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Martes, 12 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Y las cosas cambiaron…

Para que siguieran igual

David Méndez Márquez

Ingeniero civil egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con estudios de Maestría en Estructuras en la Universidad Nacional Autónoma de México, promotor de las Redes Ciudadanas de apoyo a Andrés Manuel López Obrador en Puebla en el 2005, integrante de la Coordinación estatal de la Convención Nacional Democrática 2006-2008, coordinador en Puebla de las Brigadas en Defensa del Petróleo en el 2008, militante  del Partido de la Revolución Democrática y regidor en el Ayuntamiento de Puebla 2011-2014.

Miércoles, Abril 30, 2014

En el 2010 una amplia suma de factores hizo posible terminar con 82 años de régimen priista al frente de la entidad. El repudio social a Mario Marín ya entonces conocido como el “Gober Precioso”, la inmensa corrupción imperante en su equipo de gobierno, la terrible pobreza de gran parte de la población en el estado, la designación de un pésimo candidato y la conformación de una amplia alianza opositora fueron sólo algunos de los factores que contribuyeron a la derrota del PRI.

En aquel entonces la propuesta ganadora tuvo como eje principal para capitalizar el descontento de la mayoría de la población ofertar la inauguración de un nuevo régimen político en Puebla, honesto, trasparente, libre de corrupción, sensible a las demandas ciudadanas, con una autentica separación de poderes, el desarrollo de una amplia política social enfocada principalmente a las mujeres, jóvenes y adultos mayores; el mejoramiento puntual (firmado ante notario) de los principales indicadores que transformarían la penosa realidad y convertirían a Puebla en un estado moderno, lleno de oportunidades, con igualdad y justicia, con ciudadanos empoderados ejerciendo a plenitud todos sus derechos y libertades, etc, etc, etc.

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El hecho es que ya ha pasado más de la mitad del sexenio y el paraíso prometido aún no se ve por ningún lado; por el contrario, existe una percepción creciente en distintos sectores de la sociedad,  inclusive en los mejor acomodados  de que las cosas “cambiaron”, para que en esencia siguieran igual. Se ha vuelto a conformar una “burbuja” ahora “VIP” de funcionarios y empresarios consentidos, que al igual que los anteriores, que siguen disfrutando de total impunidad, gozan de toda clase de canonjías y privilegios a costa del erario; baste mencionar la remodelación de “Casa Puebla” por más de 66 millones de pesos o la adquisición de dos helicópteros “Augusta” (el Ferrari de los helicópteros) con un costo superior a los 80 millones cada uno, por poner solo dos ejemplos.

A tres años de distancia, en lugar de libertades democráticas y ejercicio pleno de derechos,  en Puebla se respira un clima de temor generalizado de una sociedad que se siente atropellada por el gobierno, pero que en muchos de sus sectores, salvo en pláticas familiares o de café, aún no se atreve a expresar abiertamente su inconformidad por temor a represalias. Existe un ejercicio vertical, antipopular y autoritario de gobierno que ha convertido bienes y servicios públicos en negocio de unos cuantos, sepultando totalmente la separación de poderes en la entidad y acaparando prácticamente a todos los entes “autónomos” para que de manera abyecta materialicen la voluntad del ejecutivo, baste como botón de muestra el triste papel del Congreso del Estado que en sus dos últimas Legislaturas se ha convertido en una mera oficina de trámites del ejecutivo estatal y la mayoría de sus integrantes han pasado de ser representantes populares a simples marionetas dispuestas a aprobar en todo momento cuanta iniciativa les ordenen en el tiempo que se los requieran.

La obtención de la candidatura presidencial desde el primer día se convirtió en el principio y fin de todo el ejercicio de gobierno, teniendo a la obra pública y al control político absoluto como principales apuestas para poderla alcanzar. Con la obra pública a pesar de que gran parte es superflua y faraónica, se pretende generar una imagen de progreso y modernidad “primermundista” que impacte a los demás habitantes del país, aunque ésta solo se concentre en la zona conurbada de la capital y contraste radicalmente con la creciente pobreza y falta de servicios públicos indispensables que padecen la mayoría de los habitantes del estado, incluidos los de la misma capital.

La búsqueda por lograr el control político absoluto en la entidad, ha llevado al gobierno del estado a cooptar a un gran número de líderes sociales, empresariales y políticos que por distintas tarifas acceden a ser dóciles, complacientes y hasta cooperadores con los intereses del proyecto estatal; mientras que aquellos que persisten en defender sus derechos, territorios, recursos naturales, comunidades, centros de trabajo, etc. se les busca doblegar mediante la intimidación, represión y hasta encarcelamiento, como recientemente ha sucedido con el investigador universitario Ricardo Pérez Avilés y los líderes sociales: Enedina Rosas, Juan Carlos Flores y Abraham Cordero.

Así son los tiempos que se viven en Puebla, pero lo que más preocupa es que sigan insistiendo que lo mejor aún está por venir…

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