Diversas notas periodísticas de sucesos recientes en nuestro país me permiten hacer esta pregunta.
Cosas que no resultan de tanta trascendencia como para ser analizadas por sociólogos, o psicólogos, o antropólogos sociales, sino que más bien pertenecen a asuntos de lo cotidiano como el fenómeno de las llamadas "ladys" reproducidas cual plaga apocalíptica; o bien el caso de los noveles políticos panistas detenidos en Brasil por "manosear" a la esposa de un personaje influyente de ese país.
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Y qué decir de la "ocurrencia" de la artista de Televisa que celebró su cumpleaños en la rotonda de las personas ilustres en un panteón del DF, demostrando con esto lo que sucede cuando se desciende a lo más bajo de la escala humana, o bien la presentación del Dr. Mireles rapado de la cabeza dejando en evidencia el descarado abuso de poder que caracteriza a la "delincuencia organizada y legalizada" representada en esa entidad por el virrey Castillo.
Esto mismo nos preguntaríamos buscando una respuesta racional a tragedias como las sucedidas en Allende, Coahuila donde 300 personas fueron asesinadas a sangre fría y después sus casas arrasadas, o el reciente fusilamiento de 22 personas en el Estado de México por elementos del ejército, ambos sucesos que fueron ocultados a la opinión pública.
Cosas "simples"; al menos eso dicen los voceros oficiales, a las que deben sumarse las constantes violaciones a las "formas y los fondos" que demanda toda legalidad y justicia por parte de las clases gobernantes de este país, quienes aprueban leyes "al vapor", sin el más mínimo análisis para cumplir su descarado objetivo de proteger los negocios del dueño de Televisa, para más adelante proceder a la venta del patrimonio nacional poniéndolo al alcance de rapaces empresarios extranjeros en colusión con mexicanos apátridas.
Cosas y casos que nos permiten ser absolutamente escépticos acerca del futuro de nuestra nación.
Sin remedio; parecería ser la conclusión a la que podríamos llegar muchos mexicanos que no confiamos ya en partidos, gobiernos, políticos marrulleros, y sus programas contra el hambre, la pobreza, la promoción del empleo empobrecedor y sin justicia social, así como la pésima e injusta distribución de la riqueza.
Sin embargo, estamos seguros de que la historia nunca se equivoca, y que de algún lugar de esta nación habrá de emerger una generación que asuma los retos de proceder a un cambio radical que eche fuera a esta casta gobernante y a al podrido sistema neoliberal.