Los acontecimientos que viven los poblanos respecto de su gobierno estatal, deben desde ya en mi opinión, ser cuidadosamente documentados y que de esta experiencia, resulte un ejercicio historiográfico de alto valor para las generaciones de jóvenes, a las que tocará recoger las varas de los cuetes que hoy hace tronar tan inesperado estilo de gobierno.
Supongo así, que llegado el momento de redactar el capítulo correspondiente al periodo 2011-2017 de la historia de Puebla, se contará con la riqueza documentada de todos los componentes que fueron más o menos significativos, en la conformación de este recorte temporal de la vida política y social del estado.
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Dada la riqueza de información fidedigna disponible y la diversidad de plataformas desde las cuales podrá analizarse el periodo señalado, creo que no será suficiente un capítulo; los alcances directos e indirectos de las decisiones de gobierno durante seis largos años, dan para varios capítulos de varios libros en varias especialidades.
Imagine usted, respetable lector, desde cuántas plataformas puede analizarse a esta administración estatal. Están ahí por ejemplo, las estructuras del modelo democrático, como son la político-electoral; la de las relaciones entre los poderes políticos y el gobierno; la de los límites inexistentes a los excesos del poder ejecutivo; la de inexistencia de responsabilidades por ineficiencia en el ejercicio del presupuesto público; la del acceso inmediato y veraz a la información pública.
Otros enfoques podrían analizar y describir el rol que jugaron ciertos actores en cada una y entre cada una de tales estructuras. Ahí estarían por ejemplo, el gobernador demócrata, los representantes de los ortodoxos partidos políticos, los apenas ponderados diputados locales, los batalladores funcionarios públicos estatales, los medios locales de difusión, los críticos sociales, los rectores de las universidades, los millones de poblanos pobres, los fantasmales órganos del empresariado poblano. Toda una trama de vínculos.
Sin duda que las ciencias sociales prácticamente en todas sus expresiones, tendrán materia suficiente para identificar, analizar y en su caso medir, los orígenes y efectos de los males causados a la mayoría de los poblanos por actitudes, omisiones, y desviaciones de los funcionarios públicos locales.
Ya el nivel de aceptación del gobierno estatal va sensiblemente a la baja, según los resultados de una medición reciente de la percepción social, dada a conocer la semana pasada por el diario poblano Cambio. Este dato debería merecer una preocupación al interior de los órganos públicos de gobierno; bueno, al menos por simulado pudor.
Cuánta distancia entre el discurso público de engaños y la realidad de los poblanos pobres. Cuánta necesidad para todos, de conocer el último discurso del Sub-comandante Marcos: Entre la luz y la sombra.
Leyendo a Nietzsche[1], encontré dos reflexiones y no sé por qué las asocié mentalmente a actores de la política local:
Una vez tomada una decisión, hay que cerrar los oídos a los mejores argumentos en contrario. Este es el indicio de un carácter fuerte. En ocasiones, hay que hacer triunfar la propia voluntad hasta la estupidez.
¿Qué? ¿Un grande hombre? No veo en él más que el comediante de su propio ideal.
[1] Nietzsche, F. W. Más allá del bien y el mal. 2009. Editorial Época. Págs. 70, 71.