Hace ya algunos años, en una región misteriosa que llamamos pasado en el que las sombras y la luz que irradia el sol ésta revestida de tonalidad muy distintas a las que hoy apreciamos en ellas, compartía en algunas ocasiones la sobremesa con don Alfonso Taracena, considerado junto a Salvador Novo uno de los más importantes cronistas de la literatura mexicana al menos al decir de Hugo Gutiérrez Vega .
Taracena que rondaba por aquellos tiempos la centena, manteníase no obstante plenamente lúcido, tal y como queda de manifiesto en las colaboraciones que semana a semana publicaba en las páginas de “El Universal”, y, en alguna de aquellas sobremesas evocaría ampliamente a su amigo el poeta Carlos Pellicer Cámara con quién habría compartido andanzas desde los días de la campaña presidencial de José Vasconcelos.
Más artículos del autor
En fechas recientes, otro gran amigo mío de inestimable valía, el romanista Francisco Villalón Esquerra se ha dado a la tarea de rememorar al insigne poeta tabasqueño, tuve así el gusto de escuchar su brillante intervención en el programa que fuese producido por el Canal de Televisión del Congreso sobre Pellicer y posteriormente, de asistir el pasado 18 de julio a la conferencia en la que Paco se diera a la tarea de encontrar la huella de la poesía de Pellicer en la obra de los más destacados arquitectos del México de finales de siglo como Luis Barragán y Pedro Ramírez Vázquez.
De tiempo atrás habría tenido la intuición de que, si en alguien la arquitectura, que ciertamente es poesía de piedra en espacios abiertos, habría tenido claros ecos del pensamiento y la sensibilidad del autor de “Hora de Junio”, es acaso en el diseño urbanístico de Brazilia por parte de Oscar Ninmeyer, no en balde Vasconcelos pensaba en la ciudad de “Cosmópolis” asentaba en medio de las selvas amazónicas.
En los tiempos actuales en los que nos enfrentamos a una de las más profundas transformaciones en la civilización humana de la que se pueda guardar memoria, hombres como Francisco Villalón se han dado a la tarea de rescatar el alma de México en la persona de uno de sus más insignes poetas, y al rescatar el alma de los avatares de la cotidianeidad los matices de las luces y las sombras de hoy se identifican con los de la región misteriosa del ayer y pareciera que podemos seguir oyendo a Taracena en las sobremesas del “Café Italiano” que se encontraba en las inmediaciones del “Hotel del Prado” y que como aquel desapareciera en los sismos de 1985.
albertoperalta1963@gmail.com