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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

En busca de la concordia

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Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Jueves, Julio 24, 2014

En Consejos políticos, Plutarco, uno de los grandes historiadores clásicos grecorromanos, señala que un buen político, entre otros atributos, debe tener un espíritu de concordia suficiente para no tomar partido cuando las cosas están polarizadas. “Así que, entre las funciones que le atañen, lo que queda en manos del político –cosa que no es inferior a ninguno de esos bienes- es introducir siempre concordia y amistad en la convivencia cívica y suprimir toda discordia, división y enemistad.” (Plutarco, 2009: 176).

Concordia y amistad son el oxígeno necesario de una sociedad dinámica, capaz de crecer, desarrollarse y lograr la realización de los estándares humanos necesarios para que broten todos los aspectos de humanidad en la convivencia entre los seres humanos: cultura y civilización, elementos que el propio Plutarco pudo experimentar mientras vivía y colaboraba en los asuntos públicos de Queronea, su ciudad natal, sometida al imperio de Roma. El resultado era precisamente ese, el brote de una de las grandes civilizaciones, la grecorromana.

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El problema es cuando no existe tal disposición, cuando lo que menos hay es concordia y amistad sociales y políticas, cuando, por el contrario, lo que hay es polarización y discordia, división y enemistad. Hasta la justicia, cuando se vuelve excesiva se torna injusta. En efecto, como sostiene Paul Ricoeur en Lo justo, un buen pulso para medir lo injusto es el grado de indignación que provoca el acto en cuestión. Dice el filósofo francés que una de las cosas que indigna es la repartición desigual cuando se debe repartir en igualdad de condiciones y circunstancias. Otra es cuando no se cumple la palabra o el compromiso, Y, una más y acaso más sutil, cuando un castigo que se amerita se inflige de forma desproporcionada. Imagínese, amable lector, en este último caso, que por no comerse la sopa, una madre o un padre agarran a cachetadas y a bofetadas a su hijo de dos o tres años. ¿No causaría indignación tal acto?

Es verdad que la concordia y la amistad son los elementos óptimos de una sana convivencia social y política, ¿qué ocurre cuando lo que hay es, en cambio, polarización y deseo de venganza? Pero también es cierto que cuando no hay un mínimo de indignación ante actos injustos, como la desproporción de la que habla Ricoeur, la justicia es burlada.

Eso es lo que se percibe en el caso de la muerte del adolescente José Luis Alberto Tehuatlie. El problema no es un manejo de crisis, sino un hecho y una realidad: un chavo que perdió la vida y que no debía haberla perdido; no por las razones aludidas. Pero el hecho está ahí. Y desde luego las explicaciones y las causas deberán decir lo que en realidad pasó y, en el derrotero de la justicia, el castigo proporcionado a los causantes. Ello evitará la polarización y, en la medida de lo posible, resarcirá el hoyo de indignación y de falta de credibilidad.

El propio Ricoeur, en otro texto, Historia y verdad, reflexiona sobre la necesidad que tiene todo ejercicio de poder público (y todo poder a secas) de una justificación racional, de un argumento lógico para justificarse y legitimarse. Si bien, escribe, la política es el ejercicio del poder en su dinámica de adquisición, posesión y expansión, lo político siempre será el argumento, la razón y la justificación de toda decisión política. Sin este elemento la política se vuelve mero pragmatismo que, tarde o temprano, se desfonda.

El propio Maquiavelo en El príncipe recomienda no sólo ejercer el poder a la manera del león, esto es, mostrando garra y fuerza, sino que se debe tener simultáneamente la astucia del zorro, es decir, inteligencia y cabeza fría. Porque por muy fuerte que sea el león, termina cayendo en la trampa, y por muy astuto que sea el zorro, sin fuerza no alcanza su cometido. Ambos elementos son necesarios.

Por tanto, no es un mero asunto de manejo de crisis, sino un asunto de verdad, de que reluzca la verdad y se muestre, es el mejor homenaje al adolescente muerto y a todas las víctimas, tanto manifestantes como policías que resultaron heridos. Y es algo que merece toda sociedad que pretende ser democrática y bien informada.

Notas bibliográficas:

Plutarco (2009): Consejos políticos / Sobre el exilio, introducción, traducción y notas Raúl Caballero Sánchez, Alianza (Clásicos de Grecia y Roma, 8304), Madrid, 279pp.

Ricoeur, Paul (1999): Le juste, Éditions Esprit, Paris, 1995 [versión castellana: Lo justo, traducción e introducción Agustín Domingo Moratalla, Caparrós Editores (Colección Esprit), Madrid, 208pp.].

Ricoeur, Paul (1990): Histoire et Vérité, Editions du Seuil, Paris, 1955 [versión castellana: Historia y verdad, traducción Alfonso Ortiz García, Encuentro, Madrid, 3ª edición, 318pp.].

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