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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los derechos de los niños y adolescentes migrantes

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Jueves, Julio 10, 2014

La semana pasada se realizó un planteamiento sobre los niños y niñas migrantes. “Los niños y las niñas son, en primer lugar, sujetos de derechos y en segundo término migrantes." (Isabel Crowley, Representante de UNICEF en México).

Sin embargo en la realidad, sobre todo para esa población de alta vulnerabilidad, la ausencia de la aplicación de sus derechos es un problema persistente no solo en nuestro país.

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Se magnifica  cuando sabemos de las condiciones que viven  en su tránsito para llegar a la frontera de Estados Unidos. Además, ahora sabemos que hay grupos de estadounidenses que no quieren que su país los reciba y están deteniendo a los transportes que los llevan. Sus autoridades mencionan que ya no tienen lugares ni recursos para atenderlos y cada día deportan a más niños, adolescentes y familias enteras. El presidente Obama ha solicitado recursos para atender la oleada de niños y adolescentes  que están llegando a su país, pero en realidad, esta no es una situación que se pueda atender con más recursos solamente.

En el fondo del problema están las causas de que se estén  expulsando cada vez más niños y adolescentes de Centroamérica y México.

Sabemos que las causas ya no son solamente laborales y económicas. La inseguridad y la manera en que la violencia y el narcotráfico están impactando en las vidas de las personas son abrumadoras en varias poblaciones.

Acercarse a la vida cotidiana de muchas comunidades implica reconocer que grupos de delincuentes (sean narcotraficantes, caciques o hasta las mismas autoridades) mantienen en permanente zozobra, incertidumbre y hasta terror a los habitantes de esos lugares.

Las noticias recientes sobre el asunto de la no permanencia de las guardias comunitarias en el estado de Michoacán  y los relatos relacionados, llenan de inquietud y prenden las alertas sobre los derechos humanos  marcados en la Constitución Mexicana ( Capítulo 1, artículo 1 sobre las Garantías Individuales) que a la letra dice: “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece”. “Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia. Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.

El tema de los niños y adolescentes migrantes se ha visibilizado ahora por su tránsito y destino, pero  generalmente el fenómeno migratorio es invisible dentro de las políticas públicas del país.

Para quienes han sido migrantes, su familia o sus amigos, es frecuente que los planes de vida y de trabajo se desarrollen dentro de una alternancia entre retorno y permanencia en algún estado, ciudad o pueblo de Estados Unidos y su lugar de origen.

En el caso específico de la educación, sugiere la necesidad de la reflexión colectiva de  todos los actores educativos y su atención en las políticas públicas.

Aquí en Puebla, las observaciones y aproximaciones realizadas en la región Mixteca por el equipo de Contracorriente A.C muestran que es desde la secundaria cuando comienza a gestarse más vivamente el proyecto de emigrar a los Estados Unidos y es en las  escuelas  donde se puede observar y obtener información.

 El sentido que los niños y adolescentes poblanos le dan a la vida cotidiana de sus escuelas pasan por las relaciones interpersonales que existen con su maestros, sus compañeros y el director (a) de la escuela, la manera en las que se presenta la enseñanza y el aprendizaje, las estrategias de adecuación al contexto y al enfoque, las adecuaciones curriculares necesarias, la problemática del idioma, la adecuación a la infraestructura educativa, la carencia de estímulos educativos para continuar estudiando etc. Es decir, no hay una causa sino varias  que generan que muchas veces los alumnos sean  expulsados  no sólo de nuestro  sistema educativo, sino de su propio país.

Los alumnos migrantes son “invisibles”, ya que poco se sabe de su procedencia y de su movilidad en las escuelas en los dos países en que transitan, las trayectorias escolares de esos alumnos son heterogéneas y complejas.

Según Zúñiga y colaboradores (2010) cada año escolar, un número creciente de alumnos desaparecen después de las vacaciones en Estados Unidos, mientras que en las escuelas mexicanas, la mayoría de los  maestros y directores nunca se percatan de que estudiaron en Estados Unidos.

El fenómeno de la migración conforma identidades transnacionales complejas y en el diseño de atención se deben de considerar aspectos sociales, culturales, pedagógicos, económicos, legales, sentimientos, emociones, preferencias personales y de contexto entre las principales.  

Cierto, nada fácil pero necesario cuando se afectan sus derechos. En conclusión, el problema va y viene aquí y allá, sin que se atienda de manera específica.

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