¿Cuál es la diferencia entre los muertos del 2 de Octubre en Tlatelolco, el halconazo del 10 de Junio, Aguas Blancas, Acteal perpetrados por gobiernos surgidos de entre las filas del viejo PRI con los de Tlatlaya e Iguala realizados por los nuevos rostros televisivos de los priistas actuales?
¿Cuál es la diferencia entre la violencia desencadenada por los gobiernos panistas del vetusto e ignorante Vicente Fox y del paranoico Felipe Calderón con la que hoy pretende ocultar el gobierno de Peña Nieto?
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¿Cuál es la diferencia entre los robos del Fobaproa, el fraude carretero, el robo de las pensiones para alimentar a los banqueros extranjeros a través de las Afores, y el robo del patrimonio nacional llevado a cabo en las llamadas reformas energéticas para regalarlas a empresas transnacionales?
¿Cuál es la diferencia entre la forma de gobernar en los estados priistas, perredistas o panistas que acumulan negligencia y acciones criminales como las sucedidas en Tlatlaya, Iguala, San Fernando, Allende en Coahuila, Villas de Salvarcar o Chalchihuapan?
¿Cuál es la diferencia que existe en la forma de vivir de los ciudadanos más pobres que son gobernados por personajes emanados de los distintos partidos políticos?
¿Cuál es la diferencia entre las acciones criminales de las empresas taladoras de la selva de Chiapas gobernadas por el PANAL, o las de las compañías mineras solapadas por gobiernos panistas y priistas?
La mera verdad: ninguna
Y es que hemos llegado a tal nivel de incompetencia de los gobiernos, cualquiera que sea el signo partidista, que los ciudadanos comunes hemos quedado como nunca expuestos a ser sujetos de cualquiera de las formas de violencia concebible, ya sea la que proviene de la delincuencia organizada o bien la que proviene del Estado.
Esto nos hace concluir que ya estamos viviendo la realidad del llamado Estado Fallido, donde la ingobernabilidad, la impunidad, la corrupción y la violencia resultan ser el denominador común en la vida de quienes todavía vivimos en este país.
Esto nos hace concluir que ya estamos viviendo la realidad del llamado Estado Fallido, donde la ingobernabilidad, la impunidad, la corrupción y la violencia resultan ser el denominador común en la vida de quienes todavía vivimos en este país.
Insisto: ¿cuál es la diferencia entre el antes o el hoy o el después?... ninguna, simplemente ninguna; en México sus ciudadanos nos encontramos inermes.