El país entero detectó en 1962 al Coronel Joaquín García Valseca, como al hombre de amplia relevancia social en la época sobre el que Carlos Fuentes habría construido al personaje de su trama: “La Muerte de Artemio Cruz”.
Relato claramente inspirado en el tratamiento narrativo que Herman J. Mankiewicz le imprimiera a la cinta “El Ciudadano Kane”, a todas vista inspirada en la persona del magnate de las comunicaciones Walliam Randolph Hearts y que fuera dedicado por Fuentes a Wright Milles ,quién , por esas fechas, había publicado un apasionado alegato a favor de la Revolución Cubana bajo el título : “Lisent, Yankee”.
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“El Sol”, nombre original del diario nacido el 5 de mayo de 1944 con el deliberado propósito de impulsar la candidatura de Maximino Ávila Camacho a la presidencia de la República, sería con el tiempo el origen de la cadena “García Valseca” y, a partir de los años 70 de la “Organización Editorial Mexicana”, contando con una cobertura editorial que cubre con creces y desde hace muchas décadas, todo el territorio del país.
Haber sido invitado por mi amigo Francisco Jiménez Villa a platicar en su programa de radio sobre los 75 años del exilio español, resultó una experiencia por demás interesante, entre otras cosas , por el hecho de que la cabina de transmisión se ubica en la casona colonial en contra esquina de la Catedral de Puebla y conocida desde tiempos coloniales con el pintoresco nombre de “La Casa del que mató al animal”.
Amén de la leyenda novohispana que hace recaer en su original constructor la proeza de haber dado muerte a una gigantesca serpiente de características similares a las de una boa constrictor, cuya especie, por lo demás no es propia de nuestras latitudes, se erige , asimismo, en la sede desde donde el Coronel Joaquín García Valseca habría dado inicio a la conformación de un consorcio periodístico que, salvadas todas las distancias, sería el equivalente entre nosotros en su momento a lo que llegó a representar el poderío de Hearte desde los tiempos de la “Guerra de Cuba”.
Realizar un trabajo de opinión periodística en una sede así constituye un reto de gran calado atendiendo a diversas consideraciones, en primer lugar, son hoy pocas las personas que recuerdan lo que García Valseca llegó a representar en la vida del país, y, por lo demás, Carlos Fuentes ya no está entre nosotros, recordar sus páginas, en consecuencia le otorga al espacio en cuestión una pesadumbre cargada de significado.
Páginas en la que “Artemio Cruz” rememoraría en sus momentos de agonía , el drama vivido en los días en que un hijo suyo habría caído en combate durante la “Guerra civil” al unísono de que sus diarios suavizaban toda la información concerniente al caso; recordar los 75 años del exilio español en tal escenario, no deja por todo ello de resultar una experiencia fantasmal incluso, sobre todo en los días que corren , en los que se rinde homenaje en España a la “Brigada Cóndor” con el beneplácito de las autoridades de aquel país, suscitándose una suerte de empalme de imágenes que brotan en la mente delirante de un enfermo sin obedecer a lógica alguna de secuencia en el tiempo como las que , acaso, se habrían agolpado en el delirio agónico de “Artemio Cruz” según el relato de Carlos Fuentes.
No cabe la menor duda, haber contado con la gentil hospitalidad de Francisco Jiménez Villa para charlar sobre un aniversario más del exilio español se erigió por más de un motivo en una experiencia revestida de significados profundos y múltiples, motivo por el que le estoy profundamente agradecido.