Cuando el gobernante ha perdido como referente la búsqueda del Bien común, cuando lo que lo motiva todos los días con fruición es nada más y nada menos que la obtención y el mantenimiento del poder por el poder mismo; cuando ya no acepta críticas sino solo lisonjas; cuando ha abandonado el consejo de hombres y mujeres más prudentes y sensatos y procura sólo la compañía de aduladores y oportunistas, no se espera de su actuación más que excesos, abusos y arbitrariedades.
Cuando el gobernante deja de ceñirse a la ley y más aún, la manipula y la reforma para que quede a su antojo; cuando al cambiar su parecer, vuelve a cambiar la ley; cuando no respeta a las instituciones sino que las atropella, las denigra y las pisotea, es capaz de cualquier ocurrencia y las libertades peligran.
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Cuando en lugar de empeñarse en acciones y proyectos que ayuden a mitigar la pobreza, fomenten la prosperidad e inciten el desarrollo humano, se dedica a medidas fútiles, a promover eventos frívolos y a entregar a la población sólo “pan y circo”, seguramente no será recordado por su pueblo en el futuro como un buen gobernante, sino que pasará a engrosar la larga lista de autócratas que la humanidad ha sufrido.
Cuando en lugar de promover a los mejores hombres y mujeres para los distintos cargos de responsabilidad, según su propio perfil y circunstancias, sólo empuja a dichos cargos públicos a los leales -mientras más abyectos mejor, mientras más privados de iniciativa, mejor- se atenta contra la vida republicana y contra la salud de un Estado.
Tal es lo que aconteció allá por los años iniciales de la era cristiana cuando el emperador Calígula llegó a proponer a un servil Senado como nuevo Cónsul a su estimadísimo caballo Incitatus. Reflejaba por un lado su amor a su caballo de carreras y por otro con sutileza, mostraba su desprecio a la institución que había sido orgullo del espíritu romano.
No era el primer favor a Incitatus; cuentan los historiadores que ya le había mandado construir una caballeriza de mármol, que lo consentía con mantas de tela teñidas en púrpura, reservada a la familia imperial, y con collares de piedras preciosas. Por si fuera poco, la noche anterior a cada carrera, el Emperador exigía, bajo pena rigurosa, en las cercanías absoluto silencio y así el caballo pudiera descansar bien.
Hoy, veinte siglos después, como ciudadanos, debemos poner nuestro esfuerzo y nuestro juicio en impulsar y respaldar a todos aquellos que han mostrado capacidad, congruencia y determinación en su vida y cargos previos, para que obtengan con el respaldo popular nuevas encomiendas y responsabilidades en la construcción del bien común.
Buenos servidores públicos y representantes populares. Ya no más Incitatus.
PUNTO Y APARTE
En el Partido Acción Nacional ha sido señal de estabilidad institucional la duración fija de los periodos de las dirigencias. Independientemente de resultados electorales, de vaivenes políticos, el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité Directivo Estatal y el Comité Directivo Municipal son electos por tres años. Intentar o promover la salida anticipada de un Presidente y/o su comité debe ser repudiado como lo que es: un intento desestabilizador y contrario a la institución.
Regidor del H. Ayuntamiento de Puebla
juan.espina@pueblacapital.gob.mx
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