El próximo lunes 1 de septiembre se llevará a cabo el acto protocolario de entrega del Segundo Informe de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. Esta obligación constitucional se da en un momento muy importante, pero al mismo tiempo polémico. Si bien este Gobierno ha trabajado arduamente y de manera consistente para avanzar en las metas propuestas en el Plan Nacional de Desarrollo, también es cierto que en el pueblo mexicano existe incertidumbre por ver una mejoría sustancial en su nivel de vida. De igual forma, concretar resultados en abatir los índices de inseguridad y violencia que se vive en ciertas regiones, también constituye de las mayores prioridades del mexicano.
El haber alcanzado las Reformas estructurales, partiendo del Pacto por México, ya es de por sí un logro digno que pasará a los anales de la Historia Nacional. Su valor y trascendencia son avalados por propios y extraños, considerando que son el resultado de inteligentes planteamiento técnicos en cada uno de los temas; se innovarán soluciones a los problemas de fondo de los diversos campos de la vida nacional y en los que impactarán el paquete legislativo aprobado, mismo que fue resultado de consensos inéditos en la vida reciente de la política nacional. Esto, sin duda, abre un espectro de esperanzas y oportunidades para detonar el crecimiento económico, el cual deberá ir acompañado de las políticas públicas más adecuadas, que permitan una mejor redistribución de la riqueza nacional y que a la vez consolide una clase media más fuerte, como medio para ir cerrando las grandes brechas de desigualdad que nos afectan.
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Es indudable que el camino del verdadero desarrollo nacional todavía es arduo, por lo que se esperan retos duros de enfrentar. Por lo pronto, a pesar de la solidez macroeconómica, aún falta mucho para llegar a vislumbrar un crecimiento robusto y sostenido como lo necesita México. Las variables y factores tanto externos como internos, no permiten consolidar el aumento de la economía mexicana en términos deseables, pero, como se ha venido insistiendo, las soluciones mágicas nunca han existido. Solo con disciplina y tomando las decisiones correctas y oportunas, se podrá tener un verdadero proyecto de nación, tal y como lo ha propuesto el Presidente Peña Nieto, por lo que es indiscutible que los grandes sectores nacionales que demuestran su descontento, solo podrán entender quién tuvo la razón histórica al ver resultados concretos. Así es la política.
Mientras, los mexicanos presenciamos un debate polémico en el que un Presidente toma conciencia de su papel de Estadista, apostando a hacer lo necesario para cambiar al país, dejando de lado su imagen y echando toda la leña al fuego, pero en el otro lado, vemos grupos que de manera visceral se dedican a denigrar y atacar el gran esfuerzo de diseñar, planear, gobernar y no solo administrar inercialmente. Y es que si no era ahora, jamás se daría este marco, en donde se insertan no solo buenas intenciones, sino específicamente, acciones concretas de beneficio colectivo. Porque sin duda, han sido muchos los damnificados por las Reformas, muchos cotos de poder ven menguados los privilegios de los cuales gozaron por años. Y esto apenas empieza. El golpeteo generado de manera intensa confirma que la libertad de expresión y el dialogo permanente son las constantes sobre las que se mueve este Gobierno. E increíblemente se va fortaleciendo con la experiencia y los logros que se van acumulando, para perfilar una curva de crecimiento hacia el 2015. Todavía falta grandes acciones que repercutan en rescatar el campo y erradicar el hambre definitivamente, solo por mencionar algunas muy emblemáticas.
Es muy claro que el próximo año será un año definitivo para Enrique Peña Nieto y su gobierno. Si habrá de pasar a la historia como el Presidente que hizo las reformas, pero que además las consolidó, se verá en el siguiente año, ya no habrá más tiempo. No lograr mayoría en la futura Cámara de Diputados sería un daño terrible para el proyecto, pero aún más el no lograr un crecimiento que rompa la tendencia mediocre de los últimos años y que se encamine, de una vez y por todas, a llevar a este país a los niveles de productividad que tanto urgen. Así que es necesario detenidamente analizar cada uno de los logros peñistas y las áreas de oportunidad que presenta este 2014. Sin duda, existen muchas cosas dignas de resaltar, pero para mi gusto, hay que rescatar el valor y congruencia de un Presidente que ha enfrentado el gran reto de cambiar a un país y dotarlo de las capacidades para ser dueño de su propio destino. Esperemos su mensaje a la Nación para constatar que estamos en los momentos decisivos.