Logo e-consulta

Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Caudillismo y participación: 2018…

.

Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Lunes, Julio 14, 2014

Ha terminado el Mundial de Futbol en Brasil y es interesante observar algunos de los componentes del escenario final, porque me parece encierra una enseñanza que se puede aprovechar en otros ámbitos de la vida. De un lado, Argentina fue incapaz de aprender de la lección brasileña que, apostando todo a Neymar, terminó naufragando de manera penosa primero frente a Alemania y luego ante Holanda. En el juego del domingo, con Di María fuera de circulación y Leo Messi encerrado en sí mismo, Argentina sucumbió. No se trata de negar el valor del talento individual, pero por algo los seres humanos nos potenciamos en sociedad…

Los argentinos llegaron fracturados a la gran final, entre una parte del equipo que jugó en conjunto y su “líder”, Messi, en lo que más bien pareció una reedición del “Jinete sin cabeza”. Sin duda la cabeza se cercenó de su cuerpo por voluntad propia y Messi le quedó a deber a todos, especialmente a los de su Patria. Cuando sus prodigios actúan en unión con los demás, emerge lo que llaman “La grande Argentina”. Ahora no fue así…

Más artículos del autor

Alemania se convirtió en campeón mundial siguiendo un camino diferente. Fueron diez años de trabajo constante, acompañado de una planeación meticulosa. El entrenador sacrificó cualquier objetivo individual de sus jugadores a cambio del bien del equipo y ahí están los resultados: hicieron historia con sus metas individuales y se levantaron con el triunfo. Cada uno asumió su responsabilidad y cumplió con su parte. Fue todo un ejemplo de lo que puede lograrse con un sistema participativo y el entrenador se dio el lujo de darle espacio al equipo completo…

En lo esencial, los mexicanos nos estamos encaminando hacia la sucesión presidencial de 2018 teniendo como “telón de fondo” un forcejeo entre caudillismo y participación. Lo ocurrido en Brasil, aunque se trató de futbol, no está muy lejos de los derroteros que muchas veces toma la lucha por el poder en algunos países…

“Los tres caudillos…”

En 2012 asumió el poder Enrique Peña Nieto, que en ese momento era visto como el hombre fuerte (caudillo) que no sólo llevaba al PRI de regreso a Los Pinos, sino que les iba a enseñar a los demás cómo se debe gobernar a México. Hoy es evidente que los priístas cometieron el error de creer que sólo tenían que esperar a que el líder hiciese todo sin que ellos se molestasen por nada y ya. Los hechos están demostrando que hace falta algo más que la imagen de “galán de prepa” para dar resultados, y que todo gobierno emanado de un Partido o de una alianza necesita de la participación de sus integrantes. El liderazgo del Presidente se encuentra en proceso de transformación, cuyo resultado parece incierto…

También tenemos al que ya se ha convertido en “eterno candidato”, López Obrador, que trae la intención de competir, una vez más, por el poder. Sus posibilidades están en función de que pueda dividir a las izquierdas y, por ende, es el enemigo natural de don Máximo porque podría echarle a perder su proyecto de fincar una alianza partidista con dicho espectro ideológico. Asimismo, es uno de los aliados naturales del mexiquense, no porque tengan un acuerdo explícito, pero al menos sí tácito: ambos saben que no tienen opción. La permanencia del PRI en Los Pinos y la viabilidad de los sueños del tabasqueño coinciden en el mismo punto: destruir los planes del poblano…

Sin embargo, tarde o temprano van a llegar a una disyuntiva. Aunque lograsen hundir a don Máximo, tal cosa podría servir a los planes del PRI o a los de MORENA, pero no a ambos a la vez. Es uno de los problemas torales del maquiavelismo: el control del poder. Si lo primero los une, lo segundo los divide y los enfrenta entre sí…

Don Máximo, a su vez, fue el primero en derrotar al PRI en Puebla y se convirtió en gobernador generando muchas expectativas entre los ciudadanos, hartos de los excesos cometidos durante el sexenio de Mario Marín y en general de la manera en que el PRI había ejercido el poder. Sus operadores han demostrado amplia capacidad a la hora de imponerse en las elecciones, pero ha sido en medio de rupturas al interior del PAN y de cuestionamientos ciudadanos. 2015 será la primera prueba de fuego porque se van a medir con operadores dispuestos a jugarse el todo por el todo y que no se detienen ante nada cuando se trata del poder…

De los tres, don Máximo es el que posee las mejores condiciones, aunque habrá que ver hasta dónde será posible conservarlas. Los otros dos se han achicado. Peña Nieto no ha podido cubrir las expectativas y su imagen lo está resintiendo. Ahí están las encuestas. El liderazgo de López Obrador se erosionó al dividirse su base de apoyo y terminar en ruptura con el PRD, pero sobre todo por su deseo de convertirse en el “abuelito de las elecciones presidenciales”…

“La conectividad participativa…”

Peña Nieto parece estar convencido de que buena parte del electorado no va a jalar con el tabasqueño por las reservas que siempre ha provocado. La hoja de ruta de López Obrador se abocaría a desmantelar al PRD y a las izquierdas para reconfigurar su otrora poderosa red electoral. El conflicto no sólo será con “Los Chuchos”, Marcelo y Mancera, sino frontalmente con don Máximo. En mi opinión, aquí estriba la razón de que el Presidente ha estado evitando el choque directo con el de Puebla. ¿Para qué, si el de Tabasco le va a hacer el favor, lo quiera o no? Su esperanza consiste en que, en esa guerra que se avecina, ambos se destruyan y él pueda entronizar a su “delfín”…

Aunado a la estrategia de fomentar una confrontación en el ámbito de las izquierdas para menguar a don Máximo, está otra que apunta a la conectividad participativa en una doble vertiente. Con su registro ante el INE, MORENA, Partido Frente Humanista y  Partido Encuentro Social, serán clave en los planes del Presidente. Por la información que fluye del círculo presidencial, pareciera que está seguro de que don Máximo no abrirá espacios a sus adversarios dentro de los partidos que integrarían su alianza y eso ofrecerá una oportunidad única. Al ser grupos diferentes, debe contar con dos estrategias tácitamente vinculadas…

“La dictadura autoritaria…”

MORENA servirá para fracturar a las izquierdas y dar cauce a los que no obtengan candidaturas por parte de don Máximo. El Frente Humanista y Encuentro Social jugarán la misma posición dentro de los sectores tradicionales o tecnocráticos, sobre todo del PAN. De un lado, el de Puebla le arrebata estructuras al PRI y, del otro, el Presidente le hace lo mismo a él en dos vertientes. Si finalmente don Máximo cerrase espacios, podría generarse una avalancha de aspirantes y votos hacia dichos partidos…

Peña Nieto calcula que esos sectores no simpatizarían con el PRI ni con el PVEM. Por eso los nuevos partidos serán de mucha utilidad. Al quedar repartidos en distintas opciones, no se crearía un tercer polo que pudiese afectar los intereses del PRI. La apuesta final del Presidente es posicionar a don Máximo como autoritario, represor y riesgo de dictadura (vean el juego mediático en Puebla). De ser así, aunque no simpaticen con el PRI, podría sellar una alianza en 2018 con los dos últimos partidos para liquidar los planes del enemigo en común, quedando López Obrador y MORENA como instancia sin posibilidades, sólo para mantener dividida la fuerza del poblano. Vamos a ver si don Máximo decide abrazar la causa participativa porque eso no lo espera el Presidente…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

Vistas: 2080
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs