“No cabe duda que es verdad que la costumbre, es más fuerte que el amor”
Costumbres
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Hay una canción que en lo personal me agrada mucho pues toca un tema muy delicado de las relaciones… ¿Cuándo nuestra relación es por amor y cuándo simplemente se ha convertido en una costumbre?
Conozco muchas parejas que parecen haber olvidado el sentido de estar juntos. Han caminado tanto tiempo uno al lado del otro, que se han olvidado de voltear de vez en cuando a ver a la persona que los acompaña. Se han dedicado tanto a otros (principalmente los hijos), que no recuerdan como relacionarse con aquel novio o esposo que existía antes de ser padre. De tal manera, cuando los hijos se van o el trabajo termina, se encuentran pasando los días y las noches al lado de una persona desconocida, quien durante los últimos años cambió sin darse cuenta.
Sin embargo, esto no solamente se ve en parejas de muchos años, en la actualidad cada vez es más común que existan relaciones jóvenes que lamentablemente olvidan la importancia del enamorarse día con día, cayendo en una monotonía, una relación vacía y aburrida, que poco a poco pierde el sentido. Esto termina ocasionando que las partes busquen en otro lado la satisfacción que no encuentran con su pareja, desbordándose en el trabajo, el estudio o cualquier actividad que les dé ese placer que ya no reciben de la relación, terminando incluso siendo infelices e infieles.
Aunque podríamos pensar que terminar una relación que se encuentra en la precariedad de la monotonía podría resultar sencillo, nos hallamos frente a una situación nueva que no contemplábamos, la costumbre.
Los seres humanos somos entes repetitivos y que comúnmente generamos hábitos sobre aquellos comportamientos y situaciones ante los que sentimos cierto aprecio o placer. Así que no nos debe resultar raro que el convivir con una persona durante cierto tiempo termine de igual manera dando pauta a una costumbre, desencadenando una relación que termine basándose en la comodidad, la pasividad y el miedo al cambio, y no tanto en el cariño, la confianza o el amor.
Ante esta triste situación solo nos quedan dos caminos; luchar por recuperar la ilusión y la magia perdida o bien, la dura realidad de aceptar que la relación se ha difuminado y que es momento de darle fin. Debemos tener la madurez de aceptar que cualquier de los dos caminos tiene sus propias implicaciones y que aún el terminar, no significa bajar los brazos ante el sendero más sencillo.
Bien dicen que todas las relaciones tienen su final, ya sea por un rompimiento amoroso o simplemente por la llegada de la muerte; sea como sea es inevitable la separación al final de cuentas. Por ello, así como es necesario un proceso para iniciar una relación y el mantenerla viva por mucho tiempo, tenemos que estar preparados para el momento en que el único camino sea decir adiós.
La costumbre puede ser el veneno más intenso de una relación, porque es tan peligroso un mal momentáneo y agudo, que uno crónico continuado. Es la monotonía amorosa como una planta que simplemente se ha dejado de regar, que si atendemos a tiempo podemos conseguir recuperar, pero que si llegamos demasiado tarde, simplemente tendremos tierra seca, infértil y vacía donde el amor no podrá volver a florecer.