Cuenta la leyenda que había un ser único que por alguna circunstancia se dividió y se convirtió en dos. Esos dos andan --internamente-- solos por el mundo para algún día encontrarse y, advierte la leyenda, puede ser en ésta, en otra, o aún otra o muchas vidas más que podrían hallarse. Ese sería el sentido de la existencia: "coincidir" con el otro que es el "alma gemela". Y dicen los que saben que sería lo mejor que podríamos esperar ya que cuando sucede, volvemos a ser uno. Éso, valdría la alegría.
Sentada frente a una pareja, ambos amigos míos, los observaba mientras discurrían y actuaban: son iguales, pensé: ¿qué los une? Intereses. El uno tiene dinero, la otra, lo tiene también y quieren una buena vida; el uno quiere compañía, la otra se la ofrece; el uno pone condiciones, la otra las acepta y pone otras que él a su vez acepta; y otra: discuten y pelean todo el tiempo por nimiedades de la vida, pero es más fuerte el poder que tiene que cada uno saque su parte en los intereses de la relación. Son iguales. Les gusta y se ve que disfrutan porque el sufrimiento no lo sienten, su prioridad es otra. Es decir, "coinciden..." Y dicen que vale la pena.
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Entonces recordé la teoría antes mencionada de "coincidir". Y me saltó la discrepancia. A ver, me dije: En un aspecto de la vida que no hay que menospreciar, --cobertura de necesidades básicas y bienestar material-- coinciden al compartir lo que mutuamente se ofrecen. Sus discusiones y pleitos los tienen "bien", les acomodan, un estilo de vida que los une, lo comparten y se complementan mutuamente. Es su zona de confort. Pero se ven tan infelices y vacíos... Al menguar sus pleitos el silencio se siente hondo. No hay ya de qué hablar y el hueco cala insondable y hay que comentar cualquier insignificancia para salvar el momento.
Alguien que presenció su relación, me aseguró: "Yo soy más feliz que ellos". Pregunté que cómo sabe. Ellos creen que disfrutan de la vida porque pueden tener, y tienen, todo lo que el dinero puede comprar. Creen que el sentimiento que produce "adquirir" le da calidad a su vida. ¿Cómo descubrirles otro paradigma para ofrecerles lo que no se puede ver ni tocar y mucho menos, comprar? ¿Cómo hablar de los vacíos que un@ lleva dentro, si ni los sienten? ¿Cómo explicar que hay compañías que potencializan el gozo y alegría de vivir, cuando ellos lo único que saben es contar y por contar, pleitean? ¿Cómo hablarles de cosas esenciales de la vida, si su esencia es comerciar? ¿Y cómo explicarles que hay otro "coincidir" que no hace que la pena valga, sino que valga la alegría? Además, ¿me creerían?...
Los miro y no me atrevo. ¿Quién soy yo para decir que lo mío es mejor que lo suyo? Ellos saben que lo que tienen, --dinero y libertad financiera-- es deseable... como complemento. Ellos coinciden en sus intereses... pero esa coincidencia como esencia, no me acomoda.
Bien dicen los que saben: "El mayor tesoro del ser humano está dentro de sí mismo... pocos lo encuentran... y quienes lo encuentran, si lo dicen... nadie les cree..."
Pa' qué hablo...
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