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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Las colas, nuestro diario calvario

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Septiembre 29, 2014

Hacer hilera, o cola como se le llama comúnmente en México, es parte de la vida institucional del país. A diario, millones de mexicanos cumplen con este ritual. Y lo hacen, lo hacemos, con el ánimo de todos los tonos.

Antes era propio de las tortillerías, de la compra de boletos para un espectáculo, o frente a la taquilla para viajar a alguna parte. Inclusive en los cines. Hoy las colas no son privativas de estos lugares.

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Se han extendido a todas partes. Aquí en Puebla, miles de ciudadanos todos los días cumplen esta tarea  de un modo casi religioso, por aquello de que tiene  algo de calvario.

Un alto porcentaje lo hace  con una carga de malestar apenas contenida. La irritación a flor de piel. Con una actitud en la que el reproche, la maldición o el insulto abierto brotan al menor roce con la burocracia.

Hay razones para todo esto, claro.

 Otros, un alto porcentaje, han  decidido tomar las cosas con filosofía. Visto está que no hay poder humano que modifique las formas  para que un asunto marche.

Para que se apruebe un documento, para que salga un acta, una constancia, una licencia,  una ficha, unas placas, un certificado notarial, una escritura…Las colas son principio y fin de todo trámite.

Uno termina por concluir que hacer cola es parte de la vida. Un tercio de la vida es para  trabajar, otro parte dormir, y el otro para hacer trámites y gestiones de la más variada índole. Y un porcentaje del nocturno reposo es para planear las gestiones del día siguiente.

Si este martirio  es inevitable, paso obligado para el normal vivir, así hay que entenderlo.

Desde luego, la tramitología tiene cumbres  del absurdo. Es el imperio de la sinrazón en muchísimo casos. El pretexto para el cobro, o el robo, bajo el disfraz de un “trámite que es necesario”, “así  lo marca la ley, no es cosa de nosotros”, “hay que pagar, ya ve usted como es esto”…

Y se ve de todo en esta escena cotidiana bipolar: en un extremo la burocracia implacable, soberbia, en el otro el ciudadano común, cumplidor, responsable. Claro, rumiando pestes contra el poder.

Quienes han tomado las cosas con calma,  asumen la realidad con madurez. Saben de las colas y largas esperas y se llevan un libro, un tejido,  o una tablet  para aprovechar el tiempo.

 Hay quienes van conscientes de que es oportunidad de saludar a la gente, compartir tribulaciones y hasta encontrar viejos conocidos. De esas colas han surgido amistades y hasta romances.

No faltan los imprevisores  o negligentes. Van sin los documentos esenciales y, lo peor, sin pluma para llenar formas o firmar documentos. A la hora piden una al de junto, que tampoco lleva. En el cuarto o quinto lugar milagrosamente dice   una señora que sí  lleva, pero hurga en lo profundo de su bolsa de mano (casi closet) y por fin la encuentra.

Saca la raspada  pluma que le dieron hace mucho en un banco o en una campaña política y ¡oh Dios , no pinta!.Otro de más allá ofrece una. Se la da al solicitante y justo cuando llena la forma llaman al prestador a su turno en la ventanilla. Y el que la pidió pasa a su trámite y ¡jamás devuelve la dichosa pluma!.

Hay raterillos de plumas, delincuencia menor, no se crea usted…

No faltan los comerciantes. En la antesala de las colas han creado toda una gama lucrativa  de comestibles y bebestibles de todo orden. Ironías de la vida: hacen alarde de su variada mercancía e impune poder, con mercaderías carentes de higiene, sobre todo junto a los hospitales…! Y el colmo: figuran médicos, pasantes y enfermeras entre sus dilectos  clientes.

Otros venden sobres de plástico porta credenciales, de todos tamaños. No falta algún gestor, “canis latrans” nos diría don Carlos Lineo, vulgo “coyote”, que ofrece discretamente sus servicios.

 Ah, la iglesia católica no está exenta de la tramitología. Muchas almas sufren en vida las penurias que impone el poder cural  previamente a bautizos, bodas, primeras comuniones, entierros, misas de difuntos y santos oleos.

Muy justo es decir que dentro de la burocracia hay personas honestas, responsables, honorables y serviciales. Se encuentra uno a empleados modelo de ejecutividad. Me quito el sombrero. O la gorra de beisbolista en mi caso.

Llama la atención en su caso, aparte de su diligencia, su buen sentido del humor a pesar de lidiar a diario con cientos de ciudadanos y una pesada carga de trabajo.

Así son las colas en este país. Es cierto, burocracia la hay en todas partes. Hay ciudades y países iguales o peores en este aspecto. Pero ya sabemos, mal de muchos consuelo de pe…lafustanes.

Hay naciones  de otro nivel. Admirables en sus procesos organizacionales en servicios y prestaciones, públicos y privados.

Sería legítimo tomar algo o mucho de allá y aplicarlo aquí. Sano es copiar lo positivo, puesto que no estamos hechos de materia distinta. Algún día habrá gobernantes o líderes que lo hagan. Mientras tanto, habrá que esperar haciendo cola…..

xgt49@yahoo.com.mx

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