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El desastre de "Odile" | Patricia Estrada
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El desastre de "Odile"

Patricia Estrada

Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM

Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.

Domingo, Septiembre 21, 2014

 La mala costumbre de agandallarse al otro cuando baja la guardia provocan actos inaceptables como lo sucedido en Baja California Sur donde peleaban como buitres algo más que latas de frijoles y agua embotellada.
  
  En una semana, el huracán "Odile" cambió el rostro de Los Cabos; el paraíso terrenal se transformó en un escenario de histeria e inseguridad como nunca antes habíamos visto tras el paso de un ciclón. Los rayos del sol mostraron el tamaño del desastre turístico y social.
  
  La contingencia trastornó a los habitantes de la región, quienes literalmente asaltaron las tiendas comerciales; apropiándose de artículos innecesarios para resolver la urgencia de alimentación; los carritos de supermercado estaban repletos de bicicletas, pantallas y equipos de sonido. 
  
  Los Cabos se volvió por un momento el sitio más peligroso del país, antes de que el gobierno federal tomara el control de la situación. El caos obligó a a decenas de personas a colocar barricadas frente a sus casas ante el miedo de ser asaltados. Vaya imágenes de gente armada dispuesta a matar en defensa de su familia y patrimonio.
  
  Los damnificados pasaron por encima de los soldados, nadie se intimidó ante su presencia. En este tipo de emergencias, los militares colaboran en acciones de coordinación y limpieza; ni modo que sacaran un arma para detener los robos al despoblado (eso hubiera sido muy arriesgado).
  
  Hasta hace tres años, los lugareños de Los Cabos presumían el ambiente de tranquilidad. "Usted puede dejar abierto su coche aquí toda la noche y nadie se lo roba", me dijo en una ocasión un promotor turístico (por cierto de un hotel hermoso propiedad de la familia de Doña Socorro Romero, quien fuera la prominente empresaria de Tehuacán). De ahora en adelante, quizá la seguridad no sea la misma.
  
  Los Cabos es una maravilla natural; el clima, sus playas, su oferta turística y la camaradería de su gente. Entonces ¿Qué pasó? Parece que el huracán se llevó algo más que los hoteles, las casas y el mobiliario urbano.
  
  A pesar de los problemas de comunicación y logísticos que inclusive llevaron al Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong a tomar el telefono y decirle a su oyente "agua, aquí hace falta agua, no me están entendiendo".. Algunos hoteles mostraron sentido común y alojaron a los turistas que habían concluido su estancia pero estaban atrapados en el centro del huracán.
  
  A diferencia de varios hoteles que en Guerrero cobraron hospedaje y alimentación extra a sus clientes cuando "Ingrid y Manuel" se encontraron en el puerto de Acapulco; el sector empresarial de Baja California Sur atendió la emergencia con responsabilidad; y a cambio algunos huéspedes agradecieron el buen gesto apoyando en las tareas de limpieza mientras salían de Los Cabos.
  
  Las aerolíneas apoyaron el puente aéreo que organizó la Policía Federal para sacar entre todos a la mayor parte de los turistas nacionales y extranjeros; lo irónico es que a sabiendas de los pronósticos de "Odile" nunca frenaron la venta de boletos... Llevaron a decenas al ojo de la tormenta.
  
  Como siempre Cruz Roja promoviendo la ayuda humanitaria; y muchos ciudadanos respondiendo con el mejor deseo de paliar un poco los estragos de quienes perdieron casi todo. 
  
  Los Cabos tendrán que brillar a corto plazo; tal como lo hizo Cancún cuando "Wilma" desapareció hasta la arena de la playa en 2015. Ambos puntos son entradas de divisas; los gobiernos no se darán el lujo de retrasar las obras de reconstrucción de cara a la próxima temporada vacacional.
  
  El embate de los fenómenos climatológicos es inevitable porque el cambio climático es una realidad; la naturaleza se cobra la factura del descuido o dolo humano que se traduce todos los días en el destrozo ambiental, a gran o menor escala pero con el mismo resultado trágico: Inundaciones, sequias, granizadas, huracanes, damnificados y muertos.
  
  Que esta experiencia de "Odile" sirva al país para reflexionar si esas conductas hacen la diferencia entre recuperar lo perdido o por el contrario, es un signo de alarma sobre la descomposición social que estalla en los momentos más adversos.
  
  Ojalá que la solidaridad que distinguió a México durante el sismo de 1985 regrese para quedarse. No necesitamos militares que eviten la rapiña sino ciudadanos que no caigan en el delito.
  
  Mi cuenta en twitter @estradapaty

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