“El pobre está lleno de temores y se imagina
que todo el mundo le desprecia”
Más artículos del autor
Menandro
En estos tiempos que nos está tocando vivir, correspondientes a la postmodernidad, en un globo terráqueo donde se ubican diferentes pueblos y naciones, es importante distinguir y entender bien cuáles son los elementos, las “estructuras” que integran una sociedad.
Hay diferentes grados de desarrollo de las naciones: están los pueblos desarrollados, otros en vías de desarrollo y muchos en el subdesarrollo.
Los medios de comunicación electrónica y escritos, informan cotidianamente de los diversos aspectos y perfiles de la vida mundial.
En el mundo se distinguen los pueblos de gran prosperidad: tienen un máximo de empleo de la fuerza de trabajo, de explotación de los recursos naturales, de la toma de decisiones económicas, políticas y sociales por la vía “democrática”.
El otro grupo, es el de una prosperidad mediana, donde hay empleo pero también altos índices de desempleo, de la explotación de los recursos naturales por compañías de los países desarrollados y la toma de decisiones políticas y otras por procesos democráticos simulados.
Los pobres se caracterizan por un alto índice de desempleo, bajos ingresos, escasa demanda de bienes y servicios, deficiencia de hospitales y servicios médicos, educativos, culturales, entre otras carencias personales y colectivas.
En fin, todas las sociedades de hoy como las primigenias están conformadas por una infraestructura, por una estructura económico-social y una supra estructura política-ideológica y religiosa.
Las tres estructuras deben corresponderse armónicamente, teniendo, digámoslo así, vasos comunicantes en donde juntas crezcan y no predomine una sobre otra, porque entonces las flaquezas de la sociedad son más dramáticas.
La supra estructura que se desarrolla más y no deja crecer a las otras dos, demuestran que una sociedad se encuentra en un estado patológico.
Las tres deben crecer en forma armónica, con equidad y calidad.
Antífanes escribió: “El afán de riquezas obscurece el sentido de lo justo y lo injusto”.
Todo este largo preámbulo lo he plasmado con motivo de la puesta en servicio del tramo final del nuevo corredor México-Tuxpan.
Las grandes obras de infraestructura: carreteras, autopistas, aeropuertos, puertos, edificios escolares de los diversos niveles, hospitalarios, instalaciones culturales, deportivas permiten calificar de un modo la cualificación de una sociedad.
En la época prehispánica, había caminos pero no estaban pavimentados. Entre los aztecas, los comerciantes o pochtecas, a pie, formaban sus rutas.
En México, en la época colonial se construyeron “vías de comunicación” para poder viajar a pie o en acémilas o caballos.
En el siglo XX, se construyó, durante el gobierno de Álvaro Obregón la antigua carretera federal México-Puebla. Después se construyeron las carreteras Puebla-Teziutlán, Puebla-Tehuacán, Puebla-Izucar, Puebla-Acatlán.
Estas carreteras y otras se construyeron en 70 años. 1920-1990.
Así entonces, las tres estructuras empezaban a corresponderse.
La nueva autopista México-Tuxpan, es un medio permitirá competir con las naciones desarrolladas.
Hizo bien el presidente Enrique Peña Nieto en decidir una inversión de 9 mil millones de pesos para poner en servicio esta importante vía de 280 kilómetros.
Ahora el tráfico de mercancías, servicios, recreación, estarán más al alcance de muchos, lo que perfila una sociedad con más empleo, mejores ingresos y por lo tanto satisfacer el estamento de los más pobres.
El corredor México-Tuxpan, como efecto permitirá alcanzar mayores tasas de crecimiento como las de los países desarrollados.
“…Mejores carreteras, autopistas, son las grandes arterias que oxigenan al país”, como lo expresó el Presidente.
Como es natural imaginar, el tiempo para transitar del distrito Federal a Tuxpan, será máximo en tres horas y no en siete como se hacía.
Este último tramo, que permitió la inauguración, demando una inversión cuantiosa, que recuperó para su uso productivo la inversión realizada en sexenios anteriores.
Vale señalar que esta obra de ingeniería cuenta con varios puentes y uno de estos, ejemplo de la avanzada ingeniería mexicana, que lleva el nombre del Ing. Gilberto Borja Navarrete, un hombre de alta calificación profesional y de gran calidad humana.
Esta vía que se ha inaugurado, propicia una gran conectividad entre los estados.
Esta obra obliga a modernizar el puerto de Tuxpan “…una gran puerta de acceso y de salida de las mercancías hacia distintas partes del mundo”.
Este corredor inaugurado comunicará a 20 millones de mexicanos, unos en autobuses y otros en automóviles. Ya no son necesarias las carretelas.
En relación con estas líneas, vale meditar en lo que escribió Kant: “La riqueza ennoblece las circunstancias del hombre, pero no al hombre mismo”.
Esta otra sentencia de G. Bernard Shaw: “En un mundo feo y desdichado el hombre más rico no puede comprar nada más que fealdad y desdicha”.
Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com