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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El arte de simular

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Raymundo Alfaro Pérez

Originario de Puebla. Casado y padre de cuatro varones. Abogado, Notario y Actuario. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Maestría en Ciencias Políticas BUAP. Doctorado en Derecho BUAP 
 

Lunes, Marzo 17, 2014

México lindo y querido, cuánto daño te han causado tus gobernantes que poco a poco se fueron alejando de los postulados históricos que sirvieron de base para darnos el carácter de Republica Federal y Democrática, es como si la maldición de malinche se extendiera hasta nuestros días, donde los políticos, partidos y oligarquías se acoplasen en un cinismo en demasía para sentirse orgullosos de graduarse como excelentes simuladores. Y es que la simulación política ha sido una costumbre que se fue implementando como parte del pragmatismo del sistema político mexicano, esto con el fin de valerse de alguien, usarlo y después tirarlo para conseguir un fin. Sin embargo en esa relación binaria entre el simulador y el que se deja simular siempre se llega a un límite, y de esa manera se han producido el despertar de los engañados, de los sin voz, de las masas  silenciosas que se cree que nunca se despabilaran de ese gran fraude que se funde en el discurso de quienes detentan el poder aludiendo “estamos trabajando por ti”, y lo que resulta después de años de vivir del erario público, es que su sacrificio les ha dejado para asegurar su futuro y el de varias de sus generaciones familiares, así que la devoción a la frase, “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” ha sido una constante de las elites políticas de todos los partidos que en México existen, sean de derecha, centro o izquierda, en el arte de simular caben todos.

De ahí que haya quienes han vivido y viven de la política buena parte de su vida, heredando como en el pasado los títulos nobiliarios,  y por esta razón esta práctica se ha convertido en un jugoso negocio en la actualidad, donde se combina el oficio de calcular y mentir con aparente naturalidad e ingenuidad y con seductora excitación a otros, y así irse puliendo en el arte de callar y mentir en partida doble. El centro de estudios para los aspirantes a simuladores han sido por excelencia los Partidos Políticos, de ahí es que han brotado los hombres y mujeres expertos en el arte de la simulación, siendo la otra área de practica social las dependencias gubernamentales en sus diferentes niveles, espacios propicios para irrumpir en la ingeniería que los formara como “operadores perversos y parsimoniosos”, destacando que esto los llevara a que se les reconozca como “emprendedores de grandes proyectos”, y no importa si esto se ha de lograr incorporando los ingredientes de la indiferencia, la inflexibilidad y lo perjudicial, lo que importa es avanzar y hacer carrera política, aunque no se efectúe lo que prometimos, al fin al cabo vendrán otros que lo harán mejor y esos tal vez cumplan.   

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La supuesta discreción es otro de los atributos del simulador, cualidad que debe manejar armónicamente a la perfección, y así controlar la maldad que anida en su interior, y saber guardar las cosas que no han de expresarse en determinadas situaciones de cabildeo. La forma lo ayudara a creerse incólume de asumir cualquier responsabilidad y de que otros adviertan su  excesivo melodrama. Sin embargo, aún algunos reconociendo esa actitud dañina y su falaz encubierta le celebran sus iniciativas colmadas de malignidad. Por esta razón el simulador ha de justificar su estado de vida diciendo “que el que no sabe simular no sabe vivir”, como podrán ya imaginarse parte de las desgracias que hemos padecido los mexicanos es la existencia de esta casta de simuladores que se han apropiado de nuestros país y de nuestro futuro.

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