disyuntiva entre identidad y cambio, que en mi opinión no tiene razón de ser. El PAN se fundó en un momento en que era muy importante la propuesta ético-política, donde se asienta su identidad. La era global trajo aparejado partidos de cuño distintos, con un programa basado en los criterios de eficacia y eficiencia. Don Máximo lo dijo en el contexto del aniversario panista: quiere que difundan sus obras y resultados para conquistar a los electores. Ese es el PAN que busca y no hizo referencia a la identidad…
Entiendo las razones de don Máximo, pero sugiero revisar la situación del país a raíz de lo ocurrido en Tlatlaya e Iguala. La gente está harta de la violencia delictiva, de la corrupción, la impunidad y las mentiras. Si lo vemos bien, todo eso tiene que ver con la identidad ético-política, no con la eficacia ni la eficiencia. En las protestas se aprecia que las alusiones a lo último están en función de lo primero, no al revés. Si la ciudadanía pide seguridad y cumplir con un marco ético, don Máximo lo desaprovecharía al enfocarse sólo a los aspectos pragmáticos de la sucesión…
Vean a Peña Nieto que quedó atrapado en su juego. Nuevamente bloquearon carreteras, incendiaron la estación del Metrobús CU, delincuentes se enfrentaron a balazos con la Marina en Satélite y la marcha del miércoles hacia el Zócalo fue una muestra del descontento que prevalece. La captura del exalcalde y su esposa generó tantas expectativas que la opinión pública exige resultados, mientras AMLO sigue negando sus vínculos con ellos y con Berumen. El Presidente debería reconsiderar su viaje…
En el tema de la identidad hay que distinguir entre “objetivismo” y “realismo”, que por lo general se confunden. Lo primero es una “fotografía” de un determinado momento que pierde validez con el paso del tiempo y que te enclaustra en el pasado. Lo segundo es la identidad que se adapta con nuevas expresiones no para violentar sus principios ético-políticos, sino para cumplirlos mejor. Escuchando los argumentos del panismo tradicional parece existir dicha confusión. El PAN necesita cambios para confirmar su identidad. Por eso digo que el dilema es falso. No tienen que escoger uno de los dos…
En el PAN poblano hay variables excluyentes que se disputan la bandera democrática, los espacios, las candidaturas y su identidad. Vean un ejemplo de que usan el mismo lenguaje: Micalco y el Yunque dijeron que la militancia debía escoger a los candidatos, que a su vez tenían que asumir la identidad del PAN, y a su dirigente. Luego de la oleada de afiliados, Eukid expresó lo mismo, que siempre sí son los militantes los que deben tomar las decisiones. Tal cosa ocurre en una confrontación de posiciones…
Luego de la reelección de Madero, don Máximo se enfilo al deslinde para saber quiénes estaban con él. Esto se acentuó con motivo de la crisis por lo de Chalchihuapan. En ese contexto, se reavivó la pugna entre Micalco y Eukid, con motivo de los afiliados. Parece que no se percataron que cayeron en el deslinde que deseaba don Máximo y en cuanto a las nuevas afiliaciones, hay tres opciones: que el CEN las confirme, que las rechace o que se impugnen en tribunales. No creo que Anaya las dejase llegar al punto en que están para luego rechazarlas…
Identidad y cambio no son una disyuntiva, excepto en las posiciones excluyentes y están a tiempo de resolver el asunto. Al PAN le hacen falta los criterios de eficacia y eficiencia, pero el Yunque afirma que el transpartidismo de don Máximo introdujo elementos de la identidad de su adversario histórico, el PRI. Don Máximo debe valorar que el descontento que hoy golpea al Presidente rechaza al viejo PRI y corre el riesgo de ser etiquetado en la carrera hacia Los Pinos. La pragmática del poder sin una verdadera identidad ético-política facilitará lograrlo. Vale la pena que apuesten por la democracia, la identidad, la eficacia y la eficiencia, y no por la exclusión mutua…
Hasta entonces…
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