En la historia existen seres y lugares icónicos que representan por sí mismos, desde ideologías hasta estados de ánimo. Sin duda la isla caribeña tendrá siempre esa connotación para México y para el Mundo. Cuba significa un ayer que se ha ido, lo que fue un planeta caracterizado por una feroz confrontación ideológica que llevó a nuestra especie al borde de la extinción, en la famosa crisis de los misiles de los sesentas. De igual forma, el vetusto régimen castrista no ha dejado de ser el modelo a seguir por algunas naciones latinoamericanas. Por lo menos de incongruente jamás podrá ser calificado este Gobierno.
La relación México y Cuba siempre ha sido uno de los contrapesos de nuestra política exterior. Y hemos transitado de la luna de miel hasta el más cruel divorcio. La amistad entre nuestras naciones fue emblemática y era el orgullo de la política de libre auto determinación que siempre condujo a nuestros gobiernos, desde los sesentas hasta la llamada transición panista, en donde el famoso “comes y te vas” tiró a la borda un trabajo de gran calado diplomático pero a la vez de dignidad nacional. Volver a reconstruir esta relación no fue fácil, sobre todo por tratarse de un régimen experto-los cubanos- en el manejo de crisis como el que más.
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Hoy Cuba representa un gran acertijo. El tratar de buscar una salida para una economía que languidece desde el fin de la URSS y que no logra sortear el terrible drama del bloqueo económico, le impide acelerar el proceso de reformas necesarias para adaptarse a este mundo tan globalizado y en donde el predominio de los esquemas de mercado, dejan poco margen de maniobra. A la par, la obstinación de mantener un régimen político-familiar durante tanto tiempo, hace más complejo el proceso incluyente de la isla en la dinámica moderna.
Por lo tanto, resultó muy significativo que Cuba fuera sede de la CELAC, en la cual se reunieron los líderes y Jefes de Estado del Continente Latinoamericano y el Caribe, porque, en estos momentos de coyuntura, representa unir voces en un ánimo de lograr avanzar en el desarrollo social y económico de los pueblos de este hemisferio. Si bien es cierto que el reto es mayúsculo, debido a que las mismas circunstancias nos hacen ser, a veces, más competidores que aliados, y la experiencia viva más reciente, fueron las medidas que tomó Brasil para cerrar su mercado a la importación de los vehículos hechos en México. Y la posición de nuestro país a veces complica también el interrelacionarse al estar en ocasiones tan lejos del sur y demasiado cerca del norte –como decía Don Porfirio- exigiendo buen trato a nuestros connacionales que emigran y siendo objeto de críticas por los vecinos centroamericanos por el mismo tema.
Pero sin duda que la meta de hacer de nuestro país un actor con posicionamiento e influencia global, debe comenzar por recuperar espacios de acercamiento con el Caribe y Centroamérica, y volver a ser el vecino considerado y de confianza para todos y no el elitista que se siente parte del club de los ricos y trata con menosprecio a los países pobres cercanos, que en los año pasados, fue la imagen que transmitió nuestro país. Los yerros cometidos por la diplomacia panista o más bien por los tomadores de decisiones de esos tiempo, buscan hoy ser reivindicados por una estrategia agresiva de difundir un nuevo mensaje que informe al mundo de lo que está pasando en nuestro país y que los cambios que hemos logrado, deben transformarse en oportunidades para los mexicanos y, paralelamente, consolidar el liderazgo perdido. El llamado del Presidente Enrique Peña Nieto, pronunciado en la inauguración de la CELAC, a ver con optimismo el futuro para nuestros países, va en ese sentido, mandar el mensaje claro de que México tiende la mano amiga a todos, y que no hay mayor diferencia cuando hay la voluntad de trabajar conjuntamente. Resulta tentador el sueño que pide visualizar EPN de un mercado global formado por los países de la CELAC, que sería el tercero mundial. Pero efectivamente, ese es un sueño todavía.
Por lo pronto, Cuba, siempre Cuba, nos da tantos mensajes, como desde hace décadas.