Pues resulta que al gobierno estatal poblano ha decidido que el asunto ése de reducir la pobreza de las decenas de cientos de miles de poblanos que la padecen, es demasiado complicado como para andar presumiendo resultados positivos con la urgencia que demanda el reclamo social.
La semana pasada en ocasión de la visita de la titular de la secretaría federal de desarrollo social, se anunció que viéndolo bien, es mejor preocuparse por atender el comportamiento de los indicadores tras la correcta aplicación del multimillonario programa de atención al desarrollo social.
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Por ahora y sin duda es más fácil demostrar por ahora que las cuentas del gasto social cuadran, dejando para otros momentos de mayor trivialidad, la ociosa medición del bienestar de los pobres, que automáticamente debe ser superada. Verá usted, respetable lector, por qué lo entiendo así:
En Zacatlán, el secretario estatal de desarrollo social, informó que para disminuir los índices de pobreza en 64 municipios poblanos considerados en la Cruzada contra el Hambre, se construyen techos y cuartos adicionales; comedores comunitarios; se realizan obras de agua potable y se entregan estufas ahorradoras. De aquí uno puede malamente deducir entonces que la solución contra el hambre entre los pobres en Puebla de hoy y el futuro, es construirles comedores comunitarios, y entregarles una estufa ahorradora en casa aunque no haya nada qué cocinar, pues para eso están los comedores comunitarios.
Lo que está fuera del terreno del sarcasmo, es la real urgencia con que el gobierno del estado viene presionando a los presidentes de municipios poblanos en pobreza, para destinar sus participaciones presupuestales en tales objetivos. El gobernador del estado lo declaró en esa misma fecha y lugar, cuando volvió a exhortar a las autoridades a redoblar esfuerzos para concluir obras en beneficio de la sociedad antes del mes de agosto, fecha en que el INEGI comenzará a levantar la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto para medir los indicadores de pobreza. Ya en la segunda semana de marzo del presente año había convocado a los presidentes municipales, urgiéndolos a comprometer sus presupuestos en la ejecución obras con el objetivo de reducir los índices de pobreza en los registros del CONEVAL para 2015.
El objeto de interés estatal en materia de desarrollo social, evidentemente está puesto en lograr cambios sustantivos en algunos indicadores del rezago social, pero no en aquellos que tienen mayor peso a la hora de medir las condiciones de vida de los poblanos pobres.
Con la construcción de comedores comunitarios, techos y la entrega de estufas se justificará la aplicación total del presupuesto destinado a la reducción de la marginación y acaso se mejoren los indicadores en materia de techo digno y servicio de agua entubada; pero con esta estrategia no habrán de cambiar los indicadores de ingreso, porque nada hay en esta maniobra de política pública, que incentive la productividad y mejora de ingreso en las comunidades. La política federal destinada a reducir los índices de pobreza en el país, requiere el concurso de políticas públicas estatales para complementar su eficiencia, pero el gobierno del estado de Puebla no tiene ninguna estrategia comprometida, para mejorar la economía de la mayor parte de los poblanos en todo el territorio estatal.
Sigo convencido que la situación de pobreza de los cientos de miles de poblanos en el territorio estatal no va a mejorar, con todo y que cada localidad construya un comedor comunitario y le ponga techo a sus viviendas; ni con altísimas inversiones públicas a fondo perdido en favor de plantas automotrices privadas; o con más puentes improvisados de concreto en la capital del estado.
Si el nuevo objeto de interés social en Puebla es la mejora de los indicadores después de la próxima medición del ingreso y el gasto de la población, habrá que tenerse claro que la mejora integral de las condiciones de vida de los millones de pobres en Puebla, tendrá que esperar cuando menos otros tres años para ser pensada.